Publicado: abril 26, 2026, 7:30 pm

-Alístense y afeítense, que los va a atender el comisario…
Incomunicado en El Helicoide se pierde la noción de las fechas y las horas. En condiciones normales son datos elementales: siempre sabemos qué día es, siempre sabemos qué hora es. Y si no, basta con tocar la pantalla del celular o girar la muñeca para ver el reloj. Esa imprecisión en algo tan simple es una de las primeras cosas que llama la atención al escuchar a Freddy Superlano contar el singular episodio de abuso de poder y amedrentamiento del que fueron objeto él, Perkins Rocha y Biagio Pilieri por parte de Tarek William Saab.
Por: Alejandro Hernández | La Gran Aldea
Singular por lo inútil, por sin sentido, porque en realidad ese tipo de cosas y otras peores fueron comunes en sus tiempos como Fiscal General de la República.
Superlano –exdiputado y dirigente de Voluntad Popular–, Pilieri –dirigente del partido Convergencia, exdiputado y exalcalde– y Rocha –abogado, exmagistrado y representante legal del Comando Con Venezuela–; terminaron siendo vecinos en sus celdas de aislamiento en El Helicoide, víctimas de la ola de persecución y detenciones arbitrarias que desató el régimen de Nicolás Maduro tras la jugada maestra que dejó en evidencia su derrota en las elecciones presidenciales de 2024.
Superlano, Pilieri y Rocha tenían en común haber formado parte de la maquinaria de apoyo y coordinación puesta en marcha por María Corina Machado para impulsar la candidatura de Edmundo González. Eran, entonces, culpables. ¿De qué? De aspirar a un cambio democrático, suficiente para ponerlos en la mira de la dictadura.
En esa área de El Helicoide ya estaba Freddy Superlano, a quien un comando de encapuchados apresó el 30 de julio de 2024, apenas a 48 horas de las elecciones. A Perkins Rocha lo secuestraron también hombres no identificados el 27 de agosto. Y a Biagio Pilieri lo agarraron en Caracas, luego de participar en una manifestación contra la intromisión del Tribunal Supremo de Justicia que validó los cuestionados y amañados resultados del CNE que avalaron la estafa de Maduro.
Si bien no podían hablar con los otros detenidos ni con sus familias, ni con sus abogados; al menos había un televisor para matar el insomnio del encierro o para potenciarlo con la programación de VTV… Eso es lo que les permite hoy calcular que la orden de afeitarse y ponerse el uniforme de reos les llegó pasadas las 11 de la noche. Y a esa hora, así de sorpresa, podía ser algo o muy malo o un poco esperanzador, según se vea.
“Me dijeron, ponte la braga azul que hay un jefe grande que quiere hablar contigo”, recuerda Pilieri. Y hace una precisión del área: “Nuestras celdas estaban una frente a la otra, yo con Perkins y al frente estaba la celda de Freddy. A ese pasillo en el que estábamos le decían el pasillo de la muerte, porque ahí estaba la celda donde murió Baduel”.
La instrucción les tomó desprevenidos y vino acompañada de un movimiento intenso de sus custodios que iban y venían afanados y hasta les facilitaron las afeitadoras para la ocasión.
“Nosotros pensamos que a lo mejor era algo del juicio, que sé yo, alguna vaina, ¿no? Tú estás en la expectativa ahí de que todos los días puedes salir”, cuenta Superlano: “Nos afeitamos a los coñazos. Ahí no te dejan tener prestobarba, ellos mismos las buscaron, estaban diligentísimos los tipos para que nos afeitáramos”.
Al salir, en la entrada del Helicoide había un despliegue policial del Sebin que Superlano califica de “brutal”: patrullas con las luces encendidas, funcionarios encapuchados, con armas largas, agitados…
A los tres detenidos les pusieron las esposas con las manos adelante y los hicieron posar de pie –escoltados por agentes encapuchados- ante una pared donde está pintado el búho que forma parte de la iconografía del Sebin. Luego de las fotos tomadas bajo la mirada de al menos dos comisarios importantes de ese cuerpo de inteligencia, los reos, sin saber para dónde irían, fueron conducidos al interior de uno de esos vehículos conocidos internamente como “bambuchas”.
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