Publicado: abril 25, 2026, 6:00 am
Las siestas excesivas, especialmente por la mañana, se asocian con tasas de mortalidad más altas en adultos, según un estudio de cohorte prospectivo del investigadores del ‘Mass General Brigham’ y el ‘Rush University Medical Center’ (ambos en Estados Unidos), que ha sido publicado en ‘JAMA Network Open’.
El estudio, realizado sobre el seguimiento de 1.338 adultos mayores durante un máximo de 19 años, en los que se han analizado sus hábitos de siesta y las tasas de mortalidad asociadas. Descubrieron que las siestas más largas, frecuentes y matutinas se asociaban con mayores tasas de mortalidad. «El exceso de siestas en la edad adulta se ha relacionado con la neurodegeneración, las enfermedades cardiovasculares e incluso una mayor morbilidad, pero muchos de estos hallazgos se basan en los hábitos de siesta auto-informados y omiten datos como la frecuencia y la frecuencia de dichas siestas», expone el autor principal, Chenlu Gao, doctor en filosofía e investigador del Departamento de Anestesiología del Mass General Brigham, que también es investigador asociado de la División de Trastornos del Sueño y Circadianos del Departamento de Medicina. «Nuestro estudio es uno de los primeros en demostrar una asociación entre los patrones de siesta medidos objetivamente y la mortalidad, y sugiere que el seguimiento de estos patrones tiene un enorme valor clínico para detectar precozmente problemas de salud», advierte el investigador.
Entre el 20 y el 60% de los adultos mayores toman siestas. Si bien las siestas ocasionales pueden ser reparadoras, las siestas excesivas durante el día en la vejez se han relacionado con una amplia gama de problemas de salud. A pesar de estas asociaciones, la relación entre las siestas y la salud en las personas mayores ha sido poco estudiada, y los estudios existentes carecen de datos objetivos sobre los patrones de siesta, la hora del día en que se toman y las variaciones en dichos patrones a lo largo del día.
Los investigadores del Mass General Brigham recurrieron a los datos del Proyecto Rush sobre Memoria y Envejecimiento, que comenzó en 1997 como un estudio de cohortes centrado principalmente en la cognición y la neurodegeneración de personas mayores, en su mayoría blancas, del norte de Illinois. A partir de 2005, los participantes llevaron monitores de actividad en la muñeca durante 10 días para medir los datos de actividad y descanso. El equipo extrajo los patrones de sueño de los extensos datos de actividad y descanso y analizó la duración, la frecuencia, la hora del día y la variabilidad diaria de las siestas. Y ya para 2025, se habrían recopilado datos de 19 años de un total de 1.338 participantes.
Cada hora adicional de siesta diurna por día se asoció con un riesgo de mortalidad aproximadamente un 13% mayor, cada siesta extra por día se asoció con un riesgo de mortalidad aproximadamente un 7% mayor, y quienes dormían la siesta por la mañana tuvieron un riesgo de mortalidad un 30% mayor en comparación con quienes dormían la siesta por la tarde.
Los patrones de siesta irregulares no se asociaron con ningún aumento del riesgo de mortalidad. «Es importante señalar que se trata de una correlación, no de una relación causal. Las siestas excesivas probablemente indiquen enfermedades subyacentes, afecciones crónicas, trastornos del sueño o desregulación circadiana». «Ahora que sabemos que existe una fuerte correlación entre los patrones de siesta y las tasas de mortalidad, podemos justificar la implementación de dispositivos portátiles para evaluar las siestas diurnas, con el fin de predecir problemas de salud y prevenir un mayor deterioro», expone Gao.
