Publicado: septiembre 12, 2026, 4:30 pm
«¡Hazlo! Como si ya no te jugaras nada. Como si fueras a morir mañana. Aunque lo veas demasiado lejos». La voz de Leiva se apagó, las luces del vestuario del pabellón de Berlín también y las jugadoras españolas enfilaron el túnel para saltar a la cancha con la firme intención de honrar la letra de la canción talismán que suena y corean con ímpetu y alegría antes de cada partido. Vaya si la honraron. Perdieron ante Estados Unidos (66-76), pero llevaron al límite a las poderosas americanas, y este domingo se jugarán el bronce mundial ante Alemania (16:30h) en el partido por el tercer y cuarto puesto. «El juego acaba de arrancar». Tras el salto inicial, Iyana, una de las grandes sensaciones del Mundial, tomó la batuta y dirigió a las chicas de blanco hacia la gloria. Porque la gloria, como las canciones, se escribe con el alma, no con el resultado. Unas veces suenan maravillosamente y otras desafinadas. En el deporte, se gana o se pierde, pero lo que cuenta es el camino hacia la composición final. «Hueles el impacto». Y las norteamericanas olieron, cosa excepcional, el miedo. Las integrantes de Estados Unidos, una selección que nunca pierde —el balance histórico de sus enfrentamientos con España era de 70-0 antes del partido—, se vieron desbordadas por tierra, mar y aire. El marcador señalaba un 9-1; y después, 11-6; y un poco más tarde, 16-9. «Ya lo saben, los de siempre. Algo huele a rancio». Y entonces aparecieron los árbitros, con mención especial al panameño Julio Anaya. Sibilinamente fueron cayendo faltas rigurosas, llegaron los tiros libres regalados y hubo un momento que el desequilibrio entre las infracciones de uno y otros equipo alcanzaron una escandalosa proporción a favor de las americanas. «¡Hazlo!» Estados Unidos logró al fin, a dos minutos de la conclusión del primer cuarto, adelantarse por vez primera en el marcador. Por un momento amenazó con coger velocidad de crucero, de transatlántico, y alejarse definitivamente. Error. Las españolas apretaron los dientes y el primer cuarto finalizó con un apretado 18-21 en contra. «Sólo un sobresalto». No pasa nada. A seguir cantando, bailando y remando. Iyana siguió dirigiendo sobre la cancha y mandando balones a la red. Maite Cazorla sacó su manual de resistencia y liderazgo y, escoltada por sus compañeras, el segundo cuarto acabó en empate: 18-18. Lo nunca visto. «Te aseguro que nos va a explotar». Tras el descanso, más madera. María Conde, Ava Fam y Raquel Carrera se sumaron al festival anotador y abrumaron a Estados Unidos como pocos equipos, por no decir ninguno, lo ha hecho jamás. Tanto, que las españolas podrán decir con orgullo que le ganaron, con tanto mérito como justicia, el tercer cuarto: 22-19. «Me salgo de mi propio cuerpo». Y con un increíble empate en el marcador, 58-58, llegó la última y definitiva estrofa de la canción. España quiso interpretarla con idéntico acierto que hasta entonces, pero la superioridad física de las americanas sonó con fuerza atronadora. Ese poderío, unido a la acumulación de faltas personales por parte de las jugadoras claves españolas, certificaron el final del sueño en un goteo anotador constante, canasta a canasta, de Estados Unidos. En la gran final del campeonato que organiza Alemania espera Francia, que venció con claridad a las anfitrionas en la otra semifinal (86-64).
