Publicado: julio 16, 2026, 12:00 am
La camioneta Tacoma nació en México bajo el idioma de la integración norteamericana: acero regional, autopartes cruzando la frontera varias veces y trabajadores de Tijuana ensamblando el vehÃculo más vendido en su segmento en Estados Unidos. El 7 de julio, Toyota anunció que esa historia empieza a contarse al revés. La producción de la Tacoma se irá gradualmente de Baja California a San Antonio, Texas, con una inversión de 3,600 millones de dólares, una segunda lÃnea de ensamblaje, una nueva planta de ejes traseros y unos 2,000 empleos que pudieron ser mexicanos. El traslado concluirá hacia 2030.Â
El anuncio no llegó en el vacÃo. Una semana antes, el gobierno de Trump comunicó que no renovarÃa el T-MEC por 16 años más en sus condiciones actuales. El tratado sigue técnicamente vigente mientras continúan las conversaciones, pero el mensaje a las salas de consejo fue inequÃvoco: la certidumbre jurÃdica que sostuvo tres décadas de integración productiva ya no está garantizada. Y el capital, que no lee comunicados oficiales sino incentivos, respondió en dÃas. Toyota fue diplomática, reiteró su «compromiso» con la región y pidió una «rápida resolución» del tratado, pero votó con los pies. Trump, por su parte, celebró la mudanza como trofeo de su polÃtica arancelaria.
La SecretarÃa de EconomÃa respondió con el manual de siempre: el traspaso será «gradual», Toyota mantendrá su planta de Guanajuato con 2,800 empleos directos, no hay motivo de alarma. Es la misma gradualidad con la que se erosionan las ventajas competitivas: nadie pierde todo en un dÃa, se pierde un modelo por año, una lÃnea por trienio, una decisión de inversión a la vez. Los especialistas coinciden en que la industria automotriz, la joya exportadora del paÃs, es el sector más expuesto a un cambio en las reglas comerciales de América del Norte. Mientras tanto, la relocalización de cadenas de suministro que se nos prometió como destino manifiesto no se ha concretado, y es Estados Unidos quien está captando las inversiones que México daba por suyas.
Los números internos tampoco ayudan a la narrativa oficial. El IMSS reporta menos patrones registrados y una desaceleración del salario real en 2026. El peso resiente las tensiones en Medio Oriente. Y el gobierno sigue apostando a que la geografÃa es polÃtica industrial suficiente: estar junto al mercado más grande del mundo como única estrategia. Pero la geografÃa no firma tratados, no capacita ingenieros, no construye infraestructura eléctrica ni garantiza estado de derecho. La Tacoma se fabricaba a 30 kilómetros de la frontera y aun asà se fue. Si la cercanÃa fuera destino, San Antonio no existirÃa como amenaza.
Lo que está en juego no es una camioneta. Es la premisa completa del modelo económico mexicano: que la integración con Estados Unidos era irreversible porque convenÃa a ambos. ConvenÃa, en efecto, mientras las reglas eran estables. Cuando la polÃtica comercial se vuelve discrecional, la ventaja mexicana, producir a costos más bajos dentro de un marco jurÃdico común, se convierte en vulnerabilidad: somos el eslabón que se puede cortar para llevarse la fábrica a casa.
México llega a esta renegociación sin margen fiscal, sin plan energético creÃble y con un discurso de soberanÃa que confunde dignidad con parálisis. La respuesta a Toyota no puede ser un comunicado tranquilizador; tiene que ser una agenda: certidumbre regulatoria, energÃa limpia y suficiente, aduanas modernas, seguridad en las carreteras. Porque la Tacoma ya se va. La pregunta relevante es cuántas decisiones como esa se están tomando, en silencio, en salas de consejo que no emiten comunicados.

