Publicado: abril 2, 2025, 5:30 am
De un tiempo a esta parte se está poniendo de moda que los miembros de la realeza que de pequeños eran los segundos en la lÃnea sucesoria se embarquen en la tarea de mostrar a través de un documental sus sentimientos y cómo esa idea de pertenecer a una monarquÃa pero nunca llegar a reinar, con los inconvenientes de que toda tu vida, además, sea de carácter público, les ha afectado. Ya lo hizo el prÃncipe Harry y ahora le ha tocado el turno a su homólogo danés, JoaquÃn de Dinamarca, quienes además guardan una gran amistad e incuso recientemente le enviaban un mensaje velado a Donald Trump.
El hermano de Federico X de Dinamarca se ha enfundado el traje de actor y se ha convertido, junto al escritor y médico Steffen Jacobsen, en los protagonistas del documental Hærvejen [que se puede traducir por El camino antiguo], un largometraje en el que el prÃncipe se abre en canal mientras recorre a pie, junto a su compañero de rodaje, la conocida ruta histórica que recorre la isla de Vendsyssel-Thy y la parte danesa de la penÃnsula de Jutlandia y que recibe ese nombre dado que el trazado se remonta, según los historiadores, a la Edad del Bronce.
El segundo hijo de la reina Margarita II no teme, paradójicamente, mostrar sus temores, los miedos que ha vivido desde joven, asà como aquellas cosas que tenÃa prohibidas hacer o decir por su posición, tabúes que le limitaban para avanzar en su vida y para las que el susodicho camino funciona de metáfora, ya que mientras uno nació «en la realeza», el otro «creció como parte de la clase baja de la sociedad», si bien ambos tienen igualmente que andar para conseguir el objetivo de llegar al final.
JoaquÃn de Dinamarca, eso sÃ, evita en los 78 minutos que dura la cinta hablar de sus familiares de manera directa o de su relación con ellos, tanto actual como pasada, si bien reconoce, cuando le insiste Jacobsen, en apostillar que su padre, el prÃncipe Henrik, era «alguien estricto, pero cercano». De hecho, desde la prensa danesa se ha hecho hincapié en que la cinta tiene varios momentos de silencio cuando el prÃncipe recibe una pregunta sobre un tema familiar.
Esto ha hecho elucubrar a los medios, que ya pudieron ver el documental dirigido por Jesper H. Grand en el marco del Festival Internacional de Cine Documental de Copenhague —el público podrá verlo en junio, cuando lo emitirá la cadena DR—, con la posibilidad de que JoaquÃn aún tenga varias espinas clavadas y que prefiera no echar más leña al fuego. Por ejemplo, al responder: «Cuando veo cómo viven otras personas, muchas veces me acabo preguntando: ‘¿Acaso soy un producto? ¿Tengo algo que ofrecer a los demás aparte de…?». No acaba su respuesta.
Aun asÃ, JoaquÃn de Dinamarca, que reconoce que le cuesta ser empático —probablemente, explica, por la educación recibida como mimebro de la familia real— sà que salpica el recorrido con algunas anécdotas propias de su vida junto Marie Cavallier, su segunda esposa, con quien se casó en 2008 y ha tenido dos hijos, Henrik y Athena. «Ella sabe ponerme en mi sitio», bromea el prÃncipe, que añade que la princesa es «quizá, la única persona en el mundo capaz de ver a través de tantos filtros y claroscuros» de su interior.
Además, también cuenta cuánto disfruta de hacer cosas normales como ir a la compra, cantar en la ducha o hablar con sus hijos mayores, que ya pueden contradecirle y con quienes se pasa el dÃa riendo. Pero el hecho de hablar de Nikolai y Felix, sin embargo, conlleva que recuerde a la madre de ambos, su primera esposa, Alexandra Manley, de quien se divorció en 2005. Un proceso que, puntualiza, no ha olvidado por lo doloroso que fue y por la sensación de no tener ninguna red de apoyo cerca tal vez, precisamente, por su sangre real.
«No fue únicamente la soledad, sino una extraña tristeza derivada de haber hecho algo inevitable y necesario», afirma en un momento dado el prÃncipe, que admite que «esa forma de sentir» el desamparo le marcó «en profundidad». «Por supuesto que dirÃa que, de alguna manera, aquello fue una depresión. Una depresión por haber fallado», ha reconocido, hablando de aquel primer divorcio en la familia real, una decisión que, admite, le hizo sentir «juzgado por todo el mundo, como nunca antes» y «culpable por todo y ante todos».
Un divorcio que fue el germen de su cada vez más deteriorada relación con su familia, que se saldó con su marcha, junto a su familia, a Estados Unidos en 2022 —y de hecho ahora tiene más trabajo que nunca, ya que trabaja en la embajada de Dinamarca como agregado militar y está usando su poder diplomático para tratar un tema tan espinoso con la Casa Blanca como es Groenlandia— después de que su madre, entonces reina, decidiese retirarle a sus cuatro hijos los tÃtulos de prÃncipes y princesa. «No he podido proteger a los mÃos», ha finalizado, aunque sin mencionar directamente aquel capÃtulo de su vida previo a la abdicación de Margarita II.