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Prometer sí cuesta, y caro

Publicado: junio 11, 2026, 8:00 am

Hoy jueves arranca el Mundial. Al momento de escribir esto, nadie con boleto para el partido inaugural sabe si la CNTE permitirá llegar al estadio. Tres semanas de paro nacional, 17,471 escuelas cerradas y 1 millón 400,000 alumnos sin clases —según la propia SEP—, y la inauguración es para la coordinadora la mejor plataforma de presión: las cámaras del mundo estarán apuntando al otrora Estadio Azteca.

Como han repetido sus dirigentes, su principal demanda es la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, que trasladó a los empleados del sector público mexicano de un sistema de beneficio definido a uno de contribución definida y cuentas individuales.

El gobierno federal estima el pasivo de regresar al sistema solidario en 7.46 billones de pesos: veinte puntos del PIB nominal proyectado para 2026, 1.6 veces el presupuesto federal completo y casi cinco veces el costo financiero anual de la deuda. No existe partida donde quepa, ni escenario de emisión en el que Moody’s —hoy en Baa3 con perspectiva negativa— no nos baje un escalón al día siguiente. Bloomberg lo viene diciendo desde abril: el espacio fiscal mexicano se cerró.

A la aritmética se suma la trampa demográfica: en tres décadas pasamos de cuatro trabajadores por retirado a 0.8 en el sector público. Hoy hay más jubilados que cotizantes. El mundo entero avanzó en la dirección opuesta: de Chile a Polonia y Suecia, los sistemas de reparto migraron a cuentas individuales porque los Estados ya no podían pagarlos. Para efectos prácticos, es imposible regresar al sistema previo a las reformas de 1997 y 2007.

La paradoja es que de este sistema, neoliberal y malvado según sus críticos, el gobierno de la 4T ha sido el principal beneficiario. Entre 2018 y 2025, la posición de las Afores en deuda soberana mexicana pasó de alrededor de 1.7 a 4.2 billones de pesos. Al absorber cerca de 2.5 billones adicionales en bonos del gobierno, financiaron una parte relevante del aumento del saldo histórico de la deuda pública, que creció de 10.5 a 18.8 billones de pesos. Sin las Afores, esa expansión —y la de los déficits de 5.7% del PIB en 2024 y 4.1% proyectados para 2026— habría exigido recurrir al ahorro externo. México se debe a sí mismo, a diferencia de 1982 y 1994. El día que se desmonte el esquema de cuentas individuales no solo desaparecerá el ahorro de los trabajadores: también desaparecerá el principal acreedor doméstico del gobierno que prometió desmontarlo. Si alguien debería estar agradecido con las Afores, es la 4T.

Pero, por aberrantes e imposibles que parezcan las demandas de la CNTE, no surgen en el vacío: están pidiendo lo que les prometieron. El 14 de abril de 2024, todavía como candidata y frente a la dirigencia magisterial, Sheinbaum prometió «echar para atrás la reforma a las pensiones del 97 y del 2007, que condenaron a los trabajadores del Estado a pensiones de miseria. Eso quedó atrás con el neoliberalismo». La frase está grabada; la CNTE la lleva impresa en pancartas y la presidenta hoy responde con lo que todos sabemos: no hay dinero para cumplir esa promesa. Lo peor es que no necesitaba esos votos; mantenía una amplia ventaja en las encuestas cuando hizo una promesa que hoy le exigen cumplir.

La CNTE, con la que esta pluma no está de acuerdo en nada, está pidiendo lo que le prometieron cuando fueron a pedir su voto. Hoy que arranca el Mundial, 1 millón 400,000 niños siguen sin escuela y la CNTE amenaza con arruinar la fiesta. Puede ser un buen momento para recordar que prometer sí cuesta.

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