Publicado: octubre 6, 2026, 10:00 am
La peste neumónica ha vuelto al foco sanitario tras la muerte de una trabajadora del Instituto Antipeste de Irkutsk, en Siberia. La empleada de 28 años desarrolló una neumonía grave de etiología desconocida, que en un primer momento se ha relacionado con la bacteria Yersinia pestis, aunque las autoridades todavía no han confirmado el diagnóstico final.
No obstante, cerca de 200 personas que pudieron tener contacto con la mujer se encuentran bajo vigilancia mientras que también se han aplicado medidas preventivas pese a que la situación epidemiológica en la región se mantiene estable. La peste no es una cuestión del pasado y a día de hoy sigue circulando por el mundo. Esto es lo que se sabe de la peste neumónica, una infección grave de rápida evolución con algunas diferencias clave con respecto a otros tipos.
¿Qué es la peste neumónica?
La bacteria causante de la peste, como bien se ha adelantado, es la Yersinia pestis, un patógeno presente sobre todo en mamíferos pequeños y pulgas que se puede manifestar en tres formas clínicas: la peste bubónica, la septicémica y la neumónica. A menudo, la más conocida es la bubónica; sin embargo, la neumónica se encuentra en el lado posterior de la balanza, pues según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la menos habitual.
Cuando la infección de la peste ataca a los pulmones, las autoridades sanitarias determinan que se encuentra en la forma clínica neumónica. Esta se transmite cuando una persona inhala partículas respiratorias que contienen la bacteria, aunque también puede llegar a través de otra localización del organismo.
Cuáles son los síntomas que provoca
La peste neumónica empieza con una sintomatología muy parecida a la de otras patologías como son la fiebre, los escalofríos, la debilidad, el dolor de cabeza, la tos (puede aparecer sangre) y la dificultad para respirar. Pero estos signos pueden llegar a evolucionar tan rápidamente que provoquen una neumonía mucho más grave que llegue a ser mortal si no se aplican rápidamente los tratamientos.
Diagnóstico y tratamiento
La rapidez ante la sospecha de peste neumónica es primordial. Así pues, los sanitarios someten al paciente a pruebas de laboratorio como muestras de sangre o esputo u otras técnicas para certificar la infección. Sin embargo, muchos médicos optan por comenzar el tratamiento antibiótico antes de la confirmación final para frenar precisamente esa rápida evolución de los síntomas.
En un caso de peste, además, no solo importa el tratamiento rápido, sino también una respuesta rápida en medidas preventivas, aislamiento y confinamiento de personas en contacto con el paciente.
¿Cuál es la gran diferencia de esta peste con otros tipos?
Principalmente, la vía de transmisión y el órgano afectado. Para ello, hay que entender cómo se comporta cada una de las formas clínicas en las que deriva una infección de peste.
La peste bubónica, la más habitual, afecta a los ganglios linfáticos. Esta hace que salgan bubones en sitios clave como las axilas, las ingles o el cuello. A menudo se transmite por picadura de pulgas infectadas o contacto con roedores; sin embargo, no se transmite entre humanos a no ser que se tenga contacto con un bubón abierto. Sin tratamiento también es mortal.
La peste septicémica afecta al torrente sanguíneo o sangre, ya no presenta bubones, pero sí gangrena en nariz y dedos. Esta puede aparecer también por una complicación de la peste bubónica, pero su transmisión también se debe a la picadura de pulga o contacto con heridas abiertas. Esta forma de peste tampoco se contagia entre humanos.
La peste neumónica afecta a los pulmones y se manifiesta con tos con sangre, dolor de pecho y asfixia rápida. La forma de transmisión es en este caso por el aire al inhalar partículas con la bacteria o por complicación de las otras dos. Y entre las diferencias más clave se encuentra que este tipo sí es altamente contagioso de persona a persona por vía aérea. Además, es la infección más grave debido a su rápida evolución, pues puede producir la muerte en tan solo 24 horas.
