Publicado: julio 28, 2026, 8:30 am
La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) está en conversaciones con Roberto Mancini para que sea su próximo seleccionador nacional, aunque aún es sólo una propuesta del presidente y no se ha pronunciado el resto del consejo federal. Aunque el entrenador no goza del cariño del país, y muchos le reprochan que abandonara la selección en 2023 por motivos económicos, la federación lo considera un caballo ganador y garantía de un proyecto de futuro. Mancini fue seleccionador entre 2018 y 2023 y perdió la clasificación para un Mundial. También llevó a Italia a la victoria en el Europeo 2020 jugado en 2021 a causa del covid-19. Pero el país considera que Mancini cometió un pecado mortal pues abandonó de un día para otro la selección nacional italiana en 2023 para convertirse en el entrenador de la selección nacional de Arabia Saudí, y la dejó en una situación de dificultad. Paradójicamente, quedará en sus manos el futuro del fútbol italiano. La reforma de la selección italiana de fútbol se está transformando en un culebrón cada vez más difícil de resolver en el que siguen saltando cabezas. Después de que Andrea Pirlo fuera descartado este lunes como seleccionador nacional, ha dimitido el exdefensa Paolo Maldini, nombrado hace solo dos semanas director técnico de la FIGC con la idea de poner las bases del nuevo proyecto de los ‘Azzurri’. Esta tragicomedia comenzó el 31 de marzo cuando Italia perdió un partido contra Bosnia Herzegovina y no se clasificó al Mundial de EE.UU., México y Canadá. Era el tercer Mundial en el que Italia quedaba descartada. Entonces decidieron dimitir tanto el seleccionador nacional Gennaro Gattuso como el presidente de la Federación, Gabriele Gravina. Tras unas elecciones, el 22 de junio quedó al frente del fútbol italiano Giovanni Malagò , quien durante años ha presidido el Comité Olímpico Italiano y que este año había coronado su carrera deportiva con los impecables Juegos Olímpicos de invierno de Milán Cortina. Malagò llegó prometiendo «grandes sorpresas», y está cumpliendo, aunque quizá no como él esperaba. En primer lugar, el 11 de julio fichó como «director deportivo» a uno de los jugadores más admirados del calcio italiano, Paolo Maldini, quien también tenía experiencia en dirección de equipos en el AC Milán. Le prometió que decidiría con autonomía, imprescindible ya que su tarea consistía en innovar para volver a llevar a la selección italiana al lugar que le corresponde. Maldini fichó entonces al ex jugador brasileño Leonardo para que le ayudara a reconstruir la selección italiana y rápidamente ambos se pusieron manos a la obra. Técnicamente, su misión era hacer de enlace entre el presidente, las federaciones regionales y el entrenador de la selección, a quien él mismo podría elegir de común acuerdo con Malagò. Esta era su prioridad. Primero intentaron fichar a Pep Guardiola , que no aceptó pues prefiere tomarse un respiro tras diez años en el banquillo del Manchester City. El Plan B fue Andrea Pirlo, una apuesta arriesgada pues, aunque como jugador fue uno de los centrocampistas más valiosos de la selección italiana, no ha deslumbrado en su reciente trayectoria como entrenador. Pirlo estuvo ocho años con Maldini en el AC Milán, lo conoce bien, y era su gran valedor. Pero Malagò no estaba convencido del todo. En cualquier caso, el nombre fue difundido el viernes y, mientras los abogados preparaban el contrato, se filtró que Pirlo tenía un acuerdo con una sociedad de apuestas deportivas ligada al gobierno ruso, a pesar del embargo vigente contra este país. Así, su candidatura saltó por los aires . Malagò argumentó a Maldini y Leonardo que valía la pena evitar «apuestas» y que era mejor jugar con cartas seguras, y ellos lo interpretaron como falta de confianza y consideraron que les estaba volviendo la espalda. La gota que colmó el vaso fue la propuesta de fichar como entrenador a alguno de los veteranos Antonio Conte y Roberto Mancini, candidatos que no cuadran con la idea de innovar en el fútbol italiano. Por eso, presentaron su dimisión, 16 días después de haber asumido el cargo. No explican los motivos en ningún comunicado, pero han dado a entender que no tenían autonomía de decisión y que no están de acuerdo con intentar resolver los problemas del fútbol italiano con soluciones que fallaron en el pasado. Ahora el presidente se plantea nombrar director deportivo a Claudio Ranieri, exentrenador de la Roma y del Leicester, que ocupe el lugar que ha abandonado Paolo Maldini. Hace dos años había anunciado que se retiraba del fútbol. Para el futuro seleccionador apuesta sin duda también por la restauración, pero tiene por delante una disyuntiva envenenada, la elección entre el juventino Antonio Conte y el «traidor» Roberto Mancini . Este martes ha anunciado que por ahora se decanta por Mancini y ha propuesto su candidatura al consejo federal de la Federación Italiana de Fútbol. También Conte fue en el pasado seleccionador italiano, entre 2014 y 2016. Su principal éxito fue llegar a cuartos de final en el Europeo 2016, partido que la selección Azzurra perdió en la tanda de penaltis con Alemania. Ya antes de ese torneo anunció que se marchaba a la Premier League para entrenar al Chelsea. En su currículum, nunca ha pasado más de tres años en el mismo banquillo, un historial de brevedad que choca con la paciencia que el proyecto italiano necesita tras tres Mundiales seguidos sin jugar.
