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La Revolución Mexicana ha dejado de ser en blanco y negro

Publicado: julio 28, 2026, 1:00 am

Durante más de un siglo la Revolución Mexicana ha permanecido fijada en la memoria colectiva como un episodio en blanco y negro. No porque el país careciera de color, sino porque así sobrevivieron los registros cinematográficos que documentaron uno de los momentos fundacionales de la historia nacional.

El documental La Bola parte precisamente de esa idea para proponer una nueva manera de apreciar el patrimonio audiovisual no sólo acerca de uno de los sucesos más importantes en la historia de nuestro país sino los preámbulos históricos, desde 1898, y los efectos posteriores, hasta 1932. Todo registrado por la entonces también revolucionaria tecnología fílmica.

Mediante inteligencia artificial, los responsables del filme colorearon, estabilizaron, aumentaron la resolución e interpolaron imágenes de archivos históricos con el propósito de acercarlas a públicos contemporáneos sin perder el rigor documental.

El trabajo en cuestión tuvo su premier mundial durante el arranque del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF). En ese contexto, El Economista conversa con Alfonso Coronel, director y guionista de la pieza, y Gabriela Sandoval, productora.

«Cuando uno piensa la Revolución Mexicana la piensa en blanco y negro; la piensa como algo viejo. Verla en color la vuelve a poner en circulación», explica el director. «No es un trabajo de restauración; es un trabajo de intervención artística”.

La película toma como base más de 15 horas de materiales filmados entre finales del siglo XIX y los primeros años del México posrevolucionario, resguardados por la Filmoteca de la UNAM.

A partir de ellos, explica el realizador, el filme construye un recorrido por los acontecimientos históricos desde una perspectiva poco habitual: la de los propios camarógrafos que registraron la Revolución mientras el lenguaje cinematográfico apenas comenzaba a descubrirse.

La narración corre a cargo de Yalitza Aparicio, pero también aparecen historiadores, periodistas e investigadores especialistas en el periodo, como Soledad Loaeza, Lorenzo Meyer Cossío, Salvador Rueda, Josefina Mac Gregor Gárate, Roger Bartra, Margarita Vázquez Montaño y Alejandra Moreno Toscano.

El resultado, un vistazo inédito a las plazas y calles de principios del siglo XX, con sus palacios, puentes y fortines, todos testigos silenciosos del Porfiriato y los años previos al estallido revolucionario y la revuelta maderista.

Pero el corazón en el relato de La Bola, sin duda, es el pueblo, el titular del apelativo y el mismo que parece que sigue allí afuera, en las calles del país, con la voluntad colectiva por encima de todo, cruzándose en la toma, mirando a la cámara, curioso, incontenible, siempre el verdadero protagonista.

En este trabajo fílmico también es posible reivindicar la relevancia que tuvieran las soldaderas para el movimiento revolucionario, como proveedoras, cuidadoras y combatientes.

La IA que aprendió los colores de México

Pero el mayor desafío de este logro técnico no fue la coloración de las imágenes, sino enseñar a un inteligencia artificial cuáles eran realmente los colores de México. Y los sistemas convencionales de IA, explica Coronel, fueron entrenados principalmente con bases de datos provenientes de otras regiones del mundo. Cuando comenzaron las primeras pruebas, los resultados estaban muy lejos de la realidad histórica.

«Metíamos una imagen mexicana y salíamos demasiado güeritos; no existía el color moreno. Los uniformes aparecían azules cuando eran verdes.»

Para resolver ese problema nació Adelita, un software desarrollado junto con el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la UNAM.

Pero el algoritmo no aprendió solo. El equipo coloreó manualmente más de dos mil fotogramas para entrenar al sistema y después cada escena fue revisada junto con especialistas en historia militar e indumentaria.

«La inteligencia artificial no decidió el color de la historia (…) cada intervención fue resultado de una investigación documental y de un proceso de validación histórica”, lo que demuestra que la IA puede convertirse en una herramienta para ampliar las capacidades creativas, siempre que permanezca bajo supervisión humana y sustentada en conocimiento especializado, afirma Coronel.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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