Publicado: abril 2, 2025, 10:30 am
Se sabe que la obesidad se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama y de que el tumor haga metástasis y se disemine a otros órganos. Pero las causas de esta asociación todavía no se entienden bien. Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han descubierto ahora que una dieta rica en grasas activa mecanismos que facilitan la diseminación del cáncer. El estudio, que se publica este miércoles en ‘Nature Communications’, se ha realizado en modelos animales de cáncer de mama triple negativo que desarrollan metástasis en el pulmón. Para que el cáncer se disemine a otros órganos hace falta que muchas células tumorales salgan del tumor primario, viajen por el torrente sanguíneo, aniden y proliferen en otro órgano. A veces el tumor primario envía previamente moléculas que modifican el órgano de destino, y preparan el equivalente a un nido que acoge las células tumorales: el llamado ‘ nicho premetastásico ‘, en el que la célula tumoral podrá arraigar y desarrollar metástasis. El equipo del CNIO, dirigido por Héctor Peinado, jefe del Grupo de Microambiente y Metástasis, muestra en su nuevo trabajo que, en ratones obesos por comer muchas grasas, se producen cambios que facilitan la creación del nicho premetastásico , en este caso en los pulmones. En concreto, aumentan la activación plaquetaria y la capacidad de coagulación de la sangre. Además, se activa la fibronectina, la proteína que conecta las células del tejido pulmonar. Es una evidencia que la obesidad fomenta la coagulación sanguínea, un proceso que depende de las células de la sangre llamadas plaquetas. En los animales alimentados con muchas grasas las células que se desprenden del tumor primario están rodeadas, durante su viaje por la sangre, por más plaquetas que en los ratones con dieta normal, según observó la investigadora del CNIO y primera autora del trabajo Marta Hergueta. Una hipótesis es que l as plaquetas podrían estar dificultando a las defensas del organismo la detección de las células de cáncer. De este modo, las plaquetas formarían «una coraza alrededor de las células tumorales , evitando que el sistema inmunitario las reconozca y elimine«, explica Peinado. Además de influir en las plaquetas, los investigadores detectaron que la dieta alta en grasas aumenta la expresión de la proteína fibronectina en el tejido pulmonar donde metastatizan las células tumorales. La fibronectina construye el tejido que conecta las células de los pulmones, lo que facilita la creación del nicho premetastásico que acoge a la célula tumoral. También propicia que la célula tumoral interaccione más eficientemente con las plaquetas. «Hemos visto que la interacción de la célula tumoral tanto con el endotelio del pulmón como con la plaqueta está regulada por la fibronectina», dice Peinado. La conjunción de ambos factores por la dieta grasa –mayor activación de plaquetas y más expresión de fibronectina– eleva el número de posibles metástasis y facilita su progresión. Aunque el trabajo se ha centrado en el cáncer de mama triple negativo, Peinado considera que « este mecanismo podría ser extrapolado a otros tipos tumorales y otros órganos«. En el estudio también participó la Unidad de Investigación Clínica de Cáncer de Mama del CNIO, dirigida por Miguel Ángel Quintela, para conocer qué implicaciones tienen estos resultados en pacientes humanas. Tras analizar muestras de sangre de pacientes de cáncer de mama triple negativo, obtenidas antes de su operación y tras haber pasado por quimioterapia, no pudo verificarse que la obesidad supusiera un riesgo adicional para la generación de metástasis. Sin embargo, sí se comprobó que las pacientes que presentaban aumentada la coagulación de la sangre –con menor tiempo de protombina– tenían un mayor riesgo de recaída a cinco años . Estos hallazgos «podrían ayudar a identificar factores adicionales de riesgo en pacientes de cáncer de mama en tratamiento, contribuyendo a un mejor manejo clínico de la enfermedad», señala Peinado. El trabajo, realizado en colaboración con otras unidades del CNIO y con otros centros de España y Canadá, ha explorado vías iniciales de aplicación clínica de los resultados. Una de ellas fue modificar la dieta en los modelos animales. Cuando retiraron la alimentación alta en grasas y los ratones bajaron de peso, el comportamiento de las plaquetas y la coagulación volvieron a sus niveles normales . Como consecuencia, se redujeron las metástasis. «Creo que estos resultados, unidos a estudios clínicos de otros grupos, presentan un futuro en el que la intervención dietética o los cambios en la dieta, junto con el control de la actividad plaquetaria, pueden aumentar la eficiencia de ciertos tratamientos antitumorales», afirma Peinado. «No van a constituir un tratamiento en sí mismos, pero sí pueden complementarlos», añade.