Publicado: octubre 8, 2026, 12:00 am
Aunque la quiralidad —la propiedad geométrica de ciertas moléculas que las hace existir en dos formas especulares, como si fueran una mano derecha y una izquierda— se conoce desde mediados del siglo XIX gracias a los experimentos de Louis Pasteur, manipularla con la misma precisión que la naturaleza parecía una proeza inalcanzable para la ciencia sintética. Hasta ahora.
El Premio Nobel de Química de este año fue otorgado al científico francés Henri B. Kagan y al japonés Kenso Soai por resolver un misterio de más de un siglo y proporcionar las herramientas para controlar la «lateralidad» de las moléculas. Un hallazgo que no solo transformó la industria farmacológica, de fragancias y nuevos materiales, sino que ofrece pistas fundamentales sobre el origen mismo de la vida en la Tierra.
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Para entender el alcance de este galardón y por qué un principio conocido desde hace casi dos siglos vuelve a colocar a la química fundamental en la cima del reconocimiento científico, en entrevista con la química farmacéutica bióloga y divulgadora de la ciencia, Carol Perelman Khodari, analizamos las claves de este hallazgo.
Manos opuestas, efectos distintos
«La quiralidad es una propiedad geométrica de las moléculas, una asimetría que obviamente cambia su función», explica Carol Perelman. «Nuestras manos son idénticas entre sí, pero una es el espejo de la otra; no podemos superponerlas. Con las moléculas quirales ocurre exactamente lo mismo: tienen una dirección derecha y una izquierda».
Cuando los químicos sintetizan este tipo de moléculas en un laboratorio mediante reacciones convencionales, el resultado suele ser una mezcla equitativa: 50% de la versión derecha y 50% de la izquierda (una mezcla racémica). Sin embargo, en la biología de los seres vivos la historia es radicalmente distinta.
«Toda la naturaleza es homoquiral. Todos los aminoácidos que forman nuestras proteínas tienen una quiralidad izquierda; nuestro cuerpo no podría digerirlos si fueran derechos. En cambio, los carbohidratos que procesamos en la naturaleza son de quiralidad derecha», señala Perelman.
Obtener una sola de las versiones en el laboratorio no es un capricho estético, sino una necesidad vital y de seguridad industrial: Un ejemplo cotidiano es el Limoneno, cuya versión derecha da el aroma característico a los cítricos, mientras que su versión izquierda despide un olor herbáceo, similar al eneldo.
Pero hay cosas que también pueden salir mal. El caso histórico más trágico fue el de la Talidomida en los años 60. El medicamento se administraba como una mezcla de ambos enantiómeros; mientras la versión derecha aliviaba las náuseas matutinas en mujeres embarazadas, la versión izquierda causaba severas malformaciones congénitas.
«Ahí se aprendió que había que purificar las reacciones, lo cual encarece los procesos, genera muchos residuos e ineficiencia. Lograr que la reacción química produzca desde el inicio un solo sentido no solo la vuelve más limpia y eficiente, sino que imita lo que la naturaleza lleva haciendo miles de millones de años», destaca la especialista.
De Pasteur a Kagan y Soai
El misterio de la asimetría comenzó en 1848, cuando Louis Pasteur observó al microscopio los cristales de ácido tartárico provenientes del vino y notó que desviaban la luz polarizada hacia la derecha, mientras que la versión sintética no lo hacía porque contenía ambas formas mezcladas. Con ayuda de unas pinzas, Pasteur separó manualmente los cristales según la dirección de su reflejo, demostrando por primera vez el fenómeno.
Sin embargo, tuvieron que pasar décadas de investigación en química básica para lograr dirigir esa asimetría de forma artificial:
Efectos no lineales (1986): Henri Kagan (Universidad Paris-Sud) demostró que era posible utilizar catalizadores para manipular las reacciones químicas y desviar la producción hacia un exceso de una de las formas especulares, rompiendo con los esquemas lineales tradicionales.
Autocatálisis y homoquiralidad (1995 – 2003): Kenso Soai (Universidad de Ciencias de Tokio) dio el paso definitivo al diseñar una reacción capaz de producir su propio catalizador (autocatálisis). En esta reacción, el propio producto acelera e impone la producción de una sola orientación molecular, logrando por primera vez una homoquiralidad casi perfecta sin intervención biológica.
«A excepción de la vida misma, nadie había logrado tal hazaña en un laboratorio», destacó el Comité Nobel durante el anuncio.
Pistas sobre el origen de la vida y el triunfo de la ciencia básica
Más allá de sus aplicaciones en medicamentos más seguros o materiales sostenibles, la reacción de Soai ofrece una ventana teórica a la Tierra primitiva. Si en la sopa primordial las moléculas se formaban al azar en proporciones 50/50, ¿cómo fue que la vida primitiva optó por una sola lateralidad?
«Como la naturaleza utiliza una única orientación para construir proteínas y azúcares, el hallazgo nos ayuda a entender cómo pudieron haber surgido los primeros bloques constituyentes de la vida», comenta Perelman. Esta simetría a nivel molecular es la que, en última instancia, determina aspectos macroscópicos de la biología, desde la posición del corazón en el lado izquierdo del pecho hasta el sentido de giro en las conchas de los caracoles.
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Para Perelman, el otorgamiento de este Nobel envía además un mensaje contundente sobre los tiempos y el valor de la investigación científica: «Nos enseña la importancia de la paciencia y la constancia en la ciencia básica. Kagan realiza sus primeros aportes clave en los años 80 y Soai a mediados de los 90».
Frente a las crisis globales contemporáneas, la especialista enfatiza el papel transformador que sigue teniendo la química fundamental cuando se combina con la responsabilidad social y ambiental:
«Todos los grandes retos actuales —el cambio climático, la contaminación, la escasez de recursos— requieren de la química para desarrollar nuevos materiales amigables con el entorno. Necesitamos estudiantes apasionados por la ciencia básica, pero con una formación ética y sociohumanística transversal. La ciencia es parte de la cultura humana y este Nobel nos recuerda que las grandes preguntas siguen teniendo respuestas: entre más conocemos, más preguntas surgen, y esa es la belleza del conocimiento».
Finalmente asegura que estamos en un momento muy importante, “este año los tres premios Nobel de ciencia, el de el de medicina, el de física y ahora el de química, están premiando investigación básica con grandes aplicaciones, pero todos encaminados hacia un mejoramiento de nuestra vida”.
¿Qué es la quiralidad y por qué importa?
Muchas moléculas existen en dos formas idénticas pero invertidas, aunque parecen iguales, no actúan igual en el cuerpo:
- En la naturaleza: Toda la biología elige un solo lado (homoquiralidad).
- En la industria: Un lado de la molécula puede curar una enfermedad (o dar aroma a cítricos), mientras que el otro puede no hacer nada, o resultar nocivo.
- El problema histórico: Durante casi dos siglos (desde que Louis Pasteur descubrió el fenómeno en 1848), la química sintética en laboratorio siempre producía una mezcla 50/50 de ambos lados. Separar la versión «útil» de la «inútil» o «dañina» requería procesos costosos, lentos y poco eficientes.
El gran aporte de los laureados:
Henri Kagan (1986): Demostró que usando catalizadores específicos se podían romper las reglas lineales y forzar a una reacción química a producir más cantidad de un lado del espejo que del otro.
Kenso Soai (1995-2003): Creó una reacción revolucionaria donde el propio producto funciona como su propio catalizador (autocatálisis). Esto permite que la reacción se encamine sola hacia la producción de una versión 100% pura y uniforme (homoquiralidad).
¿Por qué es un hallazgo histórico?
Permite fabricar fármacos, aromas y materiales avanzados sin desperdicios ni residuos químicos indeseados.
Replicar este proceso en el laboratorio ayuda a resolver la incógnita de cómo la sopa primordial de la Tierra primitiva dio el salto para usar un solo lado de las moléculas para crear las primeras formas de vida.
Línea del tiempo:
- 1848 – Louis Pasteur descubre la quiralidad al separar a mano cristales de ácido tartárico. Demuestra que la luz polarizada se desvía a la derecha o a la izquierda.
- 1986 – Henri B. Kagan descubre el «efecto no lineal». Usa catalizadores para forzar a las reacciones a producir más de un lado del espejo.
- 1995-2003 – Kenso Soai logra la «autocatálisis asimétrica». La misma reacción genera su catalizador, logrando un producto 100% homoquiral.
- 2026 – Se otorga el Premio Nobel de Química a Kagan y Soai. Se reconoce la réplica exacta en laboratorio de la química de la vida.




