Publicado: octubre 24, 2026, 6:30 am
El pasado 15 de octubre se vivió en Oregón, EEUU, un nuevo caso de tiroteo escolar, en el que un joven de 16 años acabó con la vida de tres niños de 5, 8 y 11 años y la de una maestra de 54. El agresor, Griffin J. John II, murió abatido por un padre de la escuela, Kaylub Giamanco.
Este jueves, Giamanco ha ofrecido una entrevista con la cadena OPB (Oregon Public Broadcasting), en la que ha pedido perdón a las familias de las víctimas por no haberlas podido salvar a tiempo.
Esa mañana, Giamanco había dejado a sus hijas en el colegio antes de ir a trabajar como de costumbre. Horas más tarde, este carpintero de 36 años pasaba por delante la escuela cuando se dirigía a casa para almorzar cuando vio a alguien vestido de negro y que portaba un arma larga.
Giamanco explica: «El pánico se apoderó de mí». Cogió su pistola calibre 40 de la consola central de su camioneta y fue tras el agresor mientras llamaba a la policía para pedir ayuda. «Le dije (a la operadora): ‘Lo siento, tengo que entrar. Va a morir gente», explica.
Al acercarse al colegio, Giamanco se tiró al suelo y avanzó apoyándose en los codos. «Fue entonces cuando empecé a oír a niños suplicando por sus vidas», explica. «Y luego empecé a oír disparos y comencé a arrastrarme como un soldado cada vez más rápido. Y me dije a mí mismo: ‘Probablemente esto sea lo último que haga en mi vida», prosigue.
Giamanco entró a la escuela por una ventana que había sido destrozada a tiros. Al asomarse a un aula cercana, vio a una profesora forcejeando con el atacante. Explica que los encaró a ambos de perfil, lo que le dio una oportunidad clara para disparar.
«Sentía que yo era la última línea de defensa entre él y el resto de los niños», añade. Abrió la puerta de golpe, entró en el aula y disparó. La policía afirma que otra maestra le lanzó su teléfono al atacante y forcejeó con él antes de que Giamanco le disparara y lo matara.
La profesora salió corriendo de la habitación mientras el atacante buscaba su escopeta. «Estaba buscando a tientas su arma», dice Giamanco. «Lo miré y le disparé dos veces más para asegurarme de que no pudiera moverse, porque tenía miedo de que disparara a alguien más».
La policía ha declarado que Giamanco portaba su arma legalmente en su camioneta y le ha atribuido, junto con el profesor desarmado que se enfrentó al pistolero, el mérito de haber salvado varias vidas. De hecho, un día después del tiroteo, el presidente Donald Trump aclamó a Giamanco como un «gran héroe» que «cumplió con su deber».
«No puedo describir lo que se siente al quitar una vida… pero sí puedo decirles que siento sinceramente que debía estar allí«, dijo Giamanco. «Si no hubiera estado allí, simplemente no sé qué habría pasado», concluye.
