Publicado: octubre 9, 2026, 6:00 am
En 2022, Monterrey vivió la mayor crisis de agua en una generación. Una severa sequía, la sobreexplotación de los mantos acuíferos y la falta de planificación en la infraestructura se combinaron para producir una situación dramática. Las imágenes de televisión y redes sociales nos mostraban pleitos y desesperación por conseguir agua. Filas de personas con cubetas, garrafones o cualquier tipo de recipiente. Autoridades rebasadas.
En 2026 tocó el turno a Guadalajara. La crisis no se produjo por una sequía: el agua estaba ahí, pero apestaba. Los reportes sobre agua sucia, turbia y con mal olor llevaban más de seis meses. Decenas de miles de personas resultaban afectadas en casi 200 colonias. El Agua Puerca era trending topic en las redes sociales y motivo de indignación cotidiana. Finalmente, el gobernador Pablo Lemus intervino: tomó la decisión de suspender el suministro proveniente de Chapala y de la presa de Las Pintas.
La solución implica la ampliación de una planta de tratamiento y la realización de obras que debieron emprenderse desde hace tres décadas, mínimo. La población de Guadalajara deberá adaptarse a vivir con 30% menos agua de la que tenía, por un tiempo. El sistema dejará de recibir 2.5 metros cúbicos. Habrá rotación de servicio o tandeos, mientras la situación se resuelve.
Monterrey, Guadalajara… ¿cuál será la próxima? Hace tres años, San Luis Potosí vivió una crisis que afectó severamente a 70% de su población y muy pocos se enteraron, fuera de esa entidad.
El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) identificó a las principales zonas metropolitanas que enfrentan condiciones críticas: Guadalajara, Tijuana, Mexicali, Saltillo, Querétaro, León, San Luis Potosí, Chihuahua, la zona Puebla-Tlaxcala y la Zona Metropolitana del Valle de México.
Cada una de estas zonas metropolitanas tiene grandes planes de crecimiento y todas necesitan agua para hacerlos realidad. Es calidad de vida y competitividad. Atracción de inversiones; desarrollo de vivienda; dotación de servicios y zonas verdes para el esparcimiento. El que haya agua disponible depende de las condiciones atmosféricas, pero también de la situación de la infraestructura hídrica, que deja mucho que desear. Se pierde 40% del agua en las ciudades por «culpa» de tuberías deterioradas. Se deja ir lo que cae del cielo porque no hay capacidad de almacenaje. Se desperdicia el agua que ya utilizamos porque no hay tratamiento de aguas residuales.
Hay un cambio cultural que no termina de cuajar: no se valora el agua y no se cuida. Tampoco se reutiliza. Tres de cada diez litros de agua residual recolectados en México no pasan por un proceso de tratamiento: de los 211.2 metros cúbicos por segundo que ingresan a los sistemas de alcantarillado del país, 143.8 reciben tratamiento. En teoría, hay 2,899 plantas de tratamiento en operación. El número real es menor, pero difícil de precisar.
Necesitamos invertir en tecnologías para usar mejor el agua, en el campo y en las ciudades. En otros países, hablan de ciudades esponja que aprovechan el agua de las lluvias. Para detectar las fugas de agua en tiempo real, hay sistemas digitales que podrían ser parte de una solución más amplia. El sistema nacional de presas es uno de los grandes legados de infraestructura que dejó el siglo XX. Requieren mantenimiento, reparación y, en algunos casos, reconstrucción. Todo lo anterior cuesta mucho dinero. El presupuesto anual de Conagua es equivalente a lo que Pemex gasta en una semana. Es una cuarta parte de lo que era en 2017.
¿Cómo será la próxima crisis hídrica? El superniño traerá inundaciones y sequías. Habrá ciudades que padecerán por falta de agua, como sucedió en Monterrey en 2022. Otras zonas urbanas vivirán algo parecido a lo que está pasando en Guadalajara en 2026: una crisis por la calidad del agua que está disponible. No hay remedios mágicos ni soluciones baratas. Necesitamos presupuesto público; la formación de especialistas; un cambio cultural; la incorporación de las mejores tecnologías disponibles y funcionarios públicos con sensibilidad. ¿O prefieren esperar a que el destino nos alcance?
