Publicado: septiembre 22, 2026, 2:30 am
Eran poco más de las nueve de la noche del pasado sábado cuando Rafael Amargo recibió la peor de las noticias: su padre había muerto en el pueblo granadino en el que vivía. El destino quiso que el bailaor estuviera a punto de comenzar una actuación en Benicàssim. Al colgar el teléfono, se rompió, cayó al suelo y vivió momentos de enorme angustia. Quienes estaban allí relatan una situación de absoluto desconsuelo.
Sin embargo, dando muestras de su profesionalidad, Rafael se lavó la cara, secó sus lágrimas y se vistió de artista. Cumplió con el compromiso adquirido con la sala y también con su equipo. Bailó con desgarro y acierto hasta bien entrada la noche.
Al acabar, cuando se quitó el traje de bailaor, volvió a convertirse en un hijo desolado. Junto a parte de su equipo, cogió el coche para llegar hasta Valencia y, desde allí, desplazarse hasta el pueblo en el que descansaban los restos mortales de su padre.
En los mensajes que ha enviado a algunos compañeros de profesión tras su muerte, Amargo señala a la clase política como responsable del triste final de su progenitor. El artista tiene intención de aclarar públicamente estas palabras y poner sobre la mesa información sensible y delicada que, según sostiene, podría comprometer a varios nombres propios.
No habrá compasión. Quiere conceder una entrevista para reivindicarse como el brillante bailaor que es, pero también para contar aspectos desconocidos de la batalla legal que mantuvo y de la que finalmente resultó absuelto.
