Publicado: junio 3, 2026, 12:00 am
Existe una idea bastante extendida: si llega el verano y se pasa más tiempo al aire libre, los niveles de vitamina D deberían estar garantizados. Y la evidencia científica muestra que la realidad es bastante más compleja. Incluso en países soleados y durante los meses con más horas de luz, muchas personas siguen presentando niveles insuficientes de vitamina D. El artículo científico ‘Benefits and Risks of Sun Exposure to Maintain Adequate Vitamin D Levels’, publicado en la biblioteca médica PMC, analiza precisamente la relación entre exposición solar y vitamina D. El trabajo explica que la producción de esta vitamina depende de numerosos factores y que la simple llegada del verano no asegura niveles adecuados.
Los autores de dicho artículo señalan literalmente que «la síntesis de vitamina D depende de numerosos factores». Entre esos factores se encuentran la edad, el tono de piel, la latitud, la contaminación ambiental, el porcentaje de grasa corporal, el uso de protector solar y, sobre todo, el tiempo real de exposición a la radiación ultravioleta.
Por qué el déficit sigue siendo frecuente en verano
Aunque el verano aumenta las oportunidades de exposición solar, el estilo de vida moderno reduce mucho el tiempo efectivo bajo el sol. Gran parte de la población pasa la mayor parte del día en interiores: oficinas, centros comerciales, gimnasios o transporte. Además, en países cálidos muchas personas evitan precisamente las horas de mayor radiación debido al calor extremo. A esto se suma el uso habitual de ropa ligera pero cubriente, sombreros y protectores solares.
El estudio recuerda: «La deficiencia de vitamina D es común en todo el mundo«. Y sus expertos añaden algo especialmente importante: «Incluso en regiones soleadas se observan niveles bajos». Esto significa que vivir en una zona con mucho sol no garantiza automáticamente un estado óptimo de vitamina D.
Factores que aumentan el riesgo
El informe menciona varios grupos con mayor probabilidad de presentar déficit incluso en verano.
- Personas con obesidad. La vitamina D es liposoluble, lo que significa que puede quedar almacenada en el tejido graso y estar menos disponible en sangre. Por eso, la obesidad se asocia frecuentemente con niveles más bajos.
- Personas mayores. Con el envejecimiento, la piel pierde parte de su capacidad para sintetizar vitamina D mediante la exposición solar.
- Personas con piel oscura. La melanina actúa como una protección natural frente a la radiación UV, pero también reduce la capacidad de producir vitamina D.
- Personas que evitan el sol. Muchas personas limitan deliberadamente la exposición solar por miedo al envejecimiento cutáneo o al cáncer de piel. El artículo reconoce que esta preocupación tiene fundamento.
Uno de los aspectos más interesantes del artículo es que evita los extremos. Los autores no recomiendan ni tomar el sol de forma excesiva ni eliminar completamente la exposición solar. Según explican, «la exposición solar moderada puede ayudar a mantener niveles adecuados de vitamina D». El problema es que no existe una fórmula universal válida para todas las personas. El estudio insiste: «No existe un único nivel de exposición solar válido para todos». La cantidad de sol necesaria puede variar enormemente según el tono de piel, la ubicación geográfica, la época del año, la edad y el estilo de vida.
Vitamina D que llega de la alimentación
La vitamina D también puede obtenerse a través de algunos alimentos, aunque normalmente en cantidades limitadas. Los pescados grasos, las yemas de huevo y ciertos productos enriquecidos pueden ayudar, pero muchas veces no bastan para corregir un déficit importante. Por ese motivo, algunos profesionales sanitarios recomiendan realizar análisis cuando existen factores de riesgo o síntomas compatibles con niveles bajos de vitamina D. En determinados casos puede ser necesaria suplementación supervisada.
El mensaje principal del estudio es que las recomendaciones generales sobre exposición solar pueden resultar insuficientes. Cada persona tiene circunstancias distintas. No es lo mismo una persona joven que trabaja al aire libre que alguien mayor que pasa casi todo el día en interiores. Tampoco es igual una persona con piel clara en el norte de Europa que otra con piel oscura en una gran ciudad con altos niveles de contaminación. Por eso, los autores defienden un enfoque individualizado que tenga en cuenta tanto los riesgos de la radiación UV como la necesidad de mantener niveles adecuados de vitamina D.
El verano no garantiza automáticamente niveles óptimos de vitamina D. La evidencia científica muestra que el déficit puede mantenerse incluso durante los meses más soleados debido al estilo de vida moderno, el uso de protección solar, la obesidad, la edad o las diferencias individuales en la capacidad de síntesis. La clave parece estar en encontrar un equilibrio razonable: evitar la sobreexposición solar sin caer en una evitación absoluta del sol. En algunos casos, además, puede ser útil controlar los niveles mediante análisis y consultar con profesionales sanitarios sobre la necesidad de cambios en el estilo de vida o suplementación.
