Publicado: junio 11, 2026, 6:00 am
La imagen de extrema delgadez que a menudo se asocia con juventud, disciplina o incluso longevidad vuelve a alimentar un ideal engañoso: que cuanto más delgado se está, más saludable se es. Sin embargo, especialistas en medicina preventiva y longevidad advierten de que una apariencia muy delgada no siempre refleja un buen estado de salud y, en muchos casos, puede esconder desequilibrios metabólicos, pérdida de masa muscular o hábitos poco sostenibles.
Existe un contraste evidente entre un rostro extraordinariamente preservado y un cuerpo de delgadez extrema, con muy poca grasa subcutánea visible en cuello, clavículas, brazos y hombros. Para los especialistas, ese contraste no es un detalle estético: es un síntoma.
Falta de coherencia entre rostro y cuerpo
El Dr. Ángel Durántez, pionero en España de la Medicina Preventiva Proactiva y de la Age Management Medicine y al frente de Clínica Neleva, es contundente: «Cuando vemos un rostro muy sostenido sobre un cuerpo extremadamente delgado, lo que estamos viendo no es éxito, es desequilibrio. La pérdida marcada de grasa subcutánea y, sobre todo, de masa muscular a partir de cierta edad se asocia con sarcopenia, mayor fragilidad ósea, peor respuesta inmunológica y un envejecimiento biológico acelerado. Más delgado no es necesariamente más saludable».
Tal como recalca el experto, en medicina de longevidad insisten siempre en lo mismo: «El músculo es el órgano de la longevidad y, por tanto, no se trata de pesar menos, se trata de tener más masa muscular, mejor densidad ósea, buenos marcadores metabólicos y energía para vivir. Un cuerpo que ha renunciado a su soporte natural por motivos estéticos está envejeciendo peor, aunque la cámara diga lo contrario».
Cuatro pilares reales de salud, entre ellos el sueño
La Dra. Tanya Álvarez, doctora en Medicina y especializada en Genética Humana y Medicina Genetista por la Universidad de Valencia, experta en Longevidad y Medicina de Precisión de ZEM Wellness Clinic Altea, devuelve la conversación al terreno donde, según los expertos, debería estar: «En consulta no hablamos de aparentar menos años, hablamos de cuatro pilares medibles: nutrición, sueño, gestión del estrés y estilo de vida. Ahí se juega el envejecimiento real«, dice.
Una nutrición de calidad -antiinflamatoria, con suficiente proteína, con micronutrientes adecuados- no es una dieta restrictiva; es justo lo contrario. Cuando una persona reduce drásticamente el aporte calórico y graso durante años, el cuerpo y el cerebro pagan un precio que se ve en los biomarcadores», afirma la doctora.
Por otro lado, hay que atender al momento de irse a dormir. «El sueño profundo es donde se regenera el sistema inmune, donde se consolida la memoria y donde el cuerpo repara tejidos. La gestión del estrés crónico es la diferencia entre inflamarse o no inflamarse, entre envejecer rápido o despacio. Y el estilo de vida -el movimiento diario, la red social, el propósito vital- pesa más en la longevidad que muchos tratamientos sofisticados. No queremos pacientes que parezcan jóvenes a los 60, queremos pacientes que lleguen con energía, autonomía y cabeza a los 80. Eso es longevidad y lo demás es marketing», concluye Álvarez.
Cuando el envejecimiento estético se convierte en una preocupación, la respuesta no es acumular tratamientos, sino diseñar un plan médico personalizado. Reajustar con cabeza significa partir de un diagnóstico integral: análisis de composición corporal, marcadores metabólicos e inflamatorios, perfil hormonal, calidad del sueño, nivel de actividad física, edad biológica frente a edad cronológica, y un acompañamiento sostenido en el tiempo.
