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Israel trata de superar el trauma de los atentados del 7-O 1.000 días después: «Hemos perdido la confianza en nuestra seguridad»

Publicado: julio 4, 2026, 1:30 am

El sonido de las alarmas despertó a las 6:30 de la mañana a Guido Kohan y su familia en el kibutz Ein Hashlosha, a un kilómetro de la frontera con Gaza, el 7 de octubre de 2023. Como en muchas de estas comunidades, este israelí y su familia estaban familiarizados con ese tipo de situaciones. «Llegamos desde Argentina a Israel hace siete años, y sabiendo en qué zona estamos, no nos asustábamos porque siempre sabíamos como proceder, yendo directos al refugio», cuenta a 20minutos este israelí de 26 años.

Sin embargo, pronto supieron por la televisión y los móviles que esa situación era diferente a las anteriores. «Vecinos y amigos de otros kibutz nos llamaban diciendo que escuchaban tiros cerca de sus casas y gente gritando en árabe, o incluso terroristas de Hamás, con uniforme, dando vueltas fuera de las viviendas», explica. En las primeras horas de aquel día, cerca de 3.000 milicianos de Hamás cruzaron desde Gaza a territorio israelí, atacando y capturando comunidades y kibutz en territorio hebreo. 1.195 personas entre civiles y fuerzas del orden murieron asesinadas, y 251 fueron capturadas como rehenes y trasladadas a los túneles de la milicia chií en la Franja durante más de dos años.

Mil días después, las heridas de aquel día perduran como un trauma colectivo para la población israelí, y la tormenta de consecuencias políticas, militares y geopolíticas en todo Oriente Medio tampoco se han detenido desde entonces. Israel respondió a los brutales atentados con una intensa y extensa ofensiva contra Hamás en Gaza, devastada tras dos años de una campaña con más de 73.000 muertos y dos millones de desplazados. Pocos meses después de la firma de un alto el fuego en el enclave palestino, Israel y EEUU lanzaron una nueva ofensiva contra Irán, que a su vez desencadenó un nuevo frente en el sur del Líbano contra Hezbolá.

«Recuperarse llevará mucho tiempo»

«Cuando empezamos a escuchar disparos y gritos, decidimos encerrarnos en el refugio. Como no sabíamos cuanto podía durar la situación, mi madre salió a buscar una botella de agua, y por la ventana pudo ver a dos hombres vestidos con uniforme de Hamás. Rápidamente nos encerramos en el refugio, pero la habían visto y entraron en la casa«, recuerda Guido de aquel fatídico 7 de octubre. «Mi padre se colocó en la puerta y apretó el pomo con fuerza, mientras yo trataba de comunicarme con quien fuese. Luego escuchamos golpes, gritos en árabe, disparos, y después intentaron entrar en el refugio, durante 30 o 40 minutos. Recuerdo a mi padre apretando la puerta con un cuchillo en la mano para defendernos si entraban», explica el superviviente.

Finalmente, los terroristas se marcharon y se hizo el silencio. Horas después, el Ejército israelí llegó. «Estábamos en shock y no nos fiábamos aunque nos hablaban en hebreo, muchos terroristas también saben hablarlo y se camuflan con uniformes del Ejército. Mi padre le pidió a uno de los soldados que dijese un rezo en hebreo, y lo hizo, empezando él la oración y completándola mi padre, como una especie de código», rememora Guido.

La familia de Guido fue evacuada horas después y trasladada, como cerca de 240.000 personas que residían en las comunidades del sur de Israel. Primero, a un campamento en Eilat (en la frontera con Egipto) y después a un apartamento en Netivot. En agosto de 2025, pudieron regresar a casa, pero la huella de aquel día sigue patente en muchos sentidos. «Intentamos reconstruir nuestra vida anterior, pero era difícil: en aquel momento aún no estaba clara la situación de los rehenes, y muchos no habían regresado entonces, entre ellos dos hermanos de amigos míos», cuenta el argentino-israelí a este medio.

«La culpa del superviviente es algo que estuvo muy presente, sobre todo en los primeros meses, ahora ya no tanto», añade. «Yo creo que es un proceso que no termina, porque lamentablemente se vivieron cosas muy difíciles a nivel individual y también como sociedad. Israel quedó muy traumatizado, y yo creo que ahora se está tratando de empezar a recuperar, pero va a ser un proceso que va a llevar muchísimo tiempo», sostiene.

La idea de un Israel protegido, cuestionada

Mil días después de los atentados, la sociedad israelí continúa en shock por lo sucedido. El 7 de octubre fue, para la mayoría de la población, el fin de la conciencia en que el Estado israelí es seguro y está preparado para proteger al pueblo judío, algo muy presente especialmente desde la guerra de Yom Kipur, en 1973. Una ruptura de uno de los principales valores fundacionales del Estado de Israel que los expertos catalogan de trauma nacional. «Esta situación ha cambiado el paradigma y todo lo que es Israel para siempre», sostiene Guido.

«Lo que hemos perdido después de todo esto es la confianza, sobre todo respecto a la seguridad, y creo que tardará en recuperarse. La gente que vive en la zona trata de seguir con su rutina, pero intenta no pasar mucho tiempo fuera de casa o lejos, estamos un poco en alerta», explica el superviviente. «La situación en la frontera está mucho más controlada y patrullada, y nos explicaron que hay una franja amarilla de seguridad, pero se vuelve a oír que Hamás se está rearmando y vemos que sigue siendo una fuerza política y militar en Gaza. No vemos cambios a futuro, y en este momento no diría que hay miedo, pero sí desconfianza», subraya.

Esa pérdida de seguridad va acompañada, además, de una exigencia de responsabilidades por lo ocurrido aquel 7 de octubre. La sociedad israelí aún espera que se esclarezcan las circunstancias que permitieron a miles de milicianos de Hamás entrar sin control en territorio israelí y campar a sus anchas durante horas, arrasando comunidades enteras antes de que hubiera una respuesta del Ejército.

«Creo que los que toman decisiones deben tener un grado de responsabilidad en lo que ocurrió y tomar decisiones, ya sea dar un paso a un lado o asumir responsabilidades si se investiga lo que ocurrió y se concluye que hubo negligencia en nuestra seguridad. Es lo que todos queremos para poder seguir adelante y trabajar sobre lo ocurrido, que es lo más duro que ha vivido Israel desde el Holocausto», sostiene Guido. «Hay una necesidad de que se paguen las cuentas, y si alguno tiene que ir preso, que se cumpla», añade.

Netanyahu, criticado mientras se exigen responsabilidades

Para gran parte de la sociedad israelí, ese reproche recae sobre el primer ministro, Benjamín Netanyahu. Un político experimentado que había construido una contrastada trayectoria política como garante de la seguridad nacional, y al que desde el primer día se le atribuyeron responsabilidades políticas en la brecha de seguridad que se produjo durante los atentados. Después, las asociaciones de familiares de rehenes reprocharon al primer ministro que priorizase los objetivos militares en Gaza y la eliminación de Hamás sobre el retorno de los rehenes.

Todo ello durante casi dos años de intenso conflicto en Gaza, donde algunas voces dentro de Israel y la gran mayoría de la comunidad internacional condenaron la desproporción de la ofensiva contra Hamás en el enclave palestino, que quedó arrasado y sumido en una grave crisis humanitaria. La posición internacional de Israel se vio gravemente dañada por la devastación en Gaza mientras la guerra se extendía en el tiempo, en lo que muchos creyeron ver una intención de alargar el conflicto sin un objetivo claro, una vez debilitada la capacidad militar de Hamás.

De hecho, Israel continúa en guerra: meses después de acordar un alto el fuego en Gaza y desarrollar un plan de paz auspiciado por Estados Unidos, Israel entró en guerra con Irán contra el régimen de los ayatolás, y paralelamente contra la milicia chií Hezbolá en el Líbano. Tres conflictos que, para Israel, son uno solo, y en los que muchos no consideran que se hayan cumplido todos los objetivos israelíes: Hamás no ha sido eliminado del todo en Gaza, el régimen iraní continúa en pie tras una paz que Israel no respalda y el conflicto en el Líbano amenaza con encallarse.

Hay que recordar, además, que Netanyahu llegó al conflicto ya inmerso en un largo proceso judicial por corrupción, en la que sus partidarios ven una campaña política contra él y la oposición, por contra, considera que le inhabilita para liderar el país en tiempos de guerra. El primer ministro, sin embargo, ya ha anunciado su intención de presentarse a las próximas elecciones, que se celebrarán el próximo 27 de octubre, al frente de su partido, la fuerza de derechas Likud.

Netanyahu ha sido primer ministro de Israel durante 18 años y en tres etapas distintas, el que más en la historia del país, pero los ataques del 7 de octubre y las guerras posteriores han pasado factura a su popularidad: el 55% de los israelíes preferiría que no volviese a presentarse —según una encuesta del medio israelí Maariv— y el 42% de sus votantes en los últimos comicios estudia retirarle ahora el apoyo a su partido —según un sondeo de la televisión israelí Canal 12—.

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