Publicado: mayo 27, 2026, 5:00 am
Las obras y acciones para preparar a las ciudades huéspedes del Mundial de Futbol se aceleran. Ello pasa típicamente donde hay eventos como el Mundial (países) o las Olimpiadas (ciudades). En esta ocasión, el Mundial ocupa sólo tres ciudades y los preparativos son particularmente numerosos y visibles en la CDMX.
Hay diversas obras en dirección al Estadio Banorte de Tlalpan y en sus inmediaciones, en el tren ligero, el metro, en banquetas, ciclopistas, vialidades, etc. También destaca el remozamiento superficial del aeropuerto AICM.
En parte, la intención es que la ciudad sea menos disfuncional durante el evento. El gobierno local llegó a sugerir que la gente se guarde en casa si es posible y el Federal pensó en cancelar clases para evitar tráfico y disturbios por parte de maestros disidentes.
El esfuerzo ha causado daños y molestias a la población: afectaciones a la ya muy precaria movilidad, fallas de construcción, suciedad, disfuncionalidad del aeropuerto, entre otros.
La estación de metro Auditorio, cercana a la masa crítica de hoteles de alta gama, estuvo cerrada por casi cinco meses, por cierto, con un ambulantaje creciente en las entradas y salidas. Varias estaciones de la Línea 2 que, desde el Zócalo en dirección al estadio, han sido desquiciadas por las obras con interrupciones del servicio.
Dudo que estas intenciones (mayor funcionalidad y belleza de la ciudad en las zonas relevantes para el torneo) lleguen a buen término. Pero incluso bajo ese atrevido supuesto, hay al menos dos asuntos graves en las acciones gubernamentales: deficiencia de planeación y pericia, y falta de respeto a la ciudadanía.
Primero, la improvisación y las prisas. Se supo que México sería sede, sólo parcial, en 2018. Meses antes de que Sheinbaum ocupara el gobierno de la Ciudad de México. La mayoría de las obras empezaron en 2024 y con prisa. En comparación, la sede mexicana del Mundial de 1986, completo, se supo sólo tres años antes, después de una fuerte crisis de la economía y más tarde del peor temblor de la historia. Todo sucedió sin mayores disrupciones.
Segundo, el remedio a problemas urgentes sólo para la atención y buena impresión de los visitantes esperados. Por ejemplo, el AICM: años de decaimiento y mala administración, pero hasta ahora se mejora, aunque superficialmente, cuando hay que recibir y mostrar una buena imagen. No se hizo para los ciudadanos que lo han usado en los últimos siete años, pagando oneroso derecho que sirve para servir la deuda del aeropuerto cancelado por capricho de AMLO.
Se gasta en mejorar la imagen citadina ante sólo cinco partidos del Mundial. Pero no se atienden las necesidades estructurales que afectan diariamente a los ciudadanos: calles y banquetas estropeadas, fugas de agua, movilidad caótica sin vigilancia policial, fallas en telecomunicaciones, inseguridad, pésimo transporte público, etc., etc.
Se necesita menos propaganda y más mantenimiento y servicios de calidad. La historia muestra que los Mundiales y las Olimpiadas exitosas han sido éxitos en donde se atiende más permanentemente a los ciudadanos —Barcelona, Londres, Estados Unidos— y fracasos en donde menos —Sochi, Grecia, Brasil—.
