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Nazareth Castellanos, neurocientífica: «La causa del suspiro que damos cuando estamos mal es una hipertrofia de la amígdala cerebral»

Publicado: agosto 10, 2026, 3:00 am

Suspiramos cuando estamos tristes, también cuando estamos exhaustos y no es raro que se nos escape algún suspiro por amor. En España es habitual suspirar cuando el cuerpo siente que lo necesitamos y normalmente ayuda a que nos sintamos un poco mejor.

Que suspirar sea algo habitual no quiere decir que sepamos por qué se produce, los motivos por los que suspirar nos resulta efectivo y, en algunas ocasiones, casi necesario. Hay una parte que comprendemos y otra que no siempre conocemos, y de explicarnos todo se encargan profesionales de la neurociencia como Nazareth Castellanos.

N. Castellanos: «Es una hipertrofia de la amígdala cerebral»

«La causa del suspiro que damos cuando estamos mal es una hipertrofia de la amígdala cerebral», explicaba la investigadora, licenciada en Física Teórica y doctora en Neurociencia Nazareth Castellanos durante una charla en la Fundación Telefónica. Allí aclaró que algunas emociones, como el estrés, no solo nos afectan emocionalmente, también pueden tener efectos físicos sobre nuestro cerebro, especialmente la amígdala cerebral, encargada del procesamiento, almacenamiento y gestión de las emociones.

«Cuando estamos mal, la amígdala bloquea los núcleos neuronales que inducen la siguiente inspiración», la amígdala se hiperactiva, aumenta su volumen o hipertrofia y por eso se produce el suspiro, que tiene el poder de ‘desinflar’ la amígdala cerebral y frenar el cortisol. El cuerpo suspira con la intención de ‘salvar’ al cerebro de un colapso emocional inminente. A través del suspiro, que no es una respiración normal, el cuerpo se reinicia, evitando que sea la amígdala la que tome el control, porque, tal y como señala la experta, cuando esto sucede, «bloquea cualquier información que contradiga la emoción dominante”. Por eso resulta más difícil razonar en momentos de estrés y nos volvemos más impulsivos.

Respirar es algo que se hace de manera natural, pero no es lo mismo que suspirar, la clave de su diferencia está en la fuerza de la exhalación. Al suspirar, estamos mandando un mensaje al nervio vago para que baje las pulsaciones del corazón y frene el cortisol. Con el suspiro, el cerebro interpreta que el peligro ha pasado y el cuerpo deja de gastar energía en ‘sobrevivir’ y comienza la recuperación. Por eso en ocasiones se emplean técnicas relacionadas con los suspiros como método de calma y relajación.

Somos conscientes de lo importante que es la respiración para la vida, pero no siempre sabemos todo lo que puede hacer por nosotros y, sobre todo, cómo afecta a nuestro cerebro.

La respiración como método para ordenar la mente

«La respiración induce orden, coordinación y sincronización en nuestro cerebro», señalaba Castellanos durante la charla concedida a Aprendemos juntos, explicando cómo la respiración consciente puede ayudarnos a transformar la actividad cerebral, así como favorecer la calma y el equilibrio. Concentrarse en algo estimula la organización cerebral y ese algo bien puede ser la respiración consciente. «Cuando hacemos ese esfuerzo de leer un libro o de prestar atención a algo, estamos haciendo que nuestro cerebro funcione como una orquesta. Nuestro cerebro aprende a aprender, aprende a ordenarse».

Es importante que la respiración sea consciente porque, habitualmente, de manera natural, respiramos «de una forma muy desordenada». Esto hace que los núcleos predictores de la respiración no sepan cuándo va a llegar la siguiente respiración, generando una señal de alerta en el cerebro, lo que puede aumentar la sensación de estrés o ansiedad. Por eso ella propone dedicar unos minutos al día a practicar una respiración consciente, pero también rítmica, «Una forma de calmar al cerebro es sentarse durante diez minutos simplemente a respirar con un ritmo». Esto ayudará a que el cerebro trabaje de manera más coordinada, favoreciendo el orden.

Referencias

Fincham, G. W., Strauss, C., Montero-Marin, J., & Cavanagh, K. (2023). Effect of breathwork on stress and mental health: A meta-analysis of randomised-controlled trials. Scientific Reports, 13(1), 432. https://doi.org/10.1038/s41598-022-27247-y

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