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La paradoja del empleo: más ingresos, más informalidad

Publicado: junio 10, 2026, 7:00 am

El mercado laboral mexicano muestra síntomas de debilidad. La participación de las mujeres sigue siendo baja, la productividad es incipiente, existe una concentración desproporcionada de micro y pequeñas empresas (muchas de ellas atrapadas en la subsistencia) y el nivel de informalidad es alarmante.

El análisis de la más reciente Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), publicada por el INEGI en julio de 2025, nos ofrece una lectura tan detallada como compleja. El ingreso nacional proviene de cinco fuentes: trabajo, transferencias gubernamentales, renta de la propiedad, otros ingresos corrientes y la estimación del alquiler de la vivienda (un cálculo de lo que costaría la vivienda propia si se pagara renta). Entre 2016 y 2024, el ingreso corriente mensual de los hogares tuvo un comportamiento positivo, al incrementarse aproximadamente un 11%. Sin embargo, los beneficios no se distribuyeron de la misma manera entre todos los hogares y grupos poblacionales.

Por ejemplo, el ingreso de las mujeres aumentó más que el de los hombres (33% vs. 17%). De igual forma, los ingresos del primer decil (el más vulnerable) crecieron 36%, en contraste con el último decil, que cayó cerca de 8%. Sin embargo, la brecha en el ingreso de hombres y mujeres, así como entre el primer y el último decil, sigue siendo abismal. En el primer caso, en 2016 el ingreso de los hombres era 73% mayor al de las mujeres, cifra que se redujo a 52% en 2024. En el segundo, en 2016 el decil diez ganaba 21 veces más que el decil uno; para 2024 esa diferencia bajó a 14 veces.

De las cinco fuentes de ingresos, el trabajo se mantiene como la más importante (66% en 2024), seguida por las transferencias (alrededor del 18%). Y aunque estas últimas crecieron a un ritmo más acelerado en el periodo analizado, el empleo sigue siendo el pilar del sustento familiar.

No todas son buenas noticias. La Población Económicamente Activa (PEA), es decir, las personas en edad laboral que están trabajando o en busca de empleo, se ha mantenido estable durante los últimos nueve años en torno al 60% (salvo el período de la pandemia). Sin embargo, al desglosar el indicador, se vislumbra que el aumento en la participación laboral de las mujeres ha sido precario: apenas 2.2 puntos porcentuales entre 2016 y 2025.

Por otro lado, aunque la estructura económica sigue dominada por la ocupación en el sector formal, el sector informal gana terreno gradualmente. Pasó de representar el 27.1% de la población ocupada en 2016 al 29.2% en 2025. Asimismo, el número de personas en situación de informalidad laboral (aquellas que carecen de seguridad social y prestaciones, independientemente de dónde trabajen) sigue siendo significativamente alto: alrededor del 55% en 2025. Esto va en sintonía con una realidad visible: en los últimos años han proliferado las empresas informales mientras se frena la creación de empleos formales.

Esta tendencia es alarmante. Las desventajas de la informalidad frente a la formalidad son sustanciales en términos de niveles salariales, productividad, acceso a la salud y contribución a la recaudación fiscal, entre otras. Ante este panorama, cabe preguntar: ¿qué desincentiva la formalidad? En términos generales, las empresas evalúan los costos de ser legales contra los beneficios que reciben a cambio. En esa ecuación pesan la carga fiscal, las cuotas de seguridad social, la rigidez para contratar y despedir, y la asfixiante tramitología.

Sin embargo, en México la lista se agrava con factores como la inseguridad (traducida en violencia, robos y extorsiones que operan como un impuesto adicional para las empresas), la mala calidad de los servicios públicos y la corrupción. Es difícil motivar a un empresario a mantenerse en la formalidad cuando no percibe retribución alguna del Estado y cuando impera la sospecha de que la recaudación se malgasta o termina en manos de unos cuantos asociados al poder.

Es verdad que el ingreso de los hogares creció 11%, en promedio, entre 2016 y 2024, y que hubo algunos avances para las mujeres y los sectores menos favorecidos. Sin embargo, mantener esa tendencia será cada día más difícil. El empresariado formal carga hoy, de forma desmedida y en total desventaja frente al informal, con los incrementos al salario mínimo, las cuotas patronales y la presión fiscalizadora del SAT.

¿Cuánto más resistirá el empresariado antes de que la legalidad se vuelva inviable? ¿Existe en el Estado la capacidad y la voluntad real para incentivar la formalidad? Las respuestas son inciertas. Lo que es un hecho es que no habrá bienestar sostenible para los hogares si seguimos ignorando a un mercado laboral que, a todas luces, está enfermo.

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