Publicado: mayo 10, 2026, 1:30 pm
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, empieza a dar sÃntomas de debilidad. Este sábado, tras el desfile militar del DÃa de la Victoria celebrado el sábado en Moscú, declaró: «Creo que el asunto está llegando a su fin», en referencia a la guerra en Ucrania.
Putin hizo estas declaraciones después de su discurso en el desfile. preguntado en una rueda de prensa sobre la ayuda occidental a Ucrania, Putin declaró: «Prometieron ayuda y luego empezaron a avivar una confrontación con Rusia que continúa hasta el dÃa de hoy. Creo que el asunto está llegando a su fin, pero es un asunto serio».
Putin afirmó también que solo se reunirÃa con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, una vez que se alcanzara un acuerdo de paz duradero.
«También es posible una reunión en un tercer paÃs, pero solo una vez que se hayan alcanzado acuerdos definitivos sobre un tratado de paz con una perspectiva histórica a largo plazo, para participar en este evento y firmar (el tratado), pero debe ser un paso final», agregó Putin.
El presidente ruso admitió que habÃa oÃdo que Zelenski estaba dispuesto a celebrar una reunión personal, pero añadió: «No es la primera vez que oÃmos declaraciones de este tipo».
Cada vez más débil
Putin muestra unos signos de debilidad que no se habÃan visto desde que comenzó la guerra en Ucrania en febrero de 2022. La campaña militar se ha estancado, sus Ãndices de popularidad no dejan de caer y su entorno empieza a pensar en su propio destino más que en el futuro del paÃs.
Y lo que es peor para el Kremlin, los rusos se han dado cuenta después de muchos años que «el rey está desnudo», es decir, que la propaganda ya no es capaz de ocultar las miserias de un sistema creado hace más de un cuarto de siglo.
Los analistas destacan que el punto álgido de la debilidad de Putin quedó de manifiesto este sábado en el que debÃa ser el dÃa más grande del Kremlin: el desfile militar del DÃa de la Victoria sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria (1941-45).
En cambio, el 81º aniversario ha pasado a la historia a ojos de sus crÃticos como la ‘Parada de la Derrota’ —asà lo definió el exiliado periodista Igor Yakovenko—, ya que Moscú necesitó el visto bueno de Ucrania y Estados Unidos para que sus soldados marcharan sin contratiempos por el adoquinado de la plaza Roja.
Sin armamento pesado y con apenas invitados en las tribunas, sin la tradicional marcha de los moscovitas con las fotos de los veteranos de guerra, sin internet móvil, el 9 de mayo fue un dÃa en el que los partidarios de la guerra comprendieron al fin que la ansiada victoria no se repetirá en Ucrania.
La pompa soviética, la apologÃa del pasado que tanto gusta al Kremlin se topó de bruces con la realidad del pánico que provocan los drones enemigos, que pueden golpear toda la Rusia europea, desde los Urales al mar Báltico. La retaguardia rusa está indefensa.
Politólogos independientes repiten desde hace semanas que el sistema putinista tiene los «dÃas contados» y que los actuales boyardos serán los que decidan el cuándo y el cómo Rusia abrirá la transición a un nuevo modelo que deberá renunciar a los delirios de grandeza y al revanchismo imperialista. Puede ser una reforma democrática como en 1991 o un deshielo, como ocurrió tras la muerte de Stalin en 1953.
«Putin está perdiendo su magia», señaló en un artÃculo Alexandr Baunov, autor del libro El fin del régimen sobre las dictaduras españolas, portuguesa y griega, quien añade que «cada nuevo paso de Putin está encaminado a conservar el poder, pero únicamente acelera el proceso de desintegración».
La prensa internacional y rusa ha sacado a la luz las luchas intestinas entre el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, por un lado, y las fuerzas de seguridad (FSB, FSO y la Guardia Nacional), por el otro. Mientras, los tecnócratas miran desde la barrera y los oligarcas luchan por la redistribución de recursos y el favor del Kremlin.
A esto se suman las informaciones, que citan fuentes de servicios de inteligencia europeos, sobre el creciente temor en el cÃrculo más cercano a Putin sobre su seguridad y un posible golpe palaciego. El objetivo de todas las miradas serÃa Serguei Shoigu, el exministro de Defensa caÃdo en desgracia desde que fuera destituido (2024) y de que muchos de sus colaboradores fueran procesados por corrupción.
Uno de los sÃntomas más claros de decadencia es el bloqueo de internet. Según los expertos, Putin, un hombre analógico del siglo XX, no entiende que la red no es sólo un medio de comunicación, sino una fuente de trabajo e ingresos, del que dependen decenas de millones de rusos. Como resultado, la intención de voto del partido del Kremlin no supera el 30%.
En el plano militar, los rusos no recuerdan la última vez que el ejército logró una victoria importante en el frente de Ucrania. La ofensiva primaveral ha sido un sonoro fracaso y el control de todo el Donbás es, a dÃa de hoy, una quimera.
Mientras, las bajas se multiplican. Según el nuevo recuento de los portales independientes Meduza y Mediazona, ya son 352.000 los rusos muertos en acción hasta diciembre de 2025. Esa cifra de muertos incluye exclusivamente a los combatientes con edades comprendidas entre los 18 y 59 años, y no a los mercenarios extranjeros.
Además, los ingresos por las exportaciones de petróleo y gas cayeron un 38,3% entre enero y abril, pese al drástico alza de los precios del barril por la guerra en Irán, lo que limita la capacidad de combate de la máquina de guerra de Putin.
«Todos saben que en Rusia no se juzga a los ganadores. Pero ocurre que a los perdedores sà se les puede juzgar. Justo ese proceso ha comenzado en relación con Putin», concluye Baunov.
