Publicado: agosto 5, 2026, 10:00 am

Aplastada bajo los escombros, con el rostro lleno de tierra, Cristina Margarita Ramos dejó testimonio del buen humor con el que enfrentaba la vida. “Qué pena con usted que ando con este patuque en la cara”, le decía a uno de los bomberos que intentaba sacarla de entre las paredes de su casa, tras los terremotos del 24 de junio. “Usted lo que está es bonita, y esas uñas me encantan”, le respondió el rescatista. Las bromas por el piropo, en circunstancias tan inusuales, se propagaron en pleno rescate.
Por El País
“Ya la vamos a sacar, mi seño. Confíe en nosotros”, agregaba el bombero. Lo primero que Cristina, de 71 años, logró sacar fue una mano de uñas largas y perfectamente arregladas. Pensionada, apasionada al karaoke, costurera y madre de dos hijos migrantes en Estados Unidos, que siguieron su rescate desde la distancia con desesperación, y ahora buscan su cuerpo: confirmaron que murió luego de ser llevada a un hospital.

Se necesitaron 20 horas para sacarla de los escombros de su casa en Playa Grande, tiempo en el que Cristina se convirtió en “la señora de las uñas bonitas”. La conversación con su rescatista se hizo viral en las primeras horas del desastre, entre cientos de videos de devastación. Ese día sacaron primero a su esposo, Jesús Enrique Magallanes, con ayuda de Cristina. Ella estaba lúcida, hablaba con claridad y repetía que era fuerte, pese a su edad, su enfermedad renal y el carcinoma en la cara que le habían diagnosticado poco antes. La familia tiene grabaciones de Cristina saliendo en camilla de la casa en ruinas, entrando a la ambulancia y llegando al Hospital Naval de La Guaira —a donde también habían llevado a su esposo—, donde ya no supieron más de ella.
Después de 37 días de incertidumbre, un amargo hallazgo redireccionó la búsqueda que por semanas hicieron en hospitales, refugios y morgues. Los hermanos de Cristina lograron identificarla en los álbumes de cuerpos que centenares de familias revisan a diario en tablets, en Los Silos de La Guaira —los depósitos del segundo puerto comercial de Venezuela, convertidos en galpón forense por la emergencia—. En las visitas previas no había aparecido ningún rostro familiar. Hace unos días la reconocieron por las verrugas de la cara, las uñas bonitas y la ropa que llevaba puesta: mono, camiseta y medias. Volvieron sobre las imágenes para confirmarlo. Aunque hay un registro fotográfico forense, el cuerpo de Cristina no aparece.
El caso de Cristina no es el único que evidencia la descoordinación de las primeras horas del desastre y el manejo deficiente de los cuerpos, algo que ha prolongado el sufrimiento de muchas familias y viola los estándares de derechos humanos. “Mi mamá y yo chateábamos varias veces al día. Sé todos los detalles de su vida: cómo estaba vestida, qué había comido, cómo se sentía. El primer mensaje que enviaba cada día era para ella”, cuenta por teléfono su hija Crisnel Mata, de 52 años, que no para de republicar recuerdos cotidianos con su madre. En sus últimos videos ha emplazado al fiscal general Larry Devoe y al director de la policía científica, Douglas Rico, a responder por la desaparición del cuerpo de Cristina. “Tenemos derecho a dignificar la memoria de nuestros familiares. Esto ya no es solo negligencia, es falta de profesionalismo y de empatía. Es muy duro no saber qué pasó, cómo murió”, reclama la mujer, que tiene la vida paralizada hace más de un mes. “Estos días han sido como estar en una montaña rusa de la que no sé cómo bajarme”.
La ONG Comité de Familiares de Víctimas del Caracazo (Cofavic) ha advertido sobre el manejo de las muertes masivas en el desastre. Con experiencia en episodios como el estallido social del Caracazo y el deslave de La Guaira, ambos de 1999, la organización señala la falta de transparencia en el proceso actual. El Gobierno no ha reportado cifras de desaparecidos ni ha informado sobre el procedimiento a seguir en estos casos, en los que los cuerpos se han extraviado. Al cumplirse un mes del terremoto, dejaron de publicar la cifra de muertes; este lunes la actualizaron a 6.125, más de 500 fallecidos más desde el último balance del 24 de julio. El reporte, que ahora será semanal, sigue sin desglosar las víctimas por sexo o edad, ha suprimido el número de personas en refugios y ha incorporado el de toneladas de escombros recogidas.
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