Publicado: junio 26, 2026, 10:30 am
Gonzalo Plata (Guayaquil, 2000) siempre tuvo claro que quería ser futbolista. Desde su más tierna infancia, marcada por las estrecheces económicas propias de un entorno muy humilde en un suburbio de su ciudad natal, la más habitada de Ecuador por encima incluso de la capital Quito, su obsesión fue dar patadas a un balón. Por aquel entonces, el esférico no era más que una pelota de papel o lo que tuviese a mano para perfeccionar sus habilidades, esas que le han llevado a la gloria del fútbol ecuatoriano, con un gol que ya es historia de la Tricolor, al derrotar a la poderosa Alemania y rescatar a una selección que necesitaba imperiosamente el triunfo para seguir viva en el Mundial. El combinado dirigido por el argentino Sebastián Beccacece, exentrenador del Elche, se encontraba contra las cuerdas después de decepcionar con su derrota en el debut frente a Costa de Marfil (1-0), con tanto africano en el descuento, y especialmente después de un empate sin goles frente a la sorprendente Curazao, que desató una oleada de críticas contra el seleccionador. Con una generación dorada que prometía romper el techo de los octavos de final de Alemania 2006, el hito histórico de la Tri en los Mundiales, quedarse otra vez a las primeras de cambio, como en Corea y Japón 2002, Brasil 2014 y Catar 2022, podía suponer una decepción difícil de digerir para un grupo de jugadores capaz de alcanzar la segunda posición en los durísimos clasificatorios sudamericanos, por encima de potencias del continente como Colombia, Uruguay o Brasil. Con una de las mejores parejas de centrales de todo el campeonato, la que forman el bicampeón de la Champions con el PSG William Pacho y el subcampeón de Europa con el Arsenal Piero Hincapié, y uno de los mediocentros más poderosos del planeta en la figura del jugador del Chelsea Moisés Caicedo, Ecuador había dado muestras de su fiabilidad defensiva, pero también de un cierto desequilibrio entre su potente retaguardia y una vanguardia de muchos menos quilates. Ahí es donde se requería el paso adelante de Plata, el chiquillo que aprendió a jugar en las calles de Guayaquil. Después de dos partidos completos sin la suerte del gol, la historia del fútbol ecuatoriano le deparaba una de sus páginas más gloriosas, para rubricar una remontada épica frente a la tetracampeona Alemania. Pero todo comenzó más de 25 años antes, en los albores del siglo XXI, en el seno de una familia marcada por el abandono de su padre. Mónica, una madre coraje, sacó adelante un hogar con cinco hijos, trabajando muy duro como empleada doméstica y más tarde en un pequeño puesto de venta de encocados, uno de los platos típicos más reconocidos de la gastronomía ecuatoriana. Sin dinero para costearse un balón de fútbol, el pequeño Gonzalo forjó sus habilidades pateando pelotas hechas con papel. Su voluntad de ser futbolista, un destino para el que se sabía elegido, llevó al Diablo, el apodo que se ganó a base de regates, hasta las categorías inferiores del Independiente del Valle, una de las mejores canteras de toda América, vivero del que también salieron Pacho, Hincapié o Caicedo, las indiscutibles estrellas de esta Ecuador. Tardó muy poco en dar el salto al fútbol europeo, de la mano del Sporting de Portugal (2019-2021), especialista en detectar el talento sudamericano a las primeras de cambio, y desde Lisboa llegó al fútbol español a través del Valladolid, primero como cedido, en el curso 2021-22, y después, la campaña, siguiente, ya en propiedad. Con el conjunto blanquivioleta logró el ascenso en 2021, con seis goles y cinco asistencias en su haber, y ya en Primera, firmó siete pases de gol pero solo un tanto y un descenso le abrió las puertas para hacer las maletas rumbo al Al-Sadd catarí. Desde 2024 ejerce de extremo rápido y habilidoso en el Flamengo, uno de los gigantes de América. Con el equipo de Río lo ha ganado todo, incluida la Copa Libertadores, la mayor competición de clubes del continente, y también se ha asentado como indiscutible en una ilusionante Tricolor. En Catar lo jugó todo, pero el recorrido de Ecuador concluyó en la fase de grupos. Esta vez, rodeado de una generación dorada, no estaba dispuesto a ello. Tras un saque de esquina Plata se adelantó al veterano Neuer, todo un campeón del mundo, y también al madridista Rüdiger para firmar una diana inolvidable. El niño que aprendió a jugar con pelotas de papel ya tiene su página dorada en la historia del fútbol de Ecuador.
