Publicado: junio 2, 2026, 3:30 am
La primera encÃclica de León XIV merece ser leÃda más allá de las fronteras del catolicismo. Magnifica Humanitas, publicada en el 135.º aniversario de la Rerum Novarum, aborda la inteligencia artificial (IA) y ofrece una reflexión de fondo sobre cómo preservar la centralidad de la persona en una época en que las tecnologÃas transforman la economÃa, el trabajo y la vida cotidiana.
La continuidad con León XIII no es solo nominal. Asà como Rerum Novarum respondió a los desafÃos de la revolución industrial, León XIV pretende aplicar los principios de la doctrina social de la Iglesia a la nueva economÃa de los datos, los algoritmos y la automatización. El paralelismo otorga al documento una indudable relevancia.
Sin embargo, el debate no puede limitarse a los riesgos. La historia muestra que los grandes avances cientÃficos y tecnológicos han sido, en términos generales, fuente de progreso y emancipación. Desde la máquina de vapor hasta internet, cada revolución despertó temores comprensibles y destruyó empleos, pero también creó nuevas ocupaciones, amplió las capacidades humanas y mejoró las condiciones de vida de millones de personas. No hay razones para excluir a priori que la IA pueda hacer lo mismo.
Ahora bien, existen elementos nuevos que no permiten aplicar mecánicamente las lecciones del pasado. La velocidad del cambio es extraordinaria; lo que antes requerÃa décadas sucede hoy en meses. La opacidad de muchos sistemas dificulta su control democrático. Y, sobre todo, la concentración del poder alcanza niveles inéditos. OpenAI y Anthropic, las dos grandes protagonistas de esta revolución, poseen valoraciones económicas superiores al PIB de numerosos paÃses. Cuando León XIV advierte contra el riesgo de que la IA quede «en manos de unos pocos», no formula una abstracción moral, sino una descripción bastante precisa de la realidad.
Por otro lado, la encÃclica reclama una auténtica «ecologÃa de la comunicación», en la que el periodismo refuerce su función cÃvica. Por primera vez, millones de personas disponen de herramientas capaces de localizar información y contrastar fuentes en segundos. En una época de relatos emocionales, acercar el debate público a los hechos objetivos es una oportunidad democrática de primer orden. A condición, claro está, de que la IA permanezca siempre anclada en evidencias verificables y en los principios del método cientÃfico.
La IA ha llegado para quedarse. La responsabilidad de la polÃtica consiste en establecer cauces, no levantar diques. En este punto, la reflexión de León XIV aporta un recordatorio oportuno: el progreso tecnológico solo adquiere pleno sentido cuando está al servicio de la dignidad humana, no como eslogan, sino como criterio polÃtico concreto.
