Publicado: mayo 23, 2026, 12:30 am
A nadie le ha sorprendido la marabunta que se ha formado en Barcelona ante la llegada de quien ya es, por derecho propio, uno de los artistas más famosos y populares del mundo. Porque Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny, comienza este mismo fin de semana, con dos conciertos consecutivos en el Estadio Olímpico Lluís Companys, su gira española de verano, en el que ofrecerá otros diez conciertos, todos ellos en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid, entre el 30 de mayo y el 15 de junio y para el que se han vendido alrededor de 600.000 entradas.
Otras proeza más para el puertorriqueño que dejase sin palabras a medio mundo —el otro medio se ha sentido más representado por boca de Donald Trump, de quien tanto ha criticado sus políticas migratorias—, hace apenas unos meses con un intermedio de la Super Bowl que fue considerado casi de forma unánime como histórico. Y apenas si tiene 32 años. Insuficientes, quizá, para haber olvidado sus orígenes, razón por la que sigue cantando sobre cómo se crio junto a su familia en el humilde barrio de Almirante Sur, en el municipio de Vega Baja, el cual pertenece al Estado Libre Asociado de Estados Unidos.
Una vida en teoría destinada a ser sencilla que comenzó el 10 de marzo de 1994 en Bayamón, aunque rápidamente su familia se trasladó a la citada comunidad, donde todavía le recuerdan como «el chico que cantaba en el balcón». Porque la música ha tenido un peso importante desde que era pequeño, como la propia estrella ha contado en diferentes entrevistas, como la que dio a GQ. «Mi madre escuchaba baladas de Juan Gabriel, merengue y el Top 40 de la radio», dijo, añadiendo la salsa clásica a esa banda sonora que iría cincelando su oído infantil mucho antes de que conociese la música urbana.
Porque, como confesó, sus padres no le permitían poner reguetón, un género que escuchaba a escondidas, porque son edades en las que lo prohibido llama más la atención. «Lo único que me dejaban escuchar era Vico C, que en ese momento era todavía [música] de la calle. Pero me dejaban escucharlo porque había empezado a hacer música más limpia, pero el primer artista original de verdad de calle que me dejaron escuchar fue Tego Calderón», rememoraría.
Su padre, Benito Tito Martínez, trabajaba como camionero y conductor de autobuses; su madre, Lysaurie Ocasio, era profesora de inglés, y, tal y como revelaría para The New York Times, trabajaban «para mantener» a la familia únicamente, nada de lujos. Sería de hecho Lysaurie quien le daría pábulo a que fomentase esa necesidad artística, también porque eso significaba orientar a su hijo hacia la religión. «Mi madre es muy devota, católica, y desde pequeño me llevaba a la iglesia. Como siempre me ha gustado cantar, la gente de la iglesia me invitó a ser parte del coro de niños», explicó para The Fader.
Aunque de carácter reservado y protector con sus hermanos pequeños, Bernie y Bysael, Benito encontró en la música callejera una forma de expresarse, algo que no ha variado con el paso de los años, apropiándose de elementos tanto del mundo del skate como de la lucha libre. Una época en la que se forma el carácter que a él también le pilló trabajando para ayudar económicamente en casa, dado que para poder seguir estudiando, por unos pocos dólares, fue mozo de un supermercado, ayudando a los clientes a meter sus productos en las bolsas y transportándolos.
Tanto cariño le cogieron que acabó ascendiendo y pasó a ser cajero, lo que le acabó aportando disciplina y un horario más rígido que podía compaginar con ser dependiente en un restaurante de comida rápida. Trabajos modestos y nobles que le sirvieron para seguir en contacto con la gente y que le permitieron tener ratos libres algo más desasosegados para grabar alguna idea o escribir sus letras. Porque por aquella época ya habían llegado a su vida los grandes nombres de la música urbana como Daddy Yankee o Héctor Lavoe, lo que dio pie a que él mismo se animase a improvisar sus primeros freestyles como divertimento para sus amigos y compañeros de estudio.
Aquellos empleos también los pudo compaginar con la universidad, donde ya sí que graba algunas de sus primeras maquetas. Porque no deja de ser curioso que, a pesar de que tenía claro lo que quería ser, estuviese tan lejos de la escena cultural musical de Puerto Rico. Porque Bad Bunny, mientras todavía estudiaba la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo —y seguía trabajando en el supermercado—, iba subiendo sus primeras canciones a la plataforma SoundCloud.
Una estrategia que le funcionó en cuanto apareció Diles, un tema que corrió como la pólvora en Internet y que hizo que se fijase en él el productor DJ Luian, que le contrató para su sello discográfico. Su madre quería que fuese ingeniero; su padre, jugador de béisbol; su maestro, bombero. Y de repente Benito había conseguido con Soy peor su primer gran éxito, un himno en 2016 que acumula a día de hoy ni más ni menos que 1.165 millones de visitas en YouTube.
«A mi madre y a mi padre les encanta mi música, siempre escuchan la radio esperando que suene una canción mía y, cuando sale, suben el volumen y lo bajan cuando termina», reveló para The Fader, ya sí, Bad Bunny, un nombre artístico que, de hecho, proviene precisamente de esa infancia: una fotografía en la que aparecía disfrazado de conejo de Pascua con gesto enfadado en un Domingo de Resurrección. Básicamente, un apodo que resume a la perfección una parte de su vida que no puede olvidar.
