Publicado: abril 24, 2026, 10:30 pm
El corazón es, probablemente, el órgano más resistente de nuestra anatomía, y no solo por su incansable capacidad de bombeo. Mientras que el cáncer de otros órganos son trágicamente comunes, el cáncer de corazón es una rareza médica casi absoluta en mamíferos. Durante décadas, la ciencia ha intentado explicar este blindaje natural apelando a la escasa renovación de sus células o a su ubicación protegida en el tórax. Sin embargo, una investigación publicada hoy en la revista ‘ Science ‘ apunta a un factor mucho más dinámico: el propio movimiento. El latido, esa fuerza mecánica constante, parece actuar como un supresor activo que impide que los tumores prosperen. Un equipo de investigadores, liderado por Giulio Ciucci, del Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología de Italia, ha descubierto que las presiones físicas a las que están sometidos los tejidos cardíacos no solo sirven para mover la sangre, sino que reconfiguran el «manual de instrucciones» de cualquier célula cancerosa que intente asentarse allí. Al verse sometidas a la tensión del latido, las células tumorales sufren cambios en la regulación de sus genes que las dejan bloqueadas, incapaces de proliferar. Crean un entorno demasiado hostil para su crecimiento descontrolado. Para demostrar esta hipótesis, los científicos diseñaron un modelo experimental. Introdujeron mutaciones cancerígenas potentes en el tejido cardíaco y observaron que, en condiciones normales, el corazón resistía el envite. Sin embargo, el verdadero hallazgo llegó al crear lo que denominaron un corazón «mecánicamente descargado» . Los investigadores injertaron un segundo corazón que recibía riego sanguíneo, pero que no tenía que realizar el esfuerzo fisiológico de bombear contra la resistencia del sistema circulatorio. Al inyectar células cancerosas humanas directamente en ese músculo cardíaco que no trabajaba, el resultado fue radicalmente distinto: el tumor comenzó a crecer con rapidez . Mientras el corazón nativo, que seguía latiendo con fuerza, se mantenía libre de enfermedad, el corazón relajado permitía la proliferación celular. Esta comparación permitió al equipo de Ciucci confirmar que es la carga mecánica, y no una propiedad intrínseca del tejido, lo que mantiene a raya al cáncer. La clave de este escudo biológico reside en una proteína llamada Nesprina-2. Esta molécula actúa como un mensajero que conecta la superficie de la célula con su núcleo. La Nesprina-2 detecta el entorno de alta presión del corazón y envía una señal que altera la estructura de la cromatina, silenciando los genes vinculados a la multiplicación tumoral . Cuando los investigadores desactivaron esta proteína, las células cancerosas recuperaron su capacidad de crecer incluso en un entorno con movimiento. Este descubrimiento complementa lo que la biología ya sospechaba. «El corazón es el primer órgano en formarse, pero sus células dejan de dividirse casi por completo después del nacimiento», explica Julie Phillippi, profesora de Cirugía Cardiotorácica en la Universidad de Pittsburgh. Esta baja tasa de división celular, que apenas alcanza el 1% anual, ya se consideraba una barrera defensiva: si las células no se «fotocopian», hay menos riesgo de errores genéticos. Sin embargo, el estudio de Science añade ahora una capa de protección activa y física que explica por qué, incluso ante mutaciones externas, el corazón no se rinde. La doctora Serena Zacchigna, coautora del estudio y profesora en la Universidad de Trieste, se muestra cauta pero optimista ante las implicaciones clínicas. «Estamos trabajando para garantizar la reproducibilidad de estos complejos experimentos de mecanobiología, estandarizando los protocolos de estimulación mecánica y validando los resultados en diferentes modelos y laboratorios», explica la investigadora. Para Zacchigna, el futuro pasa por entender cómo estas fuerzas físicas pueden ser replicadas mediante tecnologías externas o dispositivos médicos. Como médico, la investigadora subraya la importancia de la prudencia en el desarrollo de estas nuevas vías. «Creo que el reporte de datos es esencial, al igual que la evaluación rigurosa de la seguridad y la eficacia», dice Zacchigna. «Éticamente, considero que la participación temprana de pacientes en el diseño de tecnologías llevables —’wearables’— es una prioridad», añade. El reto ahora es descifrar si podemos «engañar» a las células tumorales en otras partes del cuerpo para que crean que están en un corazón que nunca deja de latir.
