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Fatiga de la autoexigencia: por qué cada vez más personas llegan agotadas antes del verano

Publicado: mayo 31, 2026, 3:00 am

Cada época del año trae consigo una sensación, y muchas personas aseguran que el mes de mayo trae cansancio acumulado, frustración y sensación de agotamiento físico y mental. El bienestar ha dejado de entenderse únicamente como autocuidado para convertirse, en muchos casos, en una nueva forma de exigencia personal. La necesidad constante de rendir más y verse mejor, comer perfecto o mantener hábitos ideales ha terminado generando lo que muchos expertos ya identifican como una forma de saturación emocional asociada al burnout y a la presión por optimizar cada aspecto de la vida cotidiana.

Señales de que el autocuidado es autoexigencia

Muchas personas no abandonan sus hábitos por falta de voluntad, sino por intentar sostener rutinas demasiado rígidas y exigentes, siendo muy común seguir «una mentalidad de blanco y negro que no maneja la escala de grises».

1. Sientes culpa cuando no sigues la rutina «perfecta»

Cuando el bienestar deja de generar calma y empieza a provocar ansiedad o sensación de fracaso, la autoexigencia probablemente está ocupando el lugar del autocuidado. Pilar Conde, psicóloga de Clínicas Origen, explica que «cuando deseo y objetivo se convierten en exigencia, empieza a aparecer el castigo interno, a través de la insatisfacción, la decepción con uno mismo, la crítica, la culpa…».

La experta recuerda que «el autocuidado requiere de esfuerzo y compromiso, pero reporta bienestar, no ansiedad. Si el autocuidado se transforma en esto, la autoexigencia probablemente esté mediando». Por ello, es clave tener claro nuestro propósito, ya que es normal que a lo largo del camino aparezcan situaciones de adversidad que pondrán en jaque nuestra motivación: «Es fundamental conectar de forma profunda con lo que queremos para ir adaptando motivación y compromiso a largo plazo«.

2. Intentas cambiar demasiadas cosas a la vez

Otra señal es cambiar alimentación, empezar a entrenar, dormir mejor, ser más productivo y mantener vida social al mismo tiempo suele generar sobrecarga mental y emocional. Sara Ayuso, nutricionista, señala que «intentar cambiar muchos hábitos al mismo tiempo supone una enorme cantidad de energía. Cada nuevo hábito implica atención, decisiones, adaptación y movimiento consciente«.

De hecho, un cambio drástico de nuestras rutinas hace que nuestro cerebro entre en una dinámica de sobrecarga, agotamiento y estrés constante, que puede «alterar nuestros automatismos y demanda más autocontrol, el cual no es infinito, se agota». De esta manera, nuestro cuerpo y mente entran en modo ‘supervivencia’ y, «en este estado es más difícil tomar decisiones conscientes: desde la planificación de comidas o mantener rutinas de descanso, todo supone más energía». Todo esto afecta directamente a la relación con la comida y hace más difícil mantener hábitos saludables.

3. Tu alimentación depende del cansancio y el estrés

Cuando el modo supervivencia está activado, nuestro cuerpo puede utilizar la comida como una forma de regulación emocional, puesto que «el cerebro busca soluciones rápidas que proporcionen alivio o recompensa inmediata, por eso lo más habitual es recurrir a alimentos dulces y ultraprocesados o comer de forma impulsiva».

4. Vives el bienestar desde el «todo o nada»

Uno de los errores más frecuentes es pensar que una rutina saludable solo funciona si se sigue al 100%. Sin embargo, las expertas recuerdan que los hábitos fáciles y sostenibles necesitan flexibilidad y adaptación. Sara explica que «el problema de muchas rutinas ‘perfectas’ es que requieren demasiada planificación, energía y control, algo difícil de mantener cuando hay estrés o cansancio acumulado. Al final, el éxito en cualquier cambio está en la flexibilidad».

Como consejo, la nutricionista nos da 4 pequeños consejos para lograr grandes cambios:

  • Normalizar la flexibilidad: no todas las comidas tienen que ser ideales.
  • Añadir en lugar de prohibir: incorpora más proteína, fibra, frutas, verduras o agua.
  • Escuchar las señales del cuerpo: dormir poco, vivir con estrés o llegar con hambre al final del día influye en como comemos.
  • Prioriza la regularidad antes que la perfección. al final «los cambios más sostenibles suelen ser los más simples y realistas», puntualiza.

En la misma línea, Pilar Conde señala que «no se trata de hacerlo perfecto, sino de volver a intentarlo sin culpa, reconociendo nuestros límites y acompañándonos con la misma comprensión que ofreceríamos a alguien que queremos».

5. Descansas menos precisamente cuando más intentas cuidarte

Muchas personas convierten el bienestar en una lista infinita de tareas y objetivos que terminan generando todavía más agotamiento. Pilar Conde recuerda que «la motivación sostenida en el tiempo requiere conciencia y conexión con los refuerzos internos, con nuestro para qué». Sara Ayuso, nutricionista de Clínicas Dorsia, indica que «lo que realmente transforma una rutina no suele ser un esfuerzo extremo durante dos semanas, sino hábitos suficientemente realistas como para mantenerse durante años».

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