Publicado: octubre 20, 2026, 8:00 am
Una mujer de 64 años acudió al médico por un problema que, en principio, parecía tener poco que ver con el color de su orina. Sufría dolor lumbar, caminaba con dificultad y había desarrollado progresivamente una postura encorvada. Sin embargo, durante la exploración apareció una pista mucho menos habitual: los médicos observaron una pigmentación oscura en la esclerótica, la parte normalmente blanca de los ojos. El caso, publicado el 14 de octubre en The New England Journal of Medicine, acabaría conduciendo al diagnóstico de una rara enfermedad metabólica hereditaria: la alcaptonuria.
La prueba que proporcionó una de las pistas más espectaculares fue extraordinariamente sencilla. Los médicos dejaron una muestra de orina de la paciente a temperatura ambiente durante toda la noche. Al día siguiente, la orina se había vuelto negra. La mujer recordó además que había observado este fenómeno desde su infancia. Los análisis mostraron concentraciones elevadas de ácido homogentísico en la orina, lo que confirmó el diagnóstico de alcaptonuria.
¿Por qué puede producirse un cambio de color tan llamativo? La alcaptonuria es un trastorno hereditario que altera el metabolismo de dos aminoácidos, la fenilalanina y la tirosina. Las personas afectadas presentan una deficiencia de la enzima homogentisato 1,2-dioxigenasa, necesaria para degradar el ácido homogentísico. Como consecuencia, esta sustancia se acumula en el organismo y se elimina en grandes cantidades a través de la orina. Al entrar en contacto con el aire y oxidarse, puede generar compuestos y pigmentos que hacen que la orina se oscurezca progresivamente.
Cambios en la pigmentación de los ojos
Ese mismo proceso ayuda a explicar la otra gran pista encontrada en la paciente: la pigmentación de sus ojos. Con los años, los productos derivados del ácido homogentísico pueden depositarse en los tejidos conectivos y provocar una coloración azulada, marrón o negruzca conocida como ocronosis. El pigmento puede hacerse visible en lugares como la esclerótica de los ojos y el cartílago de las orejas. Estos cambios suelen hacerse más evidentes en la edad adulta.
Pero la enfermedad no es únicamente una curiosidad relacionada con el color. La acumulación mantenida de estas sustancias puede deteriorar cartílagos y otros tejidos y provocar una artropatía importante. La columna vertebral y grandes articulaciones como las caderas, las rodillas o los hombros pueden resultar afectadas. Esto explica que algunas personas lleguen finalmente al diagnóstico después de consultar por dolor de espalda, rigidez o problemas articulares que inicialmente podrían confundirse con trastornos degenerativos mucho más frecuentes.
Precisamente eso hace especialmente llamativo el caso publicado por los médicos Prasanta Padhan y Pratima Singh, del Kalinga Institute of Medical Sciences de la India. La paciente presentaba desde hacía cuatro años un empeoramiento del dolor lumbar y dificultades para caminar, además de cifosis y una alteración característica de la marcha. La combinación de los problemas musculoesqueléticos, la pigmentación ocular y el oscurecimiento de la orina terminó componiendo el puzle diagnóstico.
Aunque la orina oscura constituye uno de sus signos más característicos, no siempre resulta tan evidente. La oxidación puede tardar varias horas y algunas personas afectadas nunca reparan en el cambio de color. De hecho, hay pacientes en los que la enfermedad no se identifica hasta que consultan por dolor articular crónico o, en situaciones especialmente llamativas, cuando los cirujanos descubren cartílago ennegrecido durante una intervención ortopédica. El diagnóstico bioquímico puede establecerse demostrando una cantidad elevada de ácido homogentísico en la orina.
