Oaxaca no cabe en un mole: los chefs que llevaron su cocina a Relish the Heritage - Venezuela
Registro  /  Login

Otro sitio más de Gerente.com


Oaxaca no cabe en un mole: los chefs que llevaron su cocina a Relish the Heritage

Publicado: mayo 11, 2026, 11:00 am

Relish the Heritage cumplió diez años en Los Cabos, pero la conversación más reveladora de esta edición no estuvo en el aniversario en sí mismo, sino en la forma en que tres cocineros hablaron de lo que significa compartir una cocina sin diluirla

El festival, creado por Thierry Blouet junto con Jorge Paoli Díaz, CEO de Grupo Diestra, nació como un encuentro entre cocina y música, explicó el chef Blouet, al revelar que Paoli Díaz se encargó de la curaduría musical y él de la parte culinaria. 

En 2026, el estado invitado fue Oaxaca y la mesa reunió a dos generaciones: Alejandro Ruiz, de Casa Oaxaca, y Thalía Barrios, de Levadura de Olla, para realizar una cena colaborativa en Café des Artistes, en el JW Marriott, Los Cabos.

imageEnlace imagen

Café des Artistes, Los CabosCortesía

La elección de Oaxaca no fue un gesto casual. Blouet conoce a Alejandro Ruiz desde hace casi 30 años y ha seguido su manera de llevar la cocina oaxaqueña a distintos espacios. También había cocinado antes con Thalía Barrios en Café des Artistes Puerto Vallarta. 

Te puede interesar

Para esta edición, el cruce tenía sentido por el contraste y la afinidad: «el tipo de cocina que él hace (Alejandro Ruiz) es la cocina clásica oaxaqueña», dijo la chef Thalía Barrios destacando por su cocina “original y auténtica”. En esa tensión se construyó el menú: una cocina de memoria profunda frente a una cocina de pueblo, huerto y temporada. 

Cocinar con otros, pero sin perder la voz

En una cena colaborativa, el riesgo no está en la técnica, sino en el acomodo. ¿Quién entra primero? ¿Qué ingrediente se repite? ¿Qué plato sostiene el peso del menú? ¿Dónde cabe cada estilo sin que todos terminen hablando igual? El chef Blouet asegura, «a los chefs que invito ya los conozco y no invito a cualquiera». Para él, el trabajo entre cocineros funciona cuando hay oficio: «cada quien tiene su estilo, cada quien tiene su sabor, es como una coreografía cada quien sabe cómo entrar; es gente súper profesional».

Thalía Barrios lo vivió desde otro lugar: el del respeto. «A mí me tocó ser estudiante», dijo al hablar de Blouet, a quien escuchaba desde sus años de formación. También reconoció el peso de cocinar junto a Alejandro Ruiz, «otra persona que yo respeto mucho, que tiene muchos años de trayectoria». Por eso, elegir sus platospara Relish the Heritage le tomó tiempo. No quería quedarse lejos de lo que ellos representan, pero tampoco perder su propia esencia.

imageEnlace imagen

Thalía Barrios en Café des Artistes, de JW Marriott, Los CabosCortesía

Esa esencia apareció en el jitomate. Barrios quería que fuera el protagonista, pero no podía decidirlo desde el escritorio. «Ahorita ha afectado mucho el cambio climático y ya no sabes cuándo va a llover, cuándo sí, cuándo no», explicó. Esperó a ver la planta, a confirmar la temporada, a saber si habría jitomates suficientes para llevarlos al festival. «Pues ya íbamos viendo la planta, por eso me tardé en decidirme», dijo. En su cocina, la decisión no empieza en el plato: empieza en el campo

La maleta del chef Alejandro Ruiz

Alejandro Ruiz entendió la invitación desde la temática: si Thierry quería traer Oaxaca, había que llevar Oaxaca de verdad. «Bueno, si es Oaxaca, mole negro, ¿por qué no?”, dijo sobre la decisión de presentar un mole. Pero su participación no se resolvió mandando una receta. Viajó con ingredientes, con chiles, con hierbas, con aquello que no se consigue de la misma forma fuera de su región.

«Cuando ya tienes más paciencia, tratas de compartir un poco lo que eres, lo que traes», dijo Ruiz. Para él, cocinar en otro territorio implica «mimetizarte en la cocina y compartir con los chavos», porque los cocineros jóvenes no solo quieren probar el resultado: quieren ver cómo se hace. Por eso llevó los chiles. Por eso preguntó qué no había en Los Cabos. Por eso cargó lo necesario para que el plato no fuera una traducción incompleta.

«Hay cosas que tienes que llevarlas contigo». En sus maletas iban chiles endémicos, hierbas, chintextle, chiles costeños y lo necesario para construir adobos y moles desde su origen. «Yo pongo dos bermudas, tres calzones, dos pares de calcetines, dos playeras y mis chiles», dijo, con humor, pero también con una verdad técnica: ciertos sabores no se improvisan. 

imageEnlace imagen

Alex Ruiz en Relish the Heritage, en JW Marriott, Los CabosCortesía

El punto más fuerte de la conversación llegó cuando Thalía Barrios habló de Oaxaca desde los pueblos, no desde la idea que muchos comensales esperan encontrar. «En Oaxaca hay muchos Oaxacas», dijo. La frase parece sencilla, pero desmonta una de las simplificaciones más frecuentes sobre la cocina del estado.

Barrios explicó que en su pueblo no se come mole negro como en Valles Centrales. De hecho, ella lo probó por primera vez a los 18 años. «Nosotros hacemos cocina de los pueblos de Oaxaca. ¿Por qué de los pueblos? Porque yo soy de un pueblo», dijo. Esa cocina no necesariamente se organiza por entradas, sopas y platos fuertes; tampoco coloca siempre la proteína como centro de la comida. En los pueblos, explicó, la carne puede ser ocasional, «un lujo», algo de fiesta.

Su postura es también una respuesta a la expectativa externa. Hay comensales que llegan creyendo saber qué debe ser Oaxaca: si no hay mole negro, si no hay tlayuda, si no hay mezcal como emblema inmediato, parece que algo falta. «A nosotros nos gusta hablar de un Oaxaca que no solamente es mole, mezcal y tlayudas». «las tlayudas en mi pueblo no se comen».

imageEnlace imagen

Tamal de mejillón, hoja santa y chile costeñoCortesía

Ahí está una de las discusiones más importantes de la cocina mexicana contemporánea: cómo defender la identidad sin convertirla en fórmula. La chef Thalía Barrios no busca adaptar su restaurante a una idea europea de menú ni a una expectativa turística de Oaxaca. «La comida tiene el mismo valor y en Oaxaca se come así, muy diferente dependiendo de la región», dijo. Un plato de quelites, vegetales, frijoles de olla o pozole seco puede tener el mismo peso que una preparación más reconocible

El reconocimiento nunca es la meta

La conversación también tocó el efecto de los reconocimientos. «No trabajas para eso, es una consecuencia de reproducir o llevar con orgullo lo que eres», asegura el chef Alejandro Ruiz. Para él, cocinar no se trata de perseguir éxito, fama o estrellas, sino de entender qué se comparte y desde dónde se comparte. «La diferencia creo es creértela o no creértela», dijo.

La humildad es parte de la grandeza de cualquier persona».

«La humildad es parte de la grandeza de cualquier persona», sentencia el chef Alex Ruiz, quien también habló de tener gente cerca que le pone los pies en la tierra y de entender que los reconocimientos se agradecen, pero no son el objetivo. «Cada quien tenemos muy claro quiénes somos, dónde estamos, qué hacemos, por qué lo hacemos. Y los adjetivos pues ya no dependen de nosotros».

Para Thalía Barrios, el reconocimiento implica otra palabra: responsabilidad. «Los reflectores hacen que cada plato, cada frase y cada decisión se miren con más atención». También aumentan las comparaciones: hay quien llega buscando que un restaurante mexicano funcione como uno europeo o japonés. Ella insiste en otra lógica: mantener la identidad, sostener el discurso y no dejar que la expectativa externa mueva el centro de su cocina. 

imageEnlace imagen

Thierry Blouet y el oficio de abrir caminoCortesía

Thierry Blouet y el oficio de abrir camino

Por supuesto el chef Thierry Blouet no aparece en esta conversación solo como anfitrión. También aparece como un cocinero que ha construido espacios para que otros cocinen. Ruiz recordó que hace más de 20 años fue invitado al Festival Gourmet de Puerto Vallarta y que esa experiencia lo llevó a preguntarse por qué Oaxaca no tenía un festival propio. De ahí nació El Saber del Sabor, que durante 12 años integró cocina, poesía, arte y chefs invitados.

Alex Ruiz reconoció en Thierry Blouet “esa persistencia” y su manera de tomar en cuenta a otros talentos. “Eso no lo hace cualquiera”, dijo al hablar de sus concursos, su fundación y su impulso a jóvenes cocineros. Blouet, por su parte, habló del Trofeo Thierry Blouet, que realiza en distintas ciudades para promover nuevos talentos, y de concursos vinculados a jóvenes chefs y sommeliers.

También habló de Café des Artistes como una historia todavía en movimiento. El restaurante cumplió 35 años, fue remodelado y lanzó un libro trabajado con Nacho Urquiza. “Desde 35 años que abrí el restaurante, es mi pasión de cada día y sigue siendo”, dijo. Para Thierry Blouet, el oficio no termina en cocinar: se reinventa, se administra, se comunica, se sostiene con equipos. 

imageEnlace imagen

Short rib braseado con mole coloradito, chocolate y chile chihuacleCortesía

La parte menos visible de cocinar

Los chefs también se vuelven administradores, psicólogos, gestores, líderes de equipo. “Ya no nada más es cocinar, cocinar se vuelve una parte”, dijo el chef Alejandro Ruiz. Tener un restaurante implica aprender sobre costos, servicio, emociones del equipo y decisiones para las que nadie prepara del todo.

Por eso, lo que ocurrió en Relish the Heritage no fue únicamente una colaboración de nombres reconocidos. Fue una conversación entre tres formas de sostener una cocina: Thierry Blouet como articulador de festivales, equipos y escenarios; Alejandro Ruiz como cocinero que carga chiles porque sabe que el sabor también depende de lo que se lleva en la maleta; Thalia Barrios como una voz que insiste en que Oaxaca no debe explicarse desde una sola imagen.

Related Articles