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El desgarrador testimonio de Nayarit Colmenares, amputada tras los terremotos en La Guaira

Publicado: agosto 20, 2026, 9:01 am

Nayarit Colmenares vivía en el piso 4 de un edificio que se desplomó en La Guaira.

 

 

 

Nayarit Colmenares estuvo sepultada dos días. Cegada por la oscuridad, olía cemento, pintura y gas. Al escuchar el agua que corría por los escombros, pensaba que se ahogaría. Y cuando tanteaba su entorno, se cortaba con puntas afiladas que no podía ver.

Por BBC

Un calor interno abrasaba el lado derecho de su cuerpo, que había quedado aprisionado. Aunque empujaba con todas sus fuerzas para liberar la mano y la pierna derecha, el peso que la aplastaba no se movía.

A las 7:00 de la noche del miércoles 24 de junio, sonó la alarma que había programado en su celular para hacer un curso de inteligencia artificial con su esposo Henry.

Gracias a esa alarma descubrió que había pasado cerca de una hora desde que el apartamento se les había venido encima.

Nayarit y Henry vivían en el piso 4 del edificio Palmar Este 1, ubicado en Caraballeda, una de las zonas de La Guaira más devastadas por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que habían sacudido el norte de Venezuela a las 6:05 de la tarde

El edificio Palmar Este 1, donde vivían Nayarit y Henry, antes y después de los terremotos en La Guaira.

 

“El dolor era tan fuerte que pensé que me había fracturado el brazo”, recuerda la arquitecta, ilustradora y diseñadora venezolana sobre su mano dominante, con la que dibujaba y pintaba, tejía a crochet, preparaba bombones y hacía manualidades.

“Traté de imaginarme la luz y el cielo, como buscando irme…Irme sin dolor, tratando de decirle a Dios que ya no quería sentir más dolor”.

Cada vez que se orinaba encima, Nayarit se preguntaba cómo evitar la pérdida de líquido vital. “Tres minutos sin aire, tres días sin agua, tres semanas sin comer”, se repetía para calcular cuánto le faltaba para morir.

“Simplemente, me quedaba quieta porque me cansaba de tanto moverme. No podía dormir ni descansar. Mi cuerpo estaba en alerta extrema”, cuenta con una voz suave, como si la calma fuera la única forma posible de contar su experiencia.

Cuando su teléfono y el de su esposo repicaron, le sorprendió descubrir que tenía señal aunque no distinguía los aparatos envuelta en la oscuridad. Una vez que el silencio volvió a imponerse, Nayarit comenzó a gritar el nombre de Henry.

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