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Los abogados de Christa Pike avisaron nueve meses antes de que padecía una forma rara de cáncer que ponía en riesgo su ejecución

Publicado: noviembre 4, 2026, 9:30 am

Nueve meses antes de que Christa Pike sobreviviera a dos intentos de ejecución mediante inyección letal en Tennessee, sus abogados ya habían advertido de los riesgos médicos que entrañaba el procedimiento. En una denuncia presentada el 8 de enero de 2026, los letrados alertaron de que la reclusa padecía un trastorno sanguíneo poco común, posiblemente relacionado con una forma de cáncer, que podía convertir su ejecución en un proceso especialmente doloroso y peligroso.

La queja, recogida por la revista estadounidense People, sostenía que llevar a cabo la ejecución en esas condiciones supondría una vulneración de las enmiendas Primera, Octava y Decimocuarta de la Constitución estadounidense. En concreto, los abogados consideraban que cualquier intento de administrarle los fármacos por vía intravenosa tendría muchas probabilidades de provocar «dolor y sufrimiento innecesarios y adicionales, terror y deshonra».

Según el escrito, Pike presentaba un recuento de plaquetas significativamente elevado, probablemente como consecuencia de un trastorno mieloproliferativo, una enfermedad poco frecuente que afecta a la producción de células sanguíneas en la médula ósea.

Los letrados advertían de que esta alteración, conocida como trombocitosis, podía aumentar el riesgo de que desarrollara un edema pulmonar grave durante la ejecución. Esta complicación consiste en una acumulación de líquido en los pulmones que puede dificultar gravemente la respiración y provocar una sensación de asfixia.

«Una forma inequívoca de tortura pura y dura»

«Un edema pulmonar no es simplemente doloroso o incómodo; puede crear una sensación de asfixia o ahogamiento que los expertos han comparado con la sensación inducida intencionalmente mediante la práctica del ahogamiento simulado, una forma inequívoca de tortura pura y dura», sostenía la denuncia de los let.

Además de los problemas sanguíneos, los abogados señalaron las dificultades que tenía Pike con las vías venosas. El documento recogía que la reclusa contaba con antecedentes de problemas durante las extracciones de sangre y la inserción de agujas. De hecho, el personal médico de la prisión utilizaba habitualmente una aguja de mariposa para extraerle sangre, un dispositivo que, según sus letrados, podía reducir el riesgo de complicaciones.

Por ello, reclamaron que se empleara este tipo de aguja durante el procedimiento, al considerarla «una alternativa viable y de fácil implementación» para evitar sufrimientos adicionales.

La denuncia también cuestionaba el protocolo de ejecuciones recientemente actualizado en Tennessee, al considerar que no garantizaba a los abogados acceso telefónico inmediato antes y durante el procedimiento. Los letrados defendían que disponer de esa comunicación era imprescindible para poder contactar con los tribunales si surgía algún problema durante la ejecución.

Algunas de las advertencias terminaron adquiriendo especial relevancia el pasado 30 de septiembre. Ese día, el equipo encargado de ejecutar a Pike habría tenido dificultades para encontrar vías intravenosas que funcionaran correctamente antes de administrarle dos rondas de fármacos. La reclusa sobrevivió al procedimiento y tuvo que permanecer hospitalizada durante diez días.

Una nueva batalla judicial

Christa Pike fue condenada a muerte por el asesinato de Colleen Slemmer, una compañera de 19 años del programa de formación profesional al que ambas asistían en Knoxville (Tennessee). En enero de 1995, Pike, que entonces tenía 18 años, atrajo a Slemmer a una zona boscosa junto a otros dos jóvenes y la torturó y apuñaló hasta matarla. El crimen estuvo marcado por su extrema violencia. La víctima sufrió numerosas heridas y los investigadores encontraron una «P» grabada en su pecho. Pike fue declarada culpable y condenada a muerte en 1996, convirtiéndose en la primera mujer ejecutada en Tennessee en 200 años y en la decimonovena mujer ejecutada en la historia moderna de Estados Unidos.

Tras recibir el alta después de sobrevivir a las dos inyecciones letales, Pike regresó al Centro de Rehabilitación Debra K. Johnson, donde permanece bajo custodia y pasa la mayor parte del día en aislamiento.

Sin embargo, sus abogados han abierto un nuevo frente judicial. Han presentado una moción de emergencia para impedir que Pike regrese al módulo en el que estaba encarcelada antes de la ejecución fallida, al considerar que existe un riesgo para su seguridad debido al «historial de agresiones» de otros presos.

La defensa también ha solicitado poner fin a su confinamiento solitario. Se espera que ambas partes expongan sus argumentos ante el tribunal esta semana, en un nuevo capítulo de la batalla legal de Pike tras sobrevivir a la ejecución.

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