Publicado: abril 26, 2026, 6:30 am
Hace no tanto, la gran polémica que había dentro del cine español era la presencia de influencers y creadores de contenido en lugar de actores, actrices, guionistas o cineastas en los premios Goya o en las alfombras rojas de eventos como el Festival de Málaga. Y, en mitad de todo aquello, hubo un movimiento que quizá pasó más desapercibido pero que, a la postre, se ha demostrado quizá como un nexo entre ambos mundos: el fichaje de Candela Peña como nueva integrante de la agencia Vertical, la compañía de representación impulsada por María Pombo y Marc Márquez.
«Esta estrella se une a la galaxia Vertical», decían desde la agencia, que puntualizaba que «la colaboración se centrará en la gestión integral de las oportunidades comerciales y de marca de la actriz, desde campañas publicitarias hasta colaboraciones estratégicas», dejando entrever que quizá no intervenga tanto en las oportunidades laborales de interpretación de la «nominada ocho veces a los Premios Goya», el cual ha obtenido en tres ocasiones: Te doy mis ojos, Princesas y Una pistola en cada mano.
Se trata de un refuerzo tanto para la compañía como para Peña, que ha estado representada algo más de dos décadas por Kuranda, una de las agencias artísticas más reconocidas de todo el sector español, así como posteriormente por Pedro Garay, con quien en teoría continúa —dado que es el responsable de su segunda gran etapa a nivel crítico y comercial con títulos como las series El caso Asunta, Hierro y Furia y la película La boda de Rosa—, aunque solo en el ámbito estrictamente interpretativo.
Y es que este cambio, que parece más una decisión crematística y de diversificación y renovación profesional, entronca con ese discurso, medio en broma medio en serio, que ella siempre ha mantenido sobre las dificultades económicas que padecen multitud de actores en nuestro país y que le han llevado, entre otras cosas, a ser ahora una de las colaboradoras más apreciadas por el público de La Revuelta, donde trata temas (a base de «tomatones», como ella los llama) como el edadismo, la naturalidad en las relaciones o la presión estética para mujeres, como ella, que superan los 50 años.
Porque Candela Peña, cuyo nombre de pila es María del Pilar Peña Sánchez, nació en Gavá el 14 de julio de 1973, criándose, dentro del municipio barcelonés, en un barrio en el que las conversaciones a pie de calle tenían acentos mezclados, lo que le ha otorgado esa espontaneidad en su día a día y en su trabajo. Solo hay que atender a los orígenes de sus padres: Antonio, sevillano, y Pepa, de Caravaca de la Cruz, en Murcia. Y ambos, además, siendo quienes regentaban el Bar Frankfurt, situado dentro del cine de la localidad. Sería en ese cine, dado que no tenían televisión en casa, donde la joven Candela pasaría sus horas y le entraría el gusanillo de ser actriz.
Porque, como reconoció a El País en 2024, la suya no fue una infancia idílica. «Vengo de un hogar donde no ha habido mucho apego», afirmó, así como que «a los tres meses de nacer» sus padres ya la «dejaban» en casa de su abuela debido al negocio que les quitaba tantas horas. «Eso también ha hecho que yo sea quien soy», dijo Peña, que les exculpa porque, sencillmente, eran otros tiempos. Para ella, su madre, siempre fue «una hija de 14 hermanos cocineros entre los que tampoco fue muy vista, con una madre machista que la obligaba a lavarles ropa». «A mi madre la han enseñado a amar de una manera peculiar, ella me lo ha trasladado a mí y yo tampoco soy la perfecta amadora», reconocía sobre su educación sentimental.
Aunque también ha explicado que sus padres siempre la apoyaron en sus sueños, tanto en los comienzos, como bailarina, como cuando se decantó por las tablas. «Yo te veo arte puro, pero hay que tener cojones para defenderlo afuera, ¿sabes? Yo aquí te aplaudo, pero en la calle no te van a faltar críticas», recuerda que le dijo su padre. Tomó clases cuando todavía cursaba COU y, tras probar suerte para entrar en el Centro Andaluz de Teatro, regresó a Barcelona, donde continuó formándose en la escuela de Nancy Tuñón. Con la mayoría de edad se mudó a Madrid, donde estudió con Juan Carlos Corazza.
Ya para entonces había conseguido su nombre artístico, durante su etapa en la ciudad condal. «En mi pueblo se cachondeaban de que estudiara teatro y decían que Pilar Peña no funcionaba nada. Un día estábamos leyendo La casa de Bernarda Alba y surgió la frase: «Encendieron la candela». Y pensé: «¡Anda, pues Candela Peña sí suena bien!». Y empezaron a llamarme Candela», rememoró en el programa de David Broncano. Ha sido precisamente a raíz de su nueva etapa televisiva cuando ha dado a conocer otros aspectos de su vida.
Por ejemplo, su gusto por la moda, sabiéndose todas las colecciones de Chanel, o, como explicó en La Vanguardia, afirmando ser «la Lady Gaga particular» de su amigo Jorge, de Redondo Brand. Añadió en dicha entrevista que no le gusta ir de diva en los rodajes —»No quiero que un chico que ha estudiado Cine me traiga el café»— y que pensó en colgar los guantes cuando no sonaba el teléfono, pero que también ahora puede disfrutar de ir a museos, de pasear, de disfrutar de la buena cocina —ella misma se jacta de saber cocinar guisos caseros y de sus croquetas y su tortilla de patatas— con buenos amigos o, sobre todo, de su hijo.
Candela Peña es madre soltera de Román, un adolescente ya nacido hace 15 años. «Desde que me quedé embarazada tuve muy claro que quería estar pegada a mi hijo. Pero no me pongo ninguna medalla. Todas las madres podemos ser unas manipuladoras de mierda», ha confesado, así como que fue a terapia para poder «criar a una persona libre, sana y respetuosa» y no «manipularle, ni joderle la vida» a su hijo. «Yo soy artista y ser madre a veces es un coñazo. Cada una hace lo que puede», reconoció con ese desparpajo que tan aplaudido es.
