Publicado: enero 5, 2026, 12:30 am
El mundo se ha convertido en una carrera de obstáculos para la Unión Europea. Se han escrito análisis profundos y sesudos sobre lo que debe hacer el bloque comunitario para recuperar su empaque, y 2026 igual que 2025 se antoja un año decisivo para ver qué rumbo toma el proyecto, con la vista puesta en todos los cambios que ya ha habido o que se avecinan a su alrededor: Rusia, Estados Unidos, el papel de China, qué pasará en el flanco sur o cómo se tiene que reformar internamente para ser más ágil y efectiva en sus decisiones. Por tanto, ¿cuáles son los grandes retos de la UE para el año que viene?
De momento, el primer ‘golpe de realidad’ ha sido la intervención de EEUU en Venezuela y el derrocamiento y detención de Nicolás Maduro -ya veremos si del régimen chavista en general-. Y en la Unión las reacciones han sido de todo tipo: desde la tibieza de España hasta la rotundidad de Macron, reclamando la presidencia del país caribeño para la opositora y Nobel de la Paz, María Corina Machado, pasando también por la posición genérica del bloque: no hay reconocimiento de Maduro como presidente desde las elecciones de 2024, pero en Bruselas también piden que se respete el Derecho Internacional después de la incursión militar impulsada por Donald Trump.
Con todo, la UE mantiene una posición delicada en este tema: no puede ni quiere enfadar a Estados Unidos, de quien todavía depende en muchos aspectos como el defensivo y con el que acecha una guerra comercial de manera casi perenne, pero tampoco está a favor de que se derroquen regímenes, por dictatoriales que sean, a través de la fuerza; además, cabe recordar que si bien no todos los países lo hicieron en su momento, el Parlamento Europeo sí validó a Edmundo González como ganador de los últimos comicios.
Precisamente, en general, el gran reto pasa por entender el nuevo modelo global y la relación de Europa con EEUU. «Estados Unidos no cree en el multilateralismo no en el orden internacional basado en normas», reconoció el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. ¿Entonces? Entonces Europa se ha quedado sola. Daniel Gil, analista en The Political Room especializado en UE, explica a 20minutos que lo que dice y hace el presidente de EEUU ya es prueba suficiente: «Donald Trump es el primer presidente estadounidense desde el fin de la Segunda Guerra Mundial que dice que la Unión Europea es un enemigo».
Esto es un giro mayúsculo en lo que suponen las relaciones transatlánticas. El problema es que Europa en este sentido no ha reaccionado, porque veía venir un segundo mandato de Trump y no hizo nada. «La Unión Europea no articuló ninguna estrategia al respecto. Durante el primer mandato la estrategia fue esperar, aguantar el chaparrón, con un primer momento de ingenuidad, basado en que Donald Trump decía muchas cosas y luego la mayoría de ellas no las iba a hacer, que Estados Unidos tenía unas instituciones sólidas, una administración sólida», e incluso momentos «en los que la UE se sintió cómoda», concluye Gil.
El tiempo ha demostrado, en cambio, que Trump «tenía una estrategia clara en lo referente a la Unión Europea, a pesar de sus bandazos». Ahora, con ese plan puesto en marcha, la UE se ha quedado sin margen de maniobra. «Ha declarado como objetivo estratégico la destrucción de la Unión Europea», expresa el analista. Washington ahora se ve como un poder hostil para Europa y por eso cambia la correlación de fuerzas: en Bruselas estaban cómodos bajo el paraguas estadounidense, pero esa red ya no existe. Y por eso resulta prioritario para la UE firmar, por ejemplo, el acuerdo con el Mercosur, cuya rúbrica se aplazó in extremis en diciembre y podría darse este mes de enero, una vez que se superen los vetos y recelos de Francia e Italia.
¿Y qué papel jugará China? Más allá de los evidentes choques por ejemplo en materia industrial o de semiconductores, ya hay países miembros que miran hacia Pekín; es el caso de España, sin ir más lejos. Serán por tanto vínculos de tensiones y pragmatismo al mismo tiempo. Bruselas dice entender el contexto e impulsa medidas para reducir vulnerabilidades en sectores clave como semiconductores, baterías y materias primas críticas, y ha endurecido controles de inversión y exportación para proteger su seguridad económica.
Por su parte, el gigante asiático ha adoptado políticas comerciales más firmes -incluida una revisión de su ley de comercio exterior que entrará en vigor en marzo de 2026- para fortalecer su capacidad de gestión en escenarios de tensiones comerciales, lo que podría chocar con los objetivos europeos de acceso y equidad de mercado. En este contexto, 2026 se perfila como un año en el que la relación será altamente pragmática y competitiva: se mantienen áreas de cooperación económica y climática, pero las discrepancias sobre desequilibrios comerciales, tecnología y seguridad de cadenas de suministro marcarán la agenda política y mediática europea.
Otro gran punto en la agenda seguirá siendo Ucrania. Al mismo tiempo que se sigue mandando apoyo militar -en paralelo con las negociaciones de paz en las que Europa no tiene un sitio como tal en la mesa-, la UE ha decidido enfocarse en el respaldo económico para Kiev. Para eso pactaron los líderes de los 27 lanzar una nueva emisión de deuda común con el objetivo de dotar al Gobierno de Zelenski de 90.000 millones de euros para los años 2026 y 2027; será el año por tanto de sostener ese respaldo, ya sea para la reconstrucción en caso de que la guerra se acabe o para que Ucrania siga contando con servicios básicos y compras militares continuas.
Y la paz, aunque lo parezca, no está demasiado cerca. El 2026 no será el año de la paz y así lo expresó el exministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, en una entrevista con este medio. «Nadie sabe si la guerra acabará en 2026 o en 2027», dijo, mientras la UE buscará en los próximos meses una salida para el uso de los activos rusos congelados en ese apoyo a Ucrania (algo que no será sencillo). Mientras, Trump y Zelenski creen que el acuerdo de paz está listo «al 95%» a falta del estatus del Donbás y de la situación de la central nuclear de Zaporiyia. La UE mira esas negociaciones desde la distancia, aunque con contactos permanentes tanto con Kiev como con Washington… pero no tiene un sitio real en la mesa donde se toman las decisiones.
Por eso la defensa y la competitividad se mantendrán como dos grandes ejes del ‘programa’ anual en Bruselas. Para 2026, los planes de defensa de la Unión Europea se centran en fortalecer la preparación militar, la movilidad de tropas y la capacidad industrial. La UE impulsa inversiones significativas para modernizar capacidades, coordinar esfuerzos de los Estados miembros y estimular la industria de defensa. Un eje central es la creación de un Schengen militar, un espacio de movilidad que busca eliminar barreras normativas y logísticas para que tropas, equipos y material militar puedan cruzar fronteras de forma rápida y segura, armonizando regulaciones, adaptando infraestructuras de uso dual y estableciendo procedimientos de emergencia. Aunque no estará plenamente operativo hasta 2027, en 2026 será un tema clave en la agenda política europea.
Tendrá que vivir la UE en 2026 entre tensiones nacionales y un Parlamento Europeo dividido. Los votos se van escorando hacia la derecha por ejemplo con temas como las simplificaciones -los llamados paquetes ómnibus-, o con los pragmatismos en las legislaciones climáticas o de vivienda, que también coparán parte de la agenda. Todo ello en un escenario en el que los partidos conservadores van ganando fuerza en los gobiernos nacionales. Cala la idea, en general, de que también será el año en el que tenga que abordar el bloque sí o sí sus grandes reformas internas, o al menos empezarlas. Aquí vuelve a aparecer el asunto de la ampliación: Montenegro, de hecho, podría acercarse del todo en el año que empieza a ser nuevo miembro de la UE.
El 2026 de la UE será igual de exigente que ha sido 2025. Se dibuja como un año de consolidación estratégica: reforzar la cohesión interna, avanzar en competitividad económica, responder a tensiones geopolíticas y mejorar la gestión de migración y seguridad serán prioridades claras. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha dicho recientemente que Europa «debe defender sus intereses estratégicos y siempre estar lista para protegerlos». El 2026 dirá si realmente lo está.
