Publicado: septiembre 23, 2026, 8:00 am
Desde sus orÃgenes en la antigua Grecia en el año 362 a. C., la economÃa es considerada como una ciencia social que surge a partir de la corriente conductista cuyo objeto es estudiar la mejor manera de administrar los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano.
Es hasta Adam Smith, quien esgrime la propensión natural, que tenemos tanto al intercambio como a la satisfacción de nuestras necesidades, que se comienza a relacionar cientÃficamente con la filosofÃa, la historia, la psicologÃa, el desarrollo y, sobre todo, la ética.
Es justamente a partir de Smith y hasta Keynes, Cortina, Sen, Kahneman y Tirole que de manera indubitable se vincula la economÃa con la ética y la moral y, más tarde, con las emociones asÃ, podemos afirmar que, de siempre, ha estado ligada a la filosofÃa moral.
Ha sido, sin embargo, la economÃa logÃstica la que se ha alejado enormemente de fundamentos esenciales como las virtudes humanas, los conceptos de felicidad, simpatÃa y empatÃa y, desde luego, la ética. Hemos pasado de la noción de administrar recursos escasos al acaparamiento, la sobreexplotación, la ganancia sobre la ganancia y la especulación desmedida, incluso existen postulados de expansión monetaria y supresión del estado como elementos de desarrollo económico, lo que claramente no ha funcionado.
En este momento en el que el mundo enfrenta los retos de rehacer la arquitectura económica global, afrontar los altos niveles de inflación, el sobre endeudamiento de los gobiernos, disminuir los efectos negativos de los conflictos bélicos presentes y futuros y, enfrentar de manera adecuada los retos de la IA y, cerrar la brecha entre pobres y ricos, es pertinente promover desde el ámbito académico, pero sobre todo polÃtico; el regreso de los modelos de desarrollo a los preceptos fundamentales de la filosofÃa moral para volver a entrelazar la economÃa con la ética y la moral.
Lo anterior serÃa la garantÃa de que las teorÃas de desarrollo estarÃan orientadas con un rostro humano alejado del egoÃsmo y la indiferencia.
El momento histórico que vivimos con la formación de dos grandes bloques económicos encabezados por EU y China en pleno ambiente de escaso crecimiento, altos niveles de precios, deuda pública creciente y profunda tensión geopolÃtica, invita a pensar en una economÃa que, ante todo, ponga a la dignidad humana en el centro para servir a las personas y no servirse de ellas bajo los principios de la ética que precisamente le dieron origen en el siglo XVIII y que aún siguen vigentes.
