Publicado: mayo 22, 2026, 5:00 am
Jostein Hauge, profesor de la Universidad de Cambridge, es autor del libro El Futuro de la Fábrica. En el mismo recomienda a los países de ingreso medio insistir en la manufactura como principal motor de desarrollo y prosperidad económica. Señala que, en realidad, las innovaciones tecnológicas recientes, como la inteligencia artificial, no tendrán un gran impacto en el empleo manufacturero y que incluso va a ayudar a crear puestos de trabajo de mayor calidad. Hauge muestra que todos los países que alcanzaron altos niveles de desarrollo lo hicieron gracias a la manufactura, que es en donde se genera innovación, productividad y exportaciones, y que la situación geopolítica actual abre a muchos países la posibilidad de desarrollar procesos de manufactura de exportación, a pesar del dominio tecnológico y la sobreproducción de China. Esto viene al caso ante la discusión iniciada por Dani Rodrik, que propone privilegiar la inversión y el desarrollo del sector servicios en estos países, ante la dificultad de desarrollar manufactura.
La manufactura representa el 80% de las exportaciones globales; claramente es mucho más sencillo exportar un producto que un servicio. Es verdad que un país como México puede hacer más para vender a los extranjeros servicios como los médicos o los turísticos, o incluso otros, como los de análisis de datos, gracias a la cercanía del mercado de Estados Unidos, pero, a diferencia de otras naciones de América Latina, hemos construido una gran fortaleza en la manufactura. Lo que es verdad, además, es que, como es el caso de la India, México puede ligar la manufactura a los propios servicios, con tecnología y con soluciones específicas para cada usuario.
El reto es adaptar nuestra industria a las nuevas condiciones globales. Un ejemplo de eso es lo anunciado por General Motors para su operación en México. Para compensar una eventual caída de sus exportaciones a Estados Unidos, la firma moverá de China la producción de autos de gama media y baja para surtir al mercado nacional, y eventualmente exportar a otros países que requieren ese tipo de autos, como los de Latinoamérica e incluso Europa, lo que se facilitará con la modernización de nuestro acuerdo comercial. Es decir, se aprovechará la capacidad instalada, el valioso capital humano manufacturero del país y la red de proveeduría de autopartes nacional para responder a los retos globales y ahora también considerar como opción al mercado nacional y otros. Eso es el primer paso; la industria automotriz tendría, y puede en México, moverse también hacia la producción de más autos eléctricos e híbridos, tanto ligeros como de transporte de pasajeros. De hecho, lo que seguramente va a suceder, después de que pase la tormenta del reajuste de comercio, es que las industrias mexicanas de autos y de autopartes se integren más y mejor con Norteamérica para hacer frente al desafío que representa la oferta asiática de autos. Ahora, también tenemos que integrarnos a la oferta de servicios del sector automotriz, como el desarrollo de software y las pruebas, que sin duda son una opción para generar prosperidad.
