Publicado: enero 6, 2026, 2:30 am
Sus privilegios son innegables. Su forma de ver el mundo es desde la altura sobre la que se asienta la élite a la que pertenecen. Es harto complicado que pierdan ese estatus en toda su vida, dado que él lo tiene desde su nacimiento y ella por su matrimonio. Y, sin embargo, el príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton tienen claro que sus hijos deben conocer la vida normal, las rutinas del día a día, para que luego comprendan mejor su labor al dedicarse a las obligaciones que acarrea el llevar el apellido Windsor y estar atados a las funciones que habrán de llevar a cabo como miembros de la familia real británica.
Por eso, la crianza del primogénito y príncipe heredero George, de la princesa Charlotte y del benjamín, el príncipe Louis, de 12, 10 y 7 años, respectivamente, es para ellos una prioridad total, demostrando en estos últimos tiempos que si bien no han dejado de lado lo que La Firma ha requerido de ellos, y a pesar de ser dos de los miembros de la monarquía más importantes y de mayor popularidad entre la ciudadanía, su vida familiar pesa más en la balanza que las necesidades de Buckingham Palace. Y, además, abogan ambos porque dicha vida no esté tan centrada en su posición en la sociedad, sino en que sea lo más «normal».
Como explican desde Tatler (en un artículo traducido por Vanity Fair), es vox populi que sus tres hijos ayudan en las tareas más cotidianas, ya sea poner la mesa, fregar los platos o cocinar los platos más sencillos para la cena, puesto que en casa de los príncipes de Gales no tienen ni niñeras en régimen interno, dado que ambos quieren estar presentes en la cotidianeidad de sus vástagos, ni un chef privado fijo —aunque suelen usan servicios de catering para ocasiones especiales o cuando han de viajar—.
«Creo que mucha gente se sorprendería si vieran lo normal que son las cosas en esa casa», ha declarado un informante cerca al periódico británico MailOnline, añadiendo que no es extraño ver a los pequeños colaborar en las tareas del hogar. De hecho, se deja entrever que esa forma de entender la crianza también la han transportado a su «hogar definitivo» ahora que se han mudado de Adelaide Cottage, una casa mucho más pequeña con apenas cuatro habitaciones, a la georgiana Forest Lodge, de ocho habitaciones y bastante más espaciosa —está catalogada como de Grado II—, en los terrenos del Windsor Great Park.
Según explicó otra fuente, su nuevo hogar, a pesar de las protestas que han derivado por las excesivas medidas de seguridad que han acarreado, ha puntualizado que los menores podrán crecer allí sin necesidad de estar expuestos a miradas indiscretas, algo que era más complicado en Adelaide Cottage. «La casa se encuentra en una carretera privada, cerca de un pequeño pueblo con una tienda, una oficina de correos y una tetería, que utilizan sobre todo sus empleados», ha explicado, añadiendo que se trata de «uno de los lugares más aislados que se pueden encontrar». «Se comprende el atractivo que tenía para ellos. Está situada en una enorme parcela privada [del Windsor Great Park], y los niños pueden salir a montar en bicicleta durante kilómetros sin que nunca estén cerca de ningún vecino».
Además, hay que añadir que Guillermo y Kate buscaban un cambio en sus vidas de manera inmediata. Aunque en un cominezo se dijo que su mudanza ideal era a Royal Lodge, el hecho de que Andrés Mountbatten-Windsor no se haya marchado a tiempo aceleró el traslado de la familia a Forest Lodge, dado que lo que el matrimonio buscaba era dejar atrás un lugar que les recuerda tanto a ellos como a sus hijos unos años muy duros, en los que vivieron desde la muerte de la reina Isabel II hasta el diagnóstico y posterior tratamiento de Kate Middleton de cáncer.
«Han sido momentos difíciles, pero la mudanza les ha brindado la oportunidad de empezar de cero, comenzar un nuevo capítulo; una ocasión perfecta para dejar atrás algunos de los recuerdos más tristes de la familia», ha declarado una fuente a la BBC. De hecho, fruto de las conversaciones que la pareja tuvo con sus hijos y que ambos dieron a conocer, su hogar se convirtió en un «refugio seguro» para los cinco, como explicaron fuentes internas al MailOnline: «Intentando que todo funcione de la mejor manera posible, la princesa ha preferido que todo siga igual».
El propio príncipe Guillermo, por último, también ha hablado públicamente sobre cómo ha sido para él y su esposa intentar sobrellevar la adversidad de manera que sus hijos lo comprendieran y ayudasen en el día a día. «Todas las familias pasan por momentos difíciles y se enfrentan juntas a los retos. La forma en que se afrontan esos momentos marca la diferencia. No hay un manual para ser padres, y nosotros decidimos hablar de todo», afirmó en una entrevista con Luciano Huck para la televisión local de Brasil hace unos meses.
Así, explicó que entre él y Kate intentan ser capaces de pasar tanto tiempo con sus tres hijos como sea posible, ya sea «jugando con ellos, haciendo de taxistas [es decir, llevándolos donde haga falta], dejando algunos días para ir a eventos deportivos, como partidos de fútbol, o estando con ellos en el jardín». «Llevamos a los niños al colegio casi todos los días; eso, Katherine y yo, lo compartimos, pero probablemente ella se encarga la mayor parte de las veces», dijo. Y, quizá para este año, ya lleguen los primeros móviles.
«Es muy difícil. Nuestros hijos no tienen smartphones. Pero cuando George pase al siguiente nivel educativo —que en el caso de Reino Unido es entre los 13 y 14 años—, quizá sí le demos uno con acceso limitado», reveló, algo que ya han hablado con él. «Con un acceso total, los más pequeños acaban viendo cosas en internet que no deberían. Pero, con acceso restringido, creo que es puede ser bueno para enviar mensajes y estar en contacto», finalizó.
