Publicado: abril 24, 2026, 5:30 pm
Wendy Duffy, una mujer británica de 56 años en buen estado de salud física, ha muerto este viernes en una clínica suiza, donde ha recibido eutanasia por petición propia, tras no poder superar la muerte de su hijo.
Duffy ha pagado, según The Times, 10.000 libras (13.500 euros) a la clínica Pegasos, a la que ha recurrido después de que la legislación de Reino Unido no le permitiera recurrir a la eutanasia.
En Gran Bretaña se espera que se apruebe una ley que permite a los adultos en Inglaterra y Gales con una esperanza de vida inferior a seis meses solicitar la eutanasia, sujeta a la aprobación de dos médicos y un panel de expertos.
Wendy Duffy, que ya había intentado quitarse la vida en otras ocasiones, perdió hace cuatro años a su hijo Marcus, cuando este tenía 23 años. El joven murió atragantado en casa con un tomate que se le alojó en la tráquea.
Uno de sus intentos de suicidio, nueve meses después de la muerte de su hijo, la dejó en estado vegetativo, conectada a un respirador artificial.
Antes de morir, Duffy había declarado al Daily Mail que quería que su «espíritu pudiera ser libre». «Podría tirarme de un puente de la autopista o de un rascacielos, pero cualquiera que me encontrara tendría que lidiar con eso el resto de su vida», dijo.
Duffy dejó cartas a sus seres queridos, y eligió la ropa que llevó en su lecho de muerte y la música que escuchó en el úiltimo momento. «Puedes elegir la canción que quieras. Yo voy a salir con Lady Gaga y Bruno Mars cantando Die With A Smile«, dijo en su día.
La asociación suiza Pegasos, una organización sin ánimo de lucro con sede en Basilea, fue fundada en 2019 por Ruedi Habegger, un activista por el derecho a morir dignamente.
Aunque no existe un «derecho a morir» explícito en la legislación suiza, ayudar al suicidio es legal siempre que no se haga por motivos egoístas. Si bien existe toda una industria dedicada a brindar ayuda para morir, no se trata exactamente de una muerte a demanda para quienes la desean.
En la práctica, los casos exclusivamente psiquiátricos (es decir, aquellos en los que no existe enfermedad física) son más controvertidos y los requisitos son estrictos.
Las organizaciones deben demostrar que la afección que padece el paciente es grave, de larga duración y resistente al tratamiento. Muchas clínicas suizas, como Dignitas, rechazan estos casos.
Sin embargo, el sufrimiento de Wendy se ha considerado suficiente para cumplir con los criterios de Pegasos. Un panel de expertos, entre ellos psiquiatras, aprobó su solicitud tras meses de evaluación y después de haber tenido acceso a su historial médico completo.
«Tengo que administrarme yo misma la medicación, eso es lo que dice la ley», explicó en su día Duffy al Daily Mail. «Te ponen el catéter en el brazo, pero tienes que girar tú mismo el dial para que empiece a fluir la sangre. Entonces, ¡ding, ding, ding!, en un minuto entras en coma, y un minuto después, ya no estás«, añadió.
«El único inconveniente es que no podré donar mis órganos, pero no hay opción para eso. Me incinerarán allí, así que ni siquiera habrá que preocuparse por un funeral; de todas formas, odio los funerales y no quiero uno. Mis cenizas se enviarán de vuelta a mi familia, y quiero que las esparzan en ‘su’ banco del parque, junto a las suyas —dijo en referencia a su hijo Marcus—. Todo está planeado», concluyó.
