Publicado: julio 11, 2026, 4:00 pm
Con la llegada del verano, las vacaciones y el tiempo libre es posible que salgamos más y que bebamos más alcohol. Aunque es ampliamente conocido el daño que las bebidas alcohólicas provocan en nuestro organismo, siguen teniendo gran aceptación.
Un buen método para conocer estos daños es saber qué efecto tiene, paso a paso, el alcohol en nuestro cuerpo, desde que damos el primer trago hasta que la cosa se va de las manos.
Sally Adams, profesora asociada de psicologÃa en la Universidad de Birmingham y experta en alcoholismo, explica al Daily Mail que «debido a las sustancias quÃmicas que libera en el cerebro, el alcohol está perfectamente diseñado para ayudarte a relajarte».
«Las primeras copas sientan de maravilla porque una de las primeras partes del cerebro que se ve afectada es la corteza prefrontal, que se encarga de tomar decisiones y de pensar en lo que tienes que hacer mañana. Básicamente, esa corteza se va desactivando poco a poco«, prosigue.
Pero esto dura poco. A medida que avanza la tarde o la noche, el alcohol comenzará a afectar otras regiones del cerebro, incluidas las relacionadas con el lenguaje y la coordinación, razón por la cual las personas comienzan a arrastrar las palabras y tienen mayor riesgo de caerse.
«El alcohol es una droga bastante dañina, porque afecta a muchos sistemas quÃmicos diferentes de nuestro cerebro», afirma Matthew Parker, profesor asociado de neurociencia en la Universidad de Surrey.
«Actúa como un estimulante porque afecta a los sistemas que provocan una mayor sensación de energÃa. Pero en concentraciones elevadas, ralentiza los tiempos de reacción, dificulta la concentración y provoca un juicio deficiente», añade Parker.
«El consumo excesivo y agudo de alcohol también afecta la señalización eléctrica del corazón. Si tienes 21 años, es probable que tu corazón pueda soportar un poco de estrés, pero para las personas susceptibles, esta combinación puede ser problemática«, prosigue el profesor Parker.
Otro efecto que se nota conforme bebemos más y más es la volatilidad y la agresividad, ya que altera nuestra percepción de las emociones ajenas. Adams cita estudios que revelan que cuanto mayor es el nivel de intoxicación, mayor es la probabilidad de que una persona malinterprete las expresiones faciales: «De ahà surge todo este asunto de ‘¿Me estás mirando?», explica. «Se debe a que el cerebro interpreta erróneamente un rostro como si estuviera enfadado», dice.
La tolerancia al alcohol depende de cada persona. En algunas personas, las concentraciones elevadas de alcohol en sangre tienen un efecto más rápido y significativo, por lo que debemos estar atentos a las señales de alerta cuando alguien se encuentra en una situación grave.
«Si alguien ha estado bebiendo todo el dÃa y está muy confundido, y arrastra tanto las palabras que no puede hablar ni levantarse, deberÃas llamar a una ambulancia«, dice Sally Adams.
Sin embargo, en general, el cuerpo tiene una notable capacidad de recuperación y el doctor Parker afirma que es poco probable que un episodio de consumo excesivo de alcohol tenga efectos a largo plazo. En cambio, provocará una resaca con sÃntomas como dolores de cabeza y ansiedad, que pueden persistir durante algunos dÃas.
Esto se debe en parte a que el alcohol interrumpe las últimas fases del sueño, lo cual ocurre especialmente en el caso del consumo excesivo de alcohol, ya que el cuerpo seguirá metabolizando el alcohol consumido durante el dÃa a lo largo de la noche.
Es más, si bien inicialmente altera la producción de sustancias quÃmicas cerebrales de una manera que te hace sentir más relajado y con una sensación de euforia, tu cerebro se ve privado de muchas de estas sustancias quÃmicas durante los dÃas siguientes, lo que provoca bajo estado de ánimo, inquietud y ansiedad.
El consumo excesivo de alcohol también puede debilitar el sistema inmunológico durante 24 horas o más, por lo que es posible que contraigas un virus.
Sam Royle, investigador de la resaca en la Universidad de Salford, explica que la respuesta continua del sistema inmunitario a una toxina llamada acetaldehÃdo, un subproducto que se genera cuando el hÃgado metaboliza el alcohol, es la causante de los sÃntomas posteriores a un exceso de alcohol, como la fiebre y las náuseas.
«Cuando se consume alcohol en exceso, se produce una respuesta inflamatoria sostenida del sistema inmunitario», concluye Royle.
