Publicado: diciembre 22, 2025, 9:30 am
A estas alturas es bien sabido que la temporada navideña dentro de la familia real británica comienza mucho antes de la propia Nochebuena. No hay más que comprobar cómo cada año, en especial después de que anunciase su cáncer y su tratamiento, el concierto de villancicos de Kate Middleton obtiene mayor popularidad. En este 2025, además, su primogénito y futuro rey, el príncipe George, ha dado un paso de gigante, pues ha acompañado a su padre en su visita al centro de acogida The Passage para colaborar en la elaboración de un almuerzo navideño.
Se trata de un gesto, a juzgar por las imágenes del heredero, junto a su padre, el príncipe Guillermo de Inglaterra —que además le cedió el protagonismo a su hijo—, realizando tareas culinarias sencillas, que conecta a varias generaciones de la familia, pues su abuela, la princesa Diana de Gales ya visitó el mismo centro en 1993. Pero no es solo el haber recuperado institucionalmente la figura de Lady Di en una etapa tan dada a la solidaridad —de hecho, se ha destacado en el mensaje el compromiso de la organización con las personas sin hogar— el único cambio en la familia real británica para estas fechas.
Porque, tal y como han detallado desde Vanity Fair, son varios los cambios que se ha planteado Carlos III de Inglaterra con respecto a las tradiciones de la monarquía para Navidad, con especial hincapié a todo lo que rodea a reunión que realizan los Windsor por estas fechas en Sandringham y partiendo de la base, como ya era de sobra sabido, de que no estarán ni el príncipe Harry ni Meghan Markle ni sus hijos, que de nuevo se quedarán en California.
Porque no serán las únicas ausencias. Se repetirá, y este año con más necesidad si cabe por la nula popularidad entre la población, la no invitación a la comida de Andrés Mountbatten-Windsor, habida cuenta de que en 2025 se le ha despojado de absolutamente todos sus títulos, incluido el de príncipe, amén de que para el monarca su hermano menor ha sido un quebradero de cabeza. Es vox populi que el soberano no quiere que en su reinado acabe teniendo más preponderancia la relación de Andrés con Jeffrey Epstein que las medidas que está tomando.
Por ello, ni Andrés ni su exesposa, Sarah Ferguson, estarán en Sandringham, elucubrándose que, con toda seguridad, decidirán pasar juntos sus últimas navidades en la casa que hasta ahora han ocupado, Royal Lodge, y que habrá de abandonar nada más comience 2026. Pero sus huecos en la mesa sí estarán ocupados, dado que Carlos III sí ha invitado a sus sobrinas, Beatriz y Eugenia, en un gesto evidente del apoyo de la institución a ambas, dado que no solo el monarca, sino su hijo, pretenden que sean importantes activos de La Firma en ambos reinados.
Además, a pesar de que fuentes internas que habían hablado con el citado medio puntualizaban que el monarca había invitado a la familia de la reina Camila —una Navidad que se extienda a otras familias allegadas los Windsor que Carlos III pretende implantar—, su propio hijo, Tom Parker Bowles, ha desmentido la información, asegurando que ni él ni su hermana Laura pasarán la Navidad en Sandringham, donde además es costumbre que el servicio se retire a sus aposentos para que la familia se reúna en torno al televisor después de comer para ver el discurso de Navidad del monarca.
Quienes a buen seguro estarán, por tanto, son los príncipes de Gales y sus tres hijos, el príncipe George, la princesa Charlotte, el príncipe Louis, así como los hermanos del monarca: la princesa Ana y su familia y el príncipe Eduardo y Sofía, duques de Edimburgo, y sus hijos. Eso sí, queda por saber cómo lo harán el príncipe Guillermo y su esposa, dado que anteriormente han vuelto a Anmer tras la misa para comer también con la familia Middleton, teniendo dos reuniones para celebrar la Navidad por duplicado.
Una fuente real ha añadido en declaraciones al citado medio que Carlos III ha querido reducido el nivel de exigencia de la vestimenta en Sandringham, por lo que es posible que no todos los miembros luzcan sus mejores galas en el tradicional paseo del día de Navidad en el que van andando a la iglesia y en el que muchos habitantes suelen acercarse para ver a los Windsor —y sus sombreros, obligatorios entre las mujeres—. «Solía ser una pesadilla ir a Sandringham porque había muchos cambios de ropa, a veces hasta seis al día. Pero el rey lo ha suavizado. No habrá tantos, pero eso sí todo el mundo vestirá de etiqueta en la cena de Navidad», ha afirmado la fuente.
Lo que no va a cambiar será el plato principal de la cena, un pavo con toda su guarnición, ni la colocación de los regalos en mesas mkuy cercanas y rodeados de motivos festivos, como galletas navideñas. «Las mesas ya están preparadas y los regalos de los adultos colocados con sus nombres. Los regalos de los niños sí van debajo del árbol y siempre hay regalos de broma. Como cuando la princesa Ana le regaló a Carlos un felpudo. Pero los presentes suelen ser siempre muy prácticos», ha declarado el informante, que sí ha detallado cómo estos días la familia real sí que opta por ser algo ostentosa, de ahí que Carlos a veces peque de «extravagante», quizá herencia de su difunta abuela, la reina madre, mientras que Isabel II era «bastante frugal».
Por último, llegarán los regalos para el personal. «Solía regalar una vajilla, platos a juego, platos auxiliares y demás, pero por lotes, así que solo te hacías con la colección completa si permanecías el tiempo suficiente en el servicio», ha revelado la fuente, que ha agregado que el monarca también continúa la tradición materna de agasajar con un pudin de Navidad e incluso un pavo en ocasiones especiales. Tras la celebración, los reyes se marchan a Escocia, donde suelen pasar Año Nuevo.
