Publicado: julio 10, 2026, 4:30 am
Cuando las finanzas de España temblaban, cuando la crisis del euro nos situaba al borde del rescate y la amenaza de los hombres de negro él fue quien se mostró más duro e intransigente con los planes de ajuste. Él fue también el que puso mayor ahínco en recortar los fondos europeos durante la Covid y el que se jactaba de simbolizar la ortodoxia presupuestaria y el rigor financiero en la UE con una visión ultra liberal que lo enfrentó a los países del sur y, especialmente, a España acusándonos de pedir solidaridad sin hacer los deberes.
Se convirtió en el caudillo de los llamados países frugales, los ricos del club comunitario que le hacían ascos a cualquier relajo fiscal que ayudara a la recuperación económica de los que atravesaban dificultades financieras.
Ese tipo que tanto clamaba por la ortodoxia en las cuentas y que exigía reformas estructurales y supervisión estricta para cualquier país que recibiera ayuda europea, ese es el mismo que años después defendería desde la secretaría general de la OTAN que los europeos gastáramos el 5% de nuestro presupuesto en Defensa, lo que trastorna la contabilidad de los estados miembros, y no después de un concienzudo estudio sobre nuestras carencias militares sino porque el emperador de La Casa Blanca había decidido que el 5% era la cifra que a él le parecía bien.
Ese personaje es Mark Rutte el mayor de los pelotas de Donald Trump y al que el presidente de los Estados Unidos utiliza como su felpudo para manejar a Europa. Rutte ha llevado su viscosa adulación a Trump al extremo de llamarle ‘daddy’ (papá), de felicitarle por su «acción decisiva» en Irán y de manifestarle su satisfacción porque «Europa va a pagar a lo grande, como debe- dijo- y esa será tu victoria».
El de la ortodoxia financiera el que hizo lo posible por el enfrentamiento norte-sur comunitario abanderando los rigores fiscales le mostraba a Trump su complacencia por lograr que los socios europeos de la Alianza Atlántica vaciaran sus bolsillos para comprarle armas a los Estados Unidos. Porque si hay algo que nos dejan claro desde Washington es que la seguridad del viejo continente ahora no les preocupa y que su interés por elevar a ese caprichoso y arbitrario 5% los presupuestos en defensa no es para fomentar el desarrollo de una industria militar europea propia, sino para que lo gastemos en comprarles armas a ellos, con lo que supone de seguir manteniendo el control de su utilización.
La defensa de Europa no es solo cuestión de dinero, la exigencia que nos plantea la amenaza rusa, agravada por la invasión de Ucrania, es el diseño de un nuevo enfoque en materia de seguridad que ponga de acuerdo a la UE, el Reino Unido y Canadá sobre una estrategia conjunta industrial y militar. Una estrategia coordinada sin la tutela de los Estados Unidos cuyo líder se ha permitido amenazar a sus socios europeos con ocupar Groenlandia, de lanzarnos una ofensiva arancelaria y apoyar con descaro a los partidos ultras y eurófobos empeñados en destruir la UE, además de insultar (somos mala gente) y tratar de intimidar a quien no se pliega a sus exigencias.
Nada de eso ha alterado la actitud servil de Marc Rutte quien, sabedor del desprecio que suscita, acudió estos días a la cumbre de la OTAN en Ankara con la intención de demostrar que su política de seducción a Donald Trump no es sumisión sino una forma diplomática de intentar mantener la mayor presencia posible de Estados Unidos en la Alianza Atlántica pagando Europa, eso sí, el precio que Washington exige por la transformación. Pelota, traidor a la causa europea y ni un átomo de dignidad.
