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La economía de Trump es una mala noticia para los republicanos

Publicado: junio 15, 2026, 2:00 am

WASHINGTON, DC—El estratega político demócrata James Carville acuñó el famoso lema de la exitosa campaña presidencial de Bill Clinton en 1992: “Es la economía, estúpido”. Eso también es válido para las elecciones de mitad de mandato de noviembre, y el Partido Republicano del presidente Donald Trump parece encaminarse a una derrota aplastante.

Trump no solo no ha cumplido con las promesas económicas que hizo durante su campaña electoral de 2024, sino que además sigue cometiendo el mismo error que cometió el presidente Joe Biden. Al insistir en que la economía estadounidense nunca ha estado mejor, a pesar de los altísimos precios del combustible y de la creciente crisis de asequibilidad, da muestras de una absoluta falta de conciencia -tanto sobre la economía como sobre su propia gestión deficiente-. Peor aún, cuando se lo cuestiona al respecto, se muestra desdeñoso e indiferente ante la angustia del electorado.

Consideramos lo que dicen las últimas cifras sobre la inflación, la principal preocupación económica de la ciudadanía. Durante la campaña electoral, Trump prometió no solo reducir la inflación (la tasa de alza de los precios), sino también bajar el nivel de precios (lo que realmente cuestan las cosas). Sin embargo, dado que los aumentos salariales no han compensado la inflación, es evidente que no ha cumplido con esta promesa fundamental. Cuando llegue el día de las elecciones, el trabajador estadounidense promedio estará en peor situación que al inicio del segundo mandato de Trump. El nivel promedio de precios será al menos un 7% más alto que cuando Trump regresó a la Casa Blanca, mientras que la tasa de inflación se habrá acelerado hasta casi el 4%.

Mientras tanto, el electorado recordará que la guerra con Irán hizo subir los precios de la gasolina en un 50% (hasta un promedio de 4.50 dólares por galón ). Quizás los señalados también recuerden que el proyecto de ley One Big Beautiful Bill de Trump encareció el seguro médico para unos 20 millones de hogares y contribuyó a que las tasas hipotecarias sigan siendo elevadas, lo que mantiene la vivienda propia fuera del alcance de demasiados estadounidenses.

No hace falta decir que Trump intentará sacarse de encima la responsabilidad por la inflación. Pero le va a resultar difícil. Más allá de los seguidores más acérrimos de MAGA, todo el mundo sabe que Trump ha dejado huellas por todas partes en el problema de la asequibilidad. Al aumentar agresivamente los aranceles de importación y llevar a cabo deportaciones masivas, ha hecho que el precio de los productos importados se dispara, así como el de muchos bienes y servicios producidos en el país. Del mismo modo, al iniciar una guerra de elección contra Irán, provocó fuertes subidas en los precios de la gasolina, el diésel y los fertilizantes. Estos costos seguramente lo pondrán en desventaja incluso entre su base rural, que también ha sufrido la reducción de los pedidos agrícolas procedentes de China.

También huelga decir que Trump no ha logrado inaugurar la edad de oro económica que prometió en su segundo discurso inaugural. El año pasado, a pesar del fuerte impulso del auge de la inversión en IA, la tasa de crecimiento económico global (2.1%) fue inferior al promedio (2.7%) registrado durante los últimos tres años (la fase pospandémica) de la administración Biden. Asimismo, la economía parece haberse desacelerado considerablemente en la primera mitad de este año, debido al impacto en los precios de la energía derivada de la guerra con Irán.

Dado este empeoramiento de los resultados, a Trump le resultará aún más difícil desviar la atención de su política económica caótica y contraproducente. Desde el día en que volvió a la presidencia, la economía se ha visto sumida en la incertidumbre, lo que ha frenado la inversión en casi todos los sectores, excepto en el de la IA.

Uno de los objetivos clave de Trump era eliminar el déficit comercial de Estados Unidos y generar empleo en el sector manufacturero mediante una política arancelaria agresiva, que elevó los aranceles a las importaciones a su nivel más alto en un siglo. Sin embargo, en este aspecto también tendrá poco que mostrarle al electorado como resultado de sus esfuerzos. El déficit comercial del año pasado se mantuvo prácticamente sin cambios respecto de 2024, y el empleo en el sector manufacturero ha seguido disminuyendo. Asimismo, la mayoría de los votantes reconoce que los aranceles de Trump son uno de los principales motores detrás de la inflación.

El único argumento que hoy tiene Trump para la clase inversora es un mercado bursátil en auge que sigue batiendo récords, lo que presumiblemente refleja la esperanza de que la IA impulse una revolución de la productividad. Pero es poco probable que este “éxito” resuene entre la gran mayoría de los votantes que consideran que la asequibilidad es el tema más importante, especialmente al enterarse de las propias actividades bursátiles de Trump. Tampoco se puede descartar la posibilidad de que la guerra con Irán y el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos provoquen una corrección bursátil (muy necesaria) antes de las elecciones de mitad de mandato.

Quien a hierro mata, a hierro muere. Trump triunfó en 2024 criticando continuamente el pésimo historial de inflación de la administración Biden. Si los republicanos reciben una paliza en noviembre, será porque él ha empeorado aún más la situación de los estadounidenses. Enriquecerse descaradamente, no solo él sino su enorme clan, no hace sino echar sal sobre la herida.

El autor

Desmond Lachman, investigador principal del American Enterprise Institute, fue director adjunto del Departamento de Desarrollo y Revisión de Políticas del Fondo Monetario Internacional y estratega jefe de economía de mercados emergentes en Salomon Smith Barney.

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