Publicado: junio 27, 2026, 8:25 pm
La decisión vital de los padres de traspasar dinero a los hijos para que puedan comprar una vivienda se está consolidando como el salvavidas económico de mayor relevancia en una España con los precios de los pisos disparados y las posibilidad de ahorro en mínimos, habida cuenta de unos sueldos que siguen siendo raquíticos. El esperado momento de la donación no solo llega por la vía de la transferencia dineraria para poder hacer frente a la entrada de la vivienda; también con el traspaso de algún inmueble que tienen disponible para ofrecer esta alternativa. La dinámica en la que ha entrado el mercado inmobiliario está forzando a cada vez más padres a prestar este auxilio financiero que ya alcanza un número tan redondo como contundente: 90.000 euros. Es la cuantía del valor de las transferencias dinerarias que autorizan los padres a sus descendientes para este fin, según los datos divulgados por el Banco de España en su último informe anual. Y lo hacen cada vez con más ímpetu. Este tipo de donaciones en vida se han triplicado en seis años, desde las 18.484 de 2019, primer ejercicio completo de Sánchez en la Moncloa, hasta las 62.200 del año pasado. Los padres se están convirtiendo en el trampolín de acceso a la compra de una vivienda a través de estas operaciones dentro del complejo árbol que constituye la crisis de vivienda que atraviesa España, agravada en los últimos años. Así lo constata el supervisor al indicar que estas donaciones «serían un mecanismo que contribuye a racionalizar la coexistencia de hogares jóvenes que se enfrentan a limitaciones en el acceso al crédito hipotecario y el crecimiento de las hipotecas para adquisición de vivienda». Porque para un inmueble con un valor de 150.000 euros, es preciso tener encima de la mesa al menos 45.000 euros. Y no todos los menores de 35 años disponen de esas cuantías preparadas para adentrarse en una adquisición inmobiliaria. Con este apoyo paternal, «se facilita el acceso al crédito hipotecario», constata el Banco de España. La realidad es tan cruda para este colectivo que las hipotecas formalizadas por los más jóvenes apenas representaron un 12,3% de todas las formalizadas a lo largo de 2025. Se rubricaron con un importe que representó el 72% del valor de tasación. Es decir, se trataba de jóvenes que tenían los fondos disponibles para asumir casi un 30% del precio de la vivienda que compraron. Una cifra que revela hasta dónde llega la participación de los padres con esas ayudas monetarias. El reto juvenil no es baladí tal y como están evolucionando los precios. Una vivienda tipo de 90 metros y de obra nueva se vende ya en España por un importe medio de 267.300 euros, según el portal estadístico de los notarios. La de segunda mano se sitúa en los 197.730 euros. Esta circunstancia, unida al déficit entre la oferta y la demanda y los bajos salarios que afectan fundamentalmente a los noveles provocan que la compra de esa primera vivienda se retrase cada vez más. De hecho, según los datos del supervisor, la edad a la que se adquiere una casa se sitúa ya cerca de los 47 años . Entre los jóvenes, solamente el 12% de las adquisiciones de vivienda materializadas corresponden a ciudadanos entre 18 y 35 años. El cambio socioeconómico también llega entre quienes tienen disponible un inmueble y directamente se lo donan a sus hijos sin mediar hipoteca ni ahorros previos. No es una cuestión baladí, habida cuenta de que las donaciones de vivienda se han incrementado un 25% en la era Sánchez. Desde que en 2019 se formalizaron 41.677 operaciones de este tipo, el año pasado se alcanzaron las 52.463 transmisiones inmobiliarias. Este mecanismo se ha convertido en la solución para mitigar las restricciones de ahorro y renta que enfrentan los jóvenes para acceder al crédito hipotecario que, además, con el contexto de incertidumbre geopolítica global han endurecido todavía más los requisitos que piden las entidades. Por ello, las comunidades también han ido ajustando a lo largo de los años su fiscalidad. En la mayoría de ellas se bonifica casi la totalidad de la donación a través de numerosas bonificaciones. La deriva exponencial de las donaciones también responde a un marco tributario cada vez más proclive a realizar estas operaciones. La legislación de la mayor parte de las comunidades autónomas -que son las que tienen la competencia- ha ido desplegando un abanico de beneficios fiscales para reducir al mínimo la cuota a pagar en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones (ISD). Con Madrid encabezando la iniciativa de estas desgravaciones desde hace años, el resto de territorios han ido adaptando sus leyes para minimizar el importe a pagar siguiendo a la capital, sobre todo cuando se trata de operaciones para familiares de primer o segundo grado, donde se registraban los casos más sangrantes económicamente hablando por el pago de este tributo.
