Publicado: noviembre 29, 2025, 9:54 pm
Se acerca el momento. Verifactu ya está a la vuelta de la esquina. Tras meses de preparativos y sucesivos ajustes normativos, el nuevo sistema de facturación electrónica comenzará a aplicarse a partir de 2026, cuando empresas y autónomos deban adaptarse a los nuevos requisitos de facturación de la Agencia Tributaria. El objetivo, dice Hacienda, es mejorar la trazabilidad y terminar con los programas que permiten modificar u ocultar facturas fuera del control de Hacienda. A las puertas de su entrada en vigor, el tejido empresarial encara un momento decisivo, con una pregunta que pesa cada vez más: ¿están las empresas preparadas para dar el salto? De momento, y según recalcan distintas encuestas y estudios, la implantación de Verifactu avanza con más lentitud de la prevista. André Martins, responsable de banca comercial en NTT DATA, sitúa en torno al 8% el número de pymes y autónomos que ya lo tienen operativo. Otro 15%, estima Martins, permanece en fases piloto y sólo un 16% dispone de planes definidos pero aún sin ejecutarlos. De este modo, más del 60% del tejido empresarial sigue sin iniciar la adaptación. «Aunque la proximidad de los plazos obligatorios está acelerando el interés, lo que observamos es que la mayoría sigue en modo reactivo, con una velocidad de adopción muy por debajo de lo esperado», dice. «La implantación de Verifactu avanza, pero va claramente por detrás del calendario», dice Álvaro Villa, director general de Alegra España. El motivo no es falta de voluntad, sino la incertidumbre técnica , el desconocimiento sobre el proceso de adopción y una sensación generalizada de que «todavía queda tiempo», dice Villa, para explicar por qué aún queda mucho por hacer. «La realidad es que el plazo no es tan amplio como parece. 2025 será el último año voluntario, y la obligatoriedad para cumplir con Verifactu entrará en vigor para la gran mayoría de empresas entre enero y julio de 2026, lo que significa que miles de negocios cuentan con menos de un año para revisar procesos, elegir software, migrar datos y formar equipos», comenta el director general de Alegra España. «De los casi cinco millones de pymes y autónomos, el 62% admite no tener un plan definido», asegura Roberto Soto, head of product en TeamSystem España. La inmediatez de las fechas límite de 1 de enero de 2026 para pymes y 1 de julio para autónomos, presenta una brecha digital «que amenaza con multiplicar los cuellos de botella una vez se imponga la obligatoriedad y también con hacer lo propio con las sanciones, que pueden alcanzar los 50.000 euros», comenta Roberto Soto. Las razones que explican este retraso son principalmente económicas y de capacitación, asegura este experto. «El 31% apunta a costes de implantación y el 19% a la formación del personal (19%); además, la falta de tiempo y la incertidumbre normativa afectan en ambos casos al 13%», añade Soto. Por segmentos, los autónomos (37%) son los más preocupados por los costes económicos de la implementación frente a sólo una de cada cuatro pymes (26%), que comparte esta inquietud. En cambio, las pymes son las más preocupadas por la formación del personal (27%) para adaptarse a la nueva norma. Sobre posibles retrasos en el calendario de implementación de Verifactu, Belén Toro, directora del máster en auditoría de cuentas y contabilidad superior de Comillas ICADE, avisa que de momento no hay aún anuncio oficial de un nuevo aplazamiento general más allá de las fechas mencionadas. «Se considera que un retraso podría ser técnicamente posible si concurren factores como: baja implantación del software certificado, importantes costes, saturación técnica, resistencia de los usuarios o necesidad de coherencia con otras normativas (factura electrónica, etc.) pero no hay certeza de que vaya a ocurrir», dice Belén Toro. La confusión que rodea a Verifactu tiene también un componente jurídico. Javier Rodríguez, profesor de Derecho Fiscal en la UAX, recuerda que el Real Decreto 1007/2023 no obliga a empresas ni autónomos a utilizar este sistema. Precisa que lo que sí será exigible en 2026 es el cumplimiento de los requisitos técnicos de los Sistemas Informáticos de Facturación, diseñados para evitar el software de doble uso. «Quien no haga uso de estos programas no tiene obligación alguna ni ahora ni en junio», explica Javier Rodríguez. Así, el profesor de derecho fiscal en la UAX añade que Verifactu es una opción voluntaria y que, por tanto, quienes no se adhieran no cuentan con un calendario específico de aplicación. El desconocimiento de la normativa sigue siendo uno de los principales obstáculos para pymes y autónomos. Isabel Nogales, country manager de Fiskaly para Iberia, señala que «aún persiste mucha confusión sobre qué cambia, a quién afecta y en qué plazos debe adaptarse cada negocio». A ello se suman retos técnicos relevantes: comprender los requisitos del sistema, asumir la Declaración Responsable y adaptarse a un modelo en el que Excel pasa a considerarse un SIF siempre que incluya fórmulas o automatizaciones. La velocidad de adopción de Verifactu varía de forma notable entre sectores. Antonio Valladares, CEO de Code10, la compañía que desarrolla la herramienta de facturación Billivo, explica que las empresas con mayor contacto tecnológico se han adelantado en la implantación, mientras que aquellas con menos digitalización o menor apoyo de sus gestorías lo han pospuesto. La pyme es la que más está acusando el esfuerzo de adaptación a Verifactu, comenta Juan Arroyo Milla, director del departamento fiscal y contable de Afianza. El experto señala que muchas se encuentran todavía en fases iniciales por falta de recursos internos , escaso conocimiento técnico y la complejidad de los requisitos marcados por la Agencia Tributaria. Esa situación ha elevado la demanda hacia las asesorías, que reciben cada vez más consultas de empresas sin sistemas homologados ni capacidad para migrar datos por sí mismas. Arroyo Milla describe un proceso «exigente para organizaciones con poco tiempo y necesidad urgente de apoyo especializado». El esfuerzo de adaptación también se está dejando notar en el trabajo diario de las asesorías. Pablo David Fernández, socio director de Fundaria Asesores, explica que la proximidad de los plazos para la entrada en vigor del nuevo sistema de facturación ha generado un volumen creciente de consultas de autónomos y pymes que aún no han revisado sus sistemas o desconocen si cumplen los requisitos exigidos por Hacienda. Urgencias y prisas de última hora aparte, la transición a Verifactu también abre una ventana de oportunidad para quienes ya trabajan con cierta base digital. Así, el socio director de Fundaria Asesores indica que existe una herramienta gratuita de Hacienda para cumplir con el mínimo legal, pero resulta limitada en usabilidad y en volumen, lo que está llevando a muchos usuarios a preferir software certificado o el soporte de sus gestorías. El refuerzo de la seguridad es otro de los aspectos más relevantes y significativos de Verifactu. Cristina Clavería, directora ferial de Accountex, destaca que la inmutabilidad del sistema se garantiza mediante un encadenamiento criptográfico que hace detectable cualquier alteración y mediante el registro de todos los eventos que se producen en la facturación. A ello se suma la comunicación en tiempo real con la Agencia Tributaria, que reduce el margen para manipulaciones no declaradas. Aun así, la directora ferial de Accountex advierte que persisten riesgos habituales, como el malware, el robo de credenciales por phishing o las integraciones con sistemas obsoletos, y que parte del fraude podría desplazarse hacia pagos en efectivo. A medida que avanza la cuenta atrás hacia enero de 2026, el despliegue de Verifactu combina todavía ritmos desiguales, dudas operativas y expectativas de mejora . Los expertos coinciden en que la adaptación será exigente para pymes y autónomos, pero también en que la digitalización que impulsa el sistema puede traducirse en procesos más ordenados, menos errores y una gestión más transparente. La clave ahora está en cómo aproveche cada negocio estos meses previos para aclarar requisitos, elegir herramientas y reforzar su organización interna. Se trata, en esencia, de una carrera contra el reloj con muchas etapas aún pendientes.
