Publicado: septiembre 22, 2026, 5:30 am
El sol no solo envejece la piel , al favorecer la degradación de colágeno, y ser responsable de las manchas, también puede estar detrás de los brotes de acné tras el verano . Existe un mito ampliamente extendido, según el cual, el acné mejora con el sol. Aunque hay una parte de verdad, la realidad es que el verano puede empeorar este problema. El experto en dermocosmética Fran Escudero , cofundador de Skin Perfection by Bluevert, explica que «el sol puede producir un efecto antiinflamatorio temporal y, además, el bronceado hace que las rojeces y las imperfecciones sean menos visibles. Sin embargo, esto no significa que el acné esté curado. La exposición solar puede favorecer un engrosamiento de la capa córnea de la piel, lo que puede contribuir a la obstrucción de los poros y, a medio plazo, favorecer la aparición de nuevas lesiones». De hecho, la doctora Mireia Seguí , dermatóloga de Esthea Médica, asegura que es muy frecuente que tras el verano el acné empeore. «Es lo que se conoce como ‘efecto rebote’ del acné después del verano. Aunque durante la exposición solar las lesiones inflamatorias pueden parecer mejorar, el sol induce cambios estructurales en la piel que provocan brotes más severos al cesar la radiación ultravioleta». La doctora Seguí explica que el sol puede agravar el acné por tres motivos principales: «en primer lugar, la radiación ultravioleta provoca un engrosamiento de la capa córnea , que obstruye el orificio del folículo pilosebáceo, atrapando el sebo y favoreciendo la formación de microcomedones silenciosos. En segundo lugar, el sol oxida los lípidos del sebo (específicamente el escualeno), volviéndolos altamente comedogénicos e irritantes, lo que aumenta la inflamación folicular. Finalmente, la radiación UV tiene un efecto antiinflamatorio transitorio que ‘camufla’ el acné al reducir el enrojecimiento. Al dejar de recibir sol, este efecto desaparece y los comedones acumulados se inflaman simultáneamente». Además del sol, hay otros factores propios del verano que pueden derivar en brotes de granitos especialmente en pieles con tendencia al acné, que suelen ser las grasas y mixtas. Entre ellos, la dermatóloga de Esthea Médica, incluye el calor y la humedad: «el clima veraniego altera la fisiología de la unidad pilosebácea. El aumento de temperatura provoca un aumento del sebo . La alta humedad ambiental causa edema de los queratinocitos del orificio folicular, lo que conlleva una obstrucción aguda de los poros y favorece el desarrollo de lesiones inflamatorias. Y el sudor acumulado, puede irritar el conducto pilosebáceo». En verano, además, se cambia el estilo de vida, se come más fuera de casa, se consume más alcohol y bebidas azucaradas y también se duerme peor, hábitos que pueden influir de forma negativa en el acné. La experta, además, incluye otro factor: el estrés que llega de nuevo con la vuelta a la rutina. «El estrés activa el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, elevando los niveles de cortisol y andrógenos suprarrenales, que estimulan directamente las glándulas sebáceas», comenta. Finalmente, Pedro Catalá , farmacéutico, doctor en química cosmética y fundador de Twelve Beauty, añade otro factor más a la ecuación, la deshidratación de la piel . «La radiación destruye los lípidos esenciales de la barrera cutánea. Ante esta sequedad extrema, la piel sobreproduce grasa de manera exagerada para intentar compensar la pérdida. La combinación de poros ocluidos por células muertas y el exceso de sebo acumulado genera el escenario idóneo para la aparición del brote post-vacacional». No está de más consultar con un dermatólogo o experto en la piel para que pueda valorar el brote, porque según la doctora Seguí, «no todos los granitos que aparecen después del verano son necesariamente acné. Para equilibrar una piel con un brote de acné después del verano, el objetivo clínico es revertir la hiperqueratosis (engrosamiento de la piel), regular el exceso de sebo y restaurar la función barrera dañada». Es importante recuperar la rutina de cuidado poniendo el foco en una limpieza respetuosa, pero eficaz, que se debe realizar dos veces al día: mañana y noche, incorporando activos seborreguladores. «El carbón activo es de gran ayuda en el caso de las pieles congestionadas o engrosadas. Gracias a su estructura porosa, limpia en profundidad la piel grasa o con tendencia acneica. Sus virtudes purificantes y sus propiedades antibacterianas combaten el acné y además favorecen la oxigenación y renovación celular», afirma Pedro Catalá. En segundo lugar, la doctora Seguí aconseja: «despejar el folículo que el sol ha engrosado. Los retinoides tópicos bajo prescripción médica son los fármacos de elección para normalizar la queratinización y tratar los microcomedones con una correcta pauta de reintroducción para que no se produzca una irritación. Además, los alfa-hidroxiácidos (glicólico/láctico) ayudan a exfoliar las capas superficiales engrosadas por el sol, mejorando la textura y la penetración de otros activos». Tampoco hay que olvidar la hidratación , que ayudará a restablecer la barrera cutánea. La piel grasa también necesita hidratación, pero hay que elegir texturas ligeras, no comedogénicas, oil-free y adecuadas para estas pieles. Por último, no hay que olvidar la fotoprotección , un paso que debe mantenerse todo el año, usando productos oil-free, no comedogénicos, ligeros, y con acabado seco.
