Publicado: septiembre 17, 2026, 3:31 am
Cero. Esas fueron las veces que Ursula von der Leyen pronunció las palabras «Putin», «Trump» o «Estados Unidos» a lo largo de su discurso sobre el estado de la Unión en Estrasburgo. Algo ha cambiado pero nada ha cambiado; simplemente la UE mira más hacia dentro. El bloque comunitario ahora mismo, como dijo la presidenta de la Comisión Europea citando a Dickens, es fuerte y débil al mismo tiempo, necesita alianzas con socios como Canadá y urge de una visión 360 que abarque la IA, la energía, el comercio, la competitividad, la migración o las finanzas. Por ahí dibujó el camino una jefa ataviada de blanco y que cubrió su mensaje más de retos que de reproches.
Rusia está presente, obviamente, porque lo está Ucrania; Washington también, como Pekín, por la tecnología o la defensa. Pero como se suele decir, no se puede empezar la casa por el tejado, y ese fue un poco el late motiv de Von der Leyen durante su discurso; lo dio, durante algo más de hora y media, mirando a Bruselas, París, Madrid, Varsovia, Berlín o Roma… y también a Ceuta. La crisis en la ciudad autónoma ha validado el plan de Von der Leyen, que es el de Meloni también pero no el de Sánchez, de disponer de una política migratoria dura.
“La frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y Europa estará ahí para vosotros. La cuestión es que la única solución es una solución europea. Y esa es el Pacto sobre Migración y Asilo”, comentó, en un mensaje indirecto al Gobierno de Sánchez para su aplicación completa. “Siempre respetaremos nuestros valores y derechos fundamentales. Pero nunca cederemos en lo que respecta a la protección de nuestras fronteras. Somos nosotros, los europeos, quienes decidimos quién entra en nuestra Unión y en qué circunstancias”, sentenció.
Pero no es suficiente. Y por eso quiere la alemana que haya más devoluciones y más rápido. “Europa está ahí para los europeos; solo Europa puede otorgar soberanía a los europeos, y podemos estar orgullosos”, espetó, en otra frase que se puede interpretar desde diferentes prismas. Europa como ente activo y no pasivo, como continente que toma sus propias decisiones y que pone sus propios límites. Y sí, de eso va «completar» el mercado único, algo que la germana prevé para finales del año que viene. Pero no solo; hay límites más acuciantes.
Por eso Von der Leyen no habló de Trump pero sí de Instagram (y no para elogiar al gigante tecnológico), aunque no mencionase directamente a la app en la que todos postureamos; en breve ese «todos» tendrá matices importantes. Bruselas lanzará una norma que incluye la prohibición de las redes sociales para menores de 13 años y la prohibición de cuentas personales para menores de 15 años. Esto significa que, desde los 13 hasta que el menor cumpla los 15 años, solo se permitirán lo que la presidenta ha llamado “minicuentas” creadas y supervisadas por los padres, con funciones limitadas y restricciones de tiempo. “Y entre los 15 y los 18 años, el diseño seguro será obligatorio para las plataformas”, añadió.
En contra del ‘scroll’ infinito
Y en este punto hizo un resumen muy rotundo. “No tenemos por qué aceptar funciones adictivas. No tenemos por qué aceptar que los niños se vean arrastrados hacia contenidos cada vez más extremos. No tenemos por qué aceptar que se utilicen fotos de niñas para crear imágenes sexualizadas generadas por IA”. Por eso, dijo, el foco cambia de lado. “Las plataformas tendrán que demostrar que son seguras. Porque no se trata de que nuestros menores accedan a las redes sociales. Se trata de cuándo y cómo permitimos que las redes sociales accedan a los menores”. Von der Leyen tiene claro que las redes están robando la infancia y asume que eso tiene que terminar. El scroll infinito, repiten en Bruselas, no es compatible con una sociedad sana, crítica, bien informada y con su salud mental protegida.
Ursula von der Leyen cree también que lo mejor para Europa es tener buenos amigos. No muchos, buenos. Y ahí entra Canadá. El debate fue también la versión literal del «bienvenido Mr. Carney» que se empezó a dibujar no hace mucho en el foro de Davos. Es la confirmación, el saludo entre la presidenta y el primer ministro canadiense, de que Europa ha cambiado de aliado al otro lado del Atlántico. En su día fue un aviso para Trump, ahora es una rúbrica que, en realidad, no preocupará demasiado en la Casa Blanca.
Todo fue amabilidad y sonrisas con un Carney que se dirigirá este jueves a la Eurocámara, pero que recibió el calor del plenario desde el minuto cero. “Vemos el mundo con los mismos ojos: desde la inteligencia artificial hasta el cambio climático, desde el Ártico hasta la geopolítica. Y nos hemos mantenido unidos: en lo relativo a Ucrania, a la defensa, a las materias primas y a las cadenas de suministro. Pero, sobre todo, querido Mark, Europa y Canadá creen en la democracia”, recalcó Von der Leyen. Y por eso presentó a Canadá como “el primer miembro asociado a la UE”, en un formato que todavía no queda claro ni se contempla en los Tratados. Promesa vacía, quizá, que todavía está ‘verde’, también. Pero que se centra en lo importante en estos discursos: el mensaje.
“¿Queremos una Europa independiente o dejaremos que nos dividan?”, se preguntó la presidenta de la Comisión, que reclamó al mismo tiempo que Europa decida “su propio destino” frente a los autoritarismos. No habló ahí de Putin -vagamente de Rusia-, ni de las ínfulas de Trump, casi ni de Xi, aunque China sí tuvo espacio en la parte de competitividad. La alemana quiso dibujar a la UE como una idea de fondo inamovible, pero a la que no le queda más remedio que adaptar la forma a lo que pide el mundo actual. En realidad, Von der Leyen ve las oportunidades de la IA, pero no quiere que el futuro lo decidan ChatGPT, una publicación de Facebook, el motor Toyota o los drones iraníes.
