Publicado: mayo 24, 2026, 11:30 pm
El 24 de febrero de 1996, aviones MIG cubanos derribaron dos avionetas pilotadas por cubanos exiliados que auxiliaban a los balseros que intentaban huir de Cuba. El incidente ocurrió en aguas internacionales y los pilotos tenían también nacionalidad estadounidense. Ahora, 30 años después, el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha imputado al exlíder cubano Raúl Castro por el asesinato de aquellas cuatro personas.
En su día, La Habana defendió el derribo como legítima defensa porque, aseguró, los aviones se encontraban en su espacio aéreo. En cambio, Washington sostuvo que las aeronaves estaban sobre aguas internacionales. La Organización de Aviación Civil Internacional le dio la razón a EEUU: el ataque tuvo lugar sobre aguas internacionales.
¿Quién dio la orden? En 2006, salió a la luz una grabación de voz de poco más de once minutos en la que Castro admitía que dio la orden de derribar las dos avionetas. Lo hizo porque en 1996, era ministro de Defensa. «Tumben las avionetas en el mar cuando se aparezcan», se escuchaba en aquel audio.
Eran dos avionetas Cessna C-337 Skymaster. En ellas volaban tres ciudadanos de EEUU, Carlos Costa, Armando Alejandre y Mario Manuel de la Peña, y un residente legal en el país, Pablo Morales. Los cuatro murieron en el ataque. Una tercera avioneta escapó por poco. Aquello desencadenó el embargo de EEUU contra Cuba, vigente hasta hoy.
Luchar contra la dictadura sin violencia
Costa, Alejandre, De la Peña y Morales pertenecían a Hermanos al Rescate, un grupo de pilotos cubanos exiliados, con sede en Miami, hoy ya inactivo. Se describían como un grupo humanitario prodemocrático dedicado a «apoyar los esfuerzos del pueblo cubano a liberarse de la dictadura a través del uso de la no violencia».
La organización Hermanos al Rescate (en inglés, Brothers to the Rescue) fue fundada en mayo de 1991 por José Basulto, un exiliado cubano opositor al régimen. Precisamente, Basulto viajaba en el tercer avión, el que escapó a los disparos cubanos aquel día de febrero de 1996.
Este grupo de activistas estaba integrado por pilotos cubanoamericanos que operaban desde aeropuertos del área de Miami. Su creación se produjo después de que la adolescente cubana Gregoria Pérez Ricardo, quien huyó de Cuba, falleciera por deshidratación severa mientras cruzaba el estrecho de Florida, según contaron.
La desesperación de los balseros
La llamada crisis de los balseros se inició después de que algunos cubanos protestaran contra las restricciones de viaje impuestas por el régimen de Fidel Castro. Ante las protestas, el presidente cubano abrió el puerto de Mariel a cualquier persona que deseara marcharse.
Fue así que el estrecho de Florida se llenó de personas desesperadas. Muchos cubanos intentaban huir de la isla cruzando en balsas improvisadas. Algunos no sobrevivían a la peligrosa travesía en aquellas embarcaciones precarias y rudimentarias.
En EEUU, el gobierno de Bill Clinton modificó las normas de inmigración para disuadir a los cubanos de dirigirse hacia las costas de Florida. Desde Miami, Hermanos al Rescate aseguraba que su misión era buscar y ayudar a esos balseros cubanos que huían lanzándoles provisiones y alertando a la Guardia Costera estadounidense.
Del rescate a la desobediencia civil
Basulto, el fundador, declaró que después de agosto de 1995 habían dejado de ver balseros en el agua. El enfoque del grupo cambió tras las modificaciones en la política migratoria estadounidense. Sus fondos cayeron en picado: de los 1,5 millones de dólares de 1994 a los 320.455 dólares de 1995, según contó Lily Prellezo en su libro Seagull One: The Amazing True Story of Brothers to the Rescue. A partir de ese momento Hermanos al Rescate se centró más en la desobediencia civil contra el gobierno cubano.
En el curso de muchos vuelos, los aviones de la organización hicieron repetidas incursiones en el espacio aéreo cubano. Dejaban caer pancartas y folletos de propaganda anticastrista sobre La Habana y llamaban a una sublevación popular contra Castro.
El régimen consideró aquellas incursiones como violaciones de su espacio aéreo, pero el grupo defendía que se trataba de «actos de resistencia legítima contra el gobierno». Basulto dijo que los folletos se lanzaron sobre espacio aéreo internacional y que el viento los arrastró hasta Cuba.
La Casa Blanca acabó por no ver con buenos ojos las provocaciones de Hermanos al Rescate. De hecho, hubo reiteradas advertencias por parte del gobierno de Clinton sobre los riesgos. Pero Hermanos al Rescate no se detuvo hasta, precisamente, el episodio del 24 de febrero de 1996.
Lo contaron en 2015 William LeoGrande (de la American University) y Peter Kornbluh (del National Security Archive) en su libro Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations between Washington and Havana («Canal secreto hacia Cuba: La historia oculta de las negociaciones entre Washington y La Habana»).
«Solo después del aquel derribo se emitió una orden concreta de cese y desistimiento contra Basulto», se lee en el libro de LeoGrande y Kornbluh, según informa Associated Press. Las operaciones de Hermanos al Rescate fueron vistas como «negligentes o imprudentes» porque ponían «en peligro la vida o la propiedad de terceros».
