Publicado: abril 2, 2025, 2:00 am
El entusiasmo inicial del subsecretario Eduardo Clark por hacer una buena compra consolidada de insumos médicos y superar de una vez por todas el desabasto, se ha ido diluyendo conforme pasan los meses; es inocultable que el tiempo y las circunstancias le han permitido irse percatando del abismal reto que asumió, de todos los factores que están fuera de su control y de la compleja realidad del sistema público de salud.
El punto es que no se cumplió el compromiso de resolver el abasto en marzo del 2025. Ayer 1 de abril Clark reportó que se han solicitado 381 millones de unidades de medicamentos, reactivos, dispositivos, para dos meses de abasto, y han recibido 233 millones de piezas. Verificamos un reporte del Instituto Farmacéutico (Inefam), y encontramos que las cifras no checan con las cuentas que nos hacen las autoridades.
Si consideramos la investigación de mercado inicial a fines del año pasado, ellos mismos calcularon que para 2025-2026 se requería adquirir un total de 3,142 millones de piezas de medicamentos y 1,748 millones de piezas de dispositivos. La suma son 4,900 millones de insumos de salud para dos años de 26 instituciones incluidas. Unos 2,450 millones por año.
Ante esa cifra original, la realidad es que las 381 millones reportadas ayer por Clark como solicitadas representan apenas 15% de las necesidades del sistema. Y las 233 millones que mencionó como piezas entregadas, menos del 10%.
En la industria es sabido que IMSS, ISSSTE y demás instituciones han estado haciendo pedidos cada una por su lado para resolver las carencias. Lo adquirido aún no llega, pero aparte, lo que abarcó la compra consolidada no necesariamente cubre todo lo necesario.
Desde un principio, los actores que conocen bien el sector salud y sus complejidades sabían que el Gobierno era demasiado optimista; claramente no tenían claros muchos factores de los que después se fueron percatando y saliendo a la luz. Tras el fallo se vinieron muchos baldes de agua fría de realidad.
En principio, la deuda multimillonaria dejada por el extinto Insabi con la industria proveedora. Nos dicen que fue un factor sorpresa para el subsecretario Clark. La actual administración lo tuvo que resolver y asegurar que IMSS Bienestar se comprometiera a hacerse cargo. Eso generó retrasos. Como parte de lo mismo la firma de contratos se tardó demasiado; debió haber sido en enero, pero en marzo aún seguían con eso.
Luego vinieron las “equivocaciones”, como llamó Clark a las decisiones de Birmex de asignar a muchas empresas que no dieron las ofertas de mayor valor, dejando fuera a las proveedoras que perdieron pese a dar la mejor opción mismas que al final terminaron metiendo reclamaciones, y ahí siguen atoradas. Se terminó corriendo al director de Birmex y otros funcionarios, pero este nudo está muy enredado porque no es legal que en el fallo el Gobierno asigne a una empresa y luego se eche para atrás; simultáneamente las empresas proveedoras reclamantes tienen todo para evidenciar que su oferta era la mejor. Es donde entra Raquel Buenrostro -cuyo estigma contra la industria es conocido- quien desde la Secretaría Anticorrupción debe determinar la salida en cada caso particular.
Clark ha dicho que son 175 las “claves en pausa”; se entiende que por las equivocaciones de Birmex. Argumenta que no hay perjuicio al erario porque esas piezas aún no se han comprado. Lo que no considera el subsecretario es el perjuicio a los pacientes que han dejado de recibir sus terapias por ese atorón y que lo más seguro han tenido que comprarlas de su bolsillo, si es que las encuentran en farmacias privadas.
Total que es solo un pequeño recuento de un camino empedrado muy estropeado que ha sido el séptimo intento de una nueva compra consolidada para el sector salud. El 2o piso de la 4T quiso volver a empezar de cero, no tomó nada de lo aprendido el sexenio pasado, y tenía amplias razones para desconfiar, pero tras un sexenio de tropiezos la curva de aprendizaje para resolver el desabasto en salud otra vez volvió a empezar. La diferencia es que ahora el nuevo equipo es más preparado y no prejuiciado; esperemos que este nuevo intento sea el definitivo y que dé solución a médicos y pacientes.
IMSS Bienestar y el problema de los quirófanos
A Alejandro Svarch, titular de IMSS Bienestar, le faltó precisar cuánto se invertirá este año en rehabilitar los quirófanos de 99 unidades médicas, que ayer anunció será el principal programa de infraestructura del organismo este año. Ahora se entiende por qué los hospitales generales y regionales de tercer nivel están saturados. Deberían centrarse en alta especialidad, pero les llegan todo tipo de necesidades, incluidas las que podrían resolverse en clínicas pequeñas o de segundo nivel. Así que hace mucho sentido la medida. Aunque lo ideal sería mirar hacia un Plan Nacional Quirúrgico como expone en su artículo reciente aquí Antonio Ramos-De la Medina sobre la oportunidad que como país tenemos de revertir la desigualdad histórica en el acceso a cirugías.
La ética farmacéutica y los 20 años de Cetifarma
Hoy se prevé que el secretario David Kershenobich clausure el foro Autorregulación y Transparencia del Consejo de Ética y Transparencia de la Industria Farmacéutica (Cetifarma) que preside Juan Millán, con un nutrido programa sobre el abordaje de la ética en la realidad de la medicina actual. Por cierto que en el evento ayer el director de Investigación Científica en Proyectos de Salud, Sergio Iván Valdés-Ferrer, en representación del secretario Kershenobich, dijo que no se puede entender un sistema de salud sin la industria farmacéutica; y de ahí la política de puertas abiertas en la Secretaría de Salud cuyas prioridades enlistó: promoción de la salud, prevención, diagnóstico y atención oportuna de enfermedades crónicas, así como el fortalecimiento de la vacunación universal, mayor seguimiento a mujeres embarazadas y la investigación como vector de una mejor salud. Mencionó algunos mecanismos mixtos de colaboración como el Plan de aceleración para comités de investigación que incluye el acuerdo firmado entre Cofepris y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para acelerar los procesos regulatorios de investigación.
En tuberculosis, la tecnología cambia el juego
La tuberculosis hoy sigue muy presente. Cada día 3,500 personas mueren en el mundo por complicaciones de esta enfermedad; en México los casos van en aumento: más de 3,700 confirmados en lo que va de 2025, según el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica. El gran enemigo sigue siendo el diagnóstico tardío, pero la tecnología molecular está cambiando el panorama. BD MAX -ya presente en hospitales clave como el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias “Ismael Cosío Villegas”- reduce el tiempo de detección de 2 a 4 semanas con capacidad para analizar hasta 900 muestras diarias, lo que lo hace referente en diagnóstico de tuberculosis. Diagnósticos más rápidos significan tratamientos inmediatos, menos contagios y mayor control.