Publicado: octubre 5, 2026, 12:30 pm
Steve Jobs murió el 5 de octubre de 2011. Quince años después, el iPhone sigue en el centro de Apple, pero la compañía que ayudó a construir ya ha tenido tiempo de cambiar de tamaño, de jefe y hasta de idea sobre lo que cabe dentro de un teléfono.
Es tentador imaginar qué diría Jobs si pudiera entrar hoy en una Apple Store. Seguramente se fijaría antes que nadie en algún detalle que al resto se nos ha escapado. Pero hay una forma de mirar a la compañía a través de sus ojos: seguir el rastro de las decisiones que tomó y ver cuáles han sobrevivido.
Su historia empieza mucho antes del iPhone. En 1976, Jobs fundó Apple con Steve Wozniak y Ronald Wayne para vender ordenadores. Fueron los primeros pasos de la empresa, aunque su biografía se vuelve bastante menos previsible en cuanto uno pasa de la foto de los fundadores. Jobs salió de la compañía que había creado en 1985, levantó NeXT, se implicó en Pixar y regresó años después cual hijo pródigo. Entre medias hubo ordenadores que funcionaron, otros que no y una Apple que estuvo lejos de parecerse a la empresa casi inevitable que conocemos hoy.
La vida del llamado ‘genio de la manzana’, con sus tropiezos y sus logros tecnológicos, tiene material para muchas películas. Pero si nos quedamos con una idea para entender la Apple actual, quizá sea esta: a Jobs le interesaba lo que ocurría cuando alguien sacaba un aparato de la caja y empezaba a usarlo. Esa ha sido la clave del iPhone durante todos estos años: fue capaz de reunir cosas que ya existían y permitir usarlas juntas en un dispositivo que parecía entender lo que querías hacer antes de obligarte a pensar en cómo hacerlo.
En pocas palabras: un invento previo de la era de Jobs, el iPod, puso música en millones de bolsillos; el iPhone se quedó con el bolsillo entero. Sosteniéndolo en la mano en su presentación de 2007, el entonces CEO de Apple habló de «reinventar» el móvil y, con el tiempo, aquel dispositivo efectivamente pasó a ser cámara, reproductor musical y el hub de prácticamente toda nuestra vida digital. Un teléfono con el que hacer casi cualquier cosa menos llamar.
La Apple que siguió sin él
Cuando Jobs murió, Tim Cook llevaba unas semanas al frente de la compañía. Había heredado algo muy valioso y una pregunta bastante ingrata: cómo continuar sin quedarse repitiendo lo que había funcionado.
Cook no se pareció a Jobs y Apple tampoco se quedó congelada en 2011. El nuevo CEO hizo crecer la empresa durante quince años, añadió productos y amplió el peso de los servicios. Y así es como la Apple del garaje acabó formando parte de gestos tan corrientes como hacer una foto, pagar o mandar un mensaje.
En septiembre de este año, John Ternus tomó el relevo de Cook, que continúa como presidente ejecutivo. Ternus lleva en Apple desde 2001 y viene de dirigir su ingeniería de hardware. Su primera gran presentación como consejero delegado llegó con el iPhone Duo, el primer plegable de la marca. Es un estreno llamativo y, a la vez, una buena prueba de cómo trabaja esta Apple: entra en una nueva categoría cuando cree tener un producto listo para vender a su manera.
Su llegada coincide también con un momento incómodo para Apple: qué puede aportar la compañía a una inteligencia artificial que sus competidores ya han puesto en manos de millones de personas. La nueva Siri es una parte de la respuesta, pero todavía tendrá que demostrarlo en el uso diario y, además, de momento, en España seguimos esperando: no está disponible en los iPhone de la Unión Europea y no hay fecha para que llegue.
Y quizá sea ahí donde mejor se mida el legado de Jobs. No en preguntarse si le habría gustado el iPhone de 2026 o qué habría pensado de unos AirPods o de un Apple Watch, sino en comprobar si los de Cupertino aún son capaces de coger algo complicado y hacer que, al usarlo, deje de parecerlo.
