Publicado: agosto 17, 2026, 5:00 am
En el artículo de la semana pasada, “Motores apagados”, apunté que una de las razones por las cuales el crecimiento de la economía ha sido muy bajo es que uno de los elementos que se traducen en una mayor expansión, la inversión tanto pública como privada, está prácticamente apagado.
Como señalé, el gobierno no invierte más porque no tiene cómo financiarla, ya que, además de tener una situación de las finanzas públicas endeble y destinar una inmensa cantidad de recursos para seguir dándole oxígeno a la moribunda Pemex, así como para cubrir los déficits de todas las otras empresas gubernamentales (CFE, Tren Maya, AIFA, Ferrocarril Interoceánico, Mexicana, Litiomex, etcétera), el saldo de los requerimientos financieros del sector público está a tal nivel que el margen para un mayor endeudamiento es prácticamente nulo.
Hay otro factor a considerar: si el sector público destina recursos para financiar proyectos que no cubren el costo de oportunidad social de los fondos públicos, estos tendrían un valor presente social neto negativo, por lo que, en lugar de contribuir a un mayor crecimiento, lo inhibirían. Este es el caso de todos los proyectos caprichosos de López y también serían los ferrocarriles de pasajeros que quiere construir la presidenta Sheinbaum.
Por otra parte, el sector privado no invierte más porque, aunque puede, no quiere. La destrucción del Estado de derecho que han hecho los gobiernos anterior y actual, eliminando la independencia judicial, extinguiendo los órganos autónomos del Estado y modificando la ley de Amparo, prácticamente eliminó la certeza jurídica. En este entorno institucional, el premio de rentabilidad exigido ex ante para invertir se incrementó notablemente y, si el mercado no lo paga, los proyectos no se materializan.
Así, el motor de crecimiento que sería la inversión, pública y privada, no está funcionando. El otro motor de crecimiento es la productividad factorial total. Esta nos dice cuál es aquella parte del PIB que no es explicada por los servicios del capital y de la mano de obra y es un reflejo de qué tan eficiente es la economía utilizando los insumos primarios de producción y de los factores intermedios (materias primas) y es una variable íntimamente ligada a la tecnología que se esté utilizando en los procesos productivos.
En términos dinámicos, el cambio en la productividad factorial total representa aquella fracción del crecimiento del PIB que no es explicada por un aumento el acervo del capital logrado a través de la inversión ni por el aumento de la mano de obra empleada. En una perspectiva de largo plazo, los aumentos en la productividad factorial total reflejan los cambios tecnológicos en la producción.
Y es aquí en donde está el quid del asunto. Para que una economía crezca a tasas elevadas y sostenidas no es suficiente que haya un mayor acervo de capital y un mayor número de trabajadores; se requiere que haya un proceso sostenido de cambio tecnológico que incremente la eficiencia, la productividad de los factores primarios de la producción y es esto lo que permite que aumenten, simultáneamente, las retribuciones reales al capital y a los trabajadores.
Hay otro factor a considerar cuando hablamos de la productividad factorial total y el cambio tecnológico y está relacionado con la mano de obra. Cuando nos referimos al número de trabajadores empleados en la economía es indispensable tomar en consideración no sólo su número sino también, y esto es crucial, el capital humano con el que cuentan, el cual fue acumulado principalmente en el proceso educativo formal, en las escuelas.
La introducción de un cambio tecnológico es un fenómeno disruptivo que requiere, para que sea plenamente incorporado y explotado su potencial, que los trabajadores tengan el capital humano necesario para adaptarse y utilizarlo. De ahí que es notoriamente importante para el crecimiento económico y para la retribución a los trabajadores contar con un sistema educativo que esté enfocado a lograr una alta calidad de la educación impartida por el profesorado y acumulada por el estudiantado, educación que tenga un valor productivo. En México no lo hemos tenido y ahora menos aún con la educación “humanista” de la “nueva escuela mexicana”.
Vayamos a la información. El INEGI estimó la productividad factorial total para el periodo 1991 a 2024 y arroja que en este periodo la tasa promedio de crecimiento de la PFT para toda la economía fue del -0.51%. Por grandes sectores de actividad, la productividad en el sector primario creció a una tasa promedio de 1.85%, en el secundario cayó en promedio en 0.37% y en el terciario cayó en promedio en 0.60 por ciento.
Por otra parte, con datos de Feenrstra et al., Penn World Tables para el periodo 1994 a 2023, con información en términos reales y ajustados por la paridad del poder de compra, tenemos que entre estos años, el periodo TLCAN/T-MEC, la productividad factorial total en Estados Unidos aumentó en 20% y en Canadá en 3%, mientras que en México se contrajo en 20%. Así ni como crecer.
Qué hacer, la próxima semana.
