Publicado: abril 28, 2026, 6:30 am
Que alguien haya desarrollado una aplicación (llamada FaceAge) que promete estimar la edad del usuario a partir de un ‘selfi’ puede parecer una mera curiosidad. Sin embargo, cuando algo así aparece en la sección de Salud de un periódico es porque hay algo más. En este caso, que sus desarrolladores son también investigadores del hospital Mass General Brigham, y que el propósito de la ‘app’ va mucho más allá de la vanidad. Los resultados de su último estudio, publicados en la revista ‘ Nature Communications ‘, revelan que el ritmo al que envejecen las facciones de un paciente con cáncer durante su tratamiento es un predictor fiable y no invasivo de sus probabilidades de supervivencia. La investigación se basa en el concepto de que nuestra edad cronológica —la que marca el DNI— no siempre coincide con la biológica. En el caso de los pacientes oncológicos, el desgaste del organismo frente a la enfermedad y la toxicidad de los tratamientos suelen acelerar este reloj interno . Al analizar más de 4.500 fotografías de 2.279 pacientes tomadas en diferentes etapas de su terapia radioterápica, los científicos descubrieron que aquellos cuyo rostro envejecía de forma más acelerada entre una sesión y otra presentaban un pronóstico significativamente peor. El estudio introduce una métrica novedosa: la Tasa de Envejecimiento Facial (‘Face Aging Rate’ o FAR, por sus siglas en inglés). Mientras que un análisis puntual puede decirnos si un paciente parece mayor de lo que es, la FAR mide la velocidad del cambio. Según los datos obtenidos, el envejecimiento facial de los pacientes analizados superaba en un 40% a su envejecimiento cronológico natural. Esta aceleración del «reloj facial» se correlacionó directamente con una menor probabilidad de supervivencia, especialmente cuando las fotos se comparaban en intervalos de dos años o más. El doctor Raymond Mak, oncólogo radioterápico en el Mass General Brigham Cancer Institute y autor principal del estudio, subraya el potencial clínico de esta tecnología. «Obtener una tasa de envejecimiento facial a partir de múltiples fotografías rutinarias permite un seguimiento de la salud del individuo casi en tiempo real », explica el investigador. Para Mak, esta herramienta podría «refinar la planificación personalizada del tratamiento, mejorar el asesoramiento al paciente y ayudar a guiar la frecuencia e intensidad del seguimiento en oncología». La eficacia de FaceAge radica en su capacidad para detectar matices que el ojo humano, acostumbrado a ver al paciente día a día, podría pasar por alto. No se trata solo de arrugas o flacidez, sino de patrones complejos que la inteligencia artificial identifica como indicadores de fragilidad biológica. El estudio sugiere que la combinación de la edad biológica inicial con la velocidad de envejecimiento ofrece una visión mucho más matizada de cómo está evolucionando la salud del paciente frente al tumor. El doctor Hugo Aerts, director del programa de Inteligencia Artificial en Medicina (AIM) del Mass General Brigham y coautor del trabajo, destaca la accesibilidad de este método frente a otros biomarcadores más costosos o invasivos. «Rastrear la edad facial a través de fotos simples ofrece un biomarcador no invasivo y rentable con potencial para informar a las personas sobre su estado de salud», señala Aerts. Además, el investigador se muestra optimista sobre el futuro de la herramienta: «Esperamos aprender cómo FaceAge puede proporcionar información pronóstica también en pacientes con otras enfermedades crónicas e incluso en personas sanas». Este avance no es un hecho aislado. En investigaciones previas, el equipo ya había demostrado que los pacientes de cáncer suelen parecer, de media, cinco años mayores de lo que son según el algoritmo. Aquellos que presentaban una desviación de diez años o más respecto a su edad real tenían resultados de supervivencia considerablemente peores . Ahora, con el análisis dinámico de la evolución facial, la precisión del sistema aumenta, permitiendo a los médicos anticiparse a posibles recaídas o complicaciones. A pesar de los prometedores resultados, los autores advierten que es necesario seguir validando la herramienta en poblaciones más diversas para asegurar que los algoritmos no presenten sesgos. Por ello, han lanzado un portal web público donde cualquier persona puede subir sus fotografías para recibir una evaluación de su edad facial y contribuir así a perfeccionar la tecnología. El objetivo final es que una simple cámara pueda convertirse en una herramienta diagnóstica más en la consulta del oncólogo, permitiendo que el rostro del paciente hable por su salud general.
